“Lo de anoche fue increíble. El marco que generaron los locales, la gente que nos vino a ver y la forma en la que se dio lo hizo inolvidable. Terminamos de comer a la 1 de la mañana y hasta casi las 3:30 no podíamos pegar un ojo reviviendo sensaciones”, expresa Simon Argain en la mañana de este domingo, pocas horas antes del partido final del Sudamericano de Futsal que se juega en Uruguay. Contra el pronóstico de la cátedra, Estudiantil Porteño se instaló en el encuentro decisivo que entregará al campeón 2017.

“El lugar en el que logramos estar con un 60% de chicos que juegan desde al menos los 9 años. Llevando al club a cruzar las fronteras, compitiendo de igual a igual con un plantel de 23/24 años promedio, ganándole a todos equipos que tienen jugadores profesionales con una edad promedio de 30 años. Hoy nos toca jugar la final de Sudamérica contra los campeones del mundo, algo impensado 9 años atrás”, comenta al responder sobre las sensaciones recorridas en la madrugada mientras se trataba de conciliar el sueño. “El esfuerzo y la dedicación de la gente que trabaja detrás de esta realidad emociona”, agrega.

Simón tiene 24 años, es soltero, padre de Benjamín, de un año y medio. Como varios del plantel, trabaja en el Banco Santander, mientras estudia administración de empresas. En el equipo juega de poste, como se le conoce a quien se desempeña en la última posición.

“Hicimos un partido largo. La idea era no desesperar, teníamos mucha confianza y convicción, donde el resultado iba a ser favorable. Buscamos presionarlos para sacarles la pelota y buscar generar con movilidad. A mi forma de verlo controlamos el partido en todo momento, manejamos los tiempos incluso con el 0-1. El gol del empate nos dio tranquilidad y el 2-1 a 2 minutos del final desato la locura, en el final solo nos defendimos e hicimos pasar el reloj”, narra detallando instancias del cotejo contra los anfitriones, ganado en tiempo suplementario.

Llegó a Porteño a los seis años, gracias a su amigo Agustín Battioni, quien vivía en el mismo edificio donde Simón estaba junto a sus padres Silvio, Diana, y su hermano Tobías, quien también juega al fútbol en el club, y en este cas no pudo estar  presente en Uruguay por estar afectado con la selección metropolitana en el argentino juvenil de Comodoro Rivadavia. Al momento de mencionar factores que posee este plantel para estar jugando una final internacional, menciona:

“En un principio crer que contamos con el mejor cuerpo técnico del torneo, el mejor preparador físico; el director de la orquesta nos da todas las herramientas emocionales y tácticas necesarias y tanto el delegado como el ayudante están en cualquier tipo de detalle para no dejar nada librado al azar. En cuanto al plantel, Porteño a diferencia de los otros equipos con estrellas es un hormiguero, donde los jugadores son hormigas trabajadoras, donde cada cual cumple su función por y para el equipo, generando una fuerza mucho mas grande. Somos un verdadero equipo, asi lo sentimos, vivimos y plasmamos. Tenemos sentido de pertenencia, identidad y jugamos por amor al arte. Eso nos diferencia de la mayoría de los equipos que vienen, juegan cobran y no se ven mas”, asegura.

Y acá están, buscando desde las 20.30 horas el paso más grande de sus cortas vidas, en la búsqueda de consagrarse campeones internacionales. Y escribir una página más en el libro que los tiene como protagonistas principales.

“Todavia no caemos de la trascendencia e importancia que tiene el lugar en el que estamos. Por el momento solo intentamos disfrutar el día a día de esta semana y concentrarnos en el próximo juego. El partido de hoy, igual que lo fue el de ayer, es lo mas lindo que nos tocó vivir deportivamente hablando. Alcanzamos cosas inimaginables, vamos por el sueño de un grupo, de familias, de un club que nos apoya y hace esfuerzos enormes para que todo sea posible. Para vencer hoy al campeón del mundo disponemos de concentración, convicción y confianza. Si el hormiguero esta fuerte… vamos a ver quien es mas bravo”, afirma con plena seguridad.

Define a sus compañeros de equipo.

“Es difícil encontrar palabras para describir lo que genera. Te puedo decir si los valores que se manejan en el grupo para quienes lean entiendan lo que se vive aqui dentro. Solidaridad, perseverancia, respeto, compromiso, convicción, grandeza, humildad, ellos son los componentes del éxito que hoy nos permite estar donde estamos y vivir este sueño y esta locura llamada Estudiantil Porteño, del barrio a Sudamérica!!”, dice emocionado.

Este equipo es la punta de un iceberg, cuya base tiene hoy varias tiras, un pleno y constante crecimiento no solo en cantidad sin calidad.

“Orgullo. Creo que es la palabra. El club, la segunda casa compitiendo en otro país, jugando contra el campeón del mundo pudiendo coronarse como el mejor de sudamérica. Todo nació hace 10 años con unos locos y un sueño. Hoy nos toca disfrutar y vivir, pero como digo siempre… el secreto está en la cantidad de gente que trabaja en la actividad, sin ellos esto es imposible”, expresa acerca de pertenecer a este proceso de expansión.

Simón Argain, el otro de los capitanes de un equipo ya, definitivamente, inscripto en la historia grande de nuestra institución.