Continuamos con la segunda parte de la nota realizada a Diego Bonini, integrante del equipo superior de voley que compite en la División de Honor de la Federación Metropolitana.

En la parte final del artículo previo, mencionaba lo que significó jugar en Chipre, a la cual lo definió como «una fiesta», integrando un equipo llamado Dionisos, que en la mitología griega era el dios del vino y la fiesta. Dos años espectaculares, para su aventura europea, que incluyó Rumania, España, y Finlandia. Justamente, sobre todo lo que aprendió en el país escandinavo, comienza la segunda parte de esta rica nota.

«Finlandia te podría decir que es la antítesis real de Argentina; es tan perfecto, como un video juego, y hasta te diría que resulta un poco aburrido. Te doy un ejemplo; vas maneando por la autopista, y todos van por el carril correspondiente, lento a 60, 80 kilómetros, y lo único que ves en el carril rápido, es un auto estacionado, con la baliza, y luego vuelve al carril. Todo es perfecto, y son cosas que te llevan a replantear un poco. De hecho, lo digo, después de volver tras mi segundo año allí, con una pequeña crisis, de estar enojados en cómo éramos; me llevó algunas sesiones de terapia, porque llegó un momento donde no te sentís ni de allá ni de acá. De allá no sos, porque la idiosincracia, la gente, es muy distinta, y yo sigo eligiendo a la de donde nací. Pero por otro lado, comprobar que un lugar todo funciona a la perfección, y que no es tan complicado, donde se respete el límite propio y el del otro, en tanto aquí todos nos pisoteamos, te lleva a replantearte situaciones. Pero bueno, sin dudas son experiencias lindas para vivir», comenta Diego, con un dejo de ambivalencia entre la admiración ajena y el dolor o bronca propio.

Habla de manera parsimoniosa, clara, donde sin dudas deja expuesto que la travesía por el mundo lo ha pulido, sumado a sus deseos de capacitarse para abrirse puertas laborales. Una persona completamente distinta al que se ve en los rectángulos, donde es una verdadera bestia, gritando guturalmente, con fuerzas, cuando mete un bloqueo o remate que termina en punto propio. Se le dice si no es una especia de Dr Jeckyll y Mr Hide cuando está en una cancha y fuera de ella.

«Me hacés reir jajajaj. Pero ojo, tal vez debe ser que dejo mucha pasión en las canchas, y después bajo un poco. Pensando en esto de haber dejado de jugar, luego de Boca, me puse a hacer artes marciales y debuté peleando muay tai. Era un objetivo a cumplir y algo que deseaba hacer, y ahora lo corté porque estoy comprometido con Porteño y no voy a arriesgarme a lesionarme; pero la manera de jugar como lo describís, es algo que siento de esa manera, y lo disfruto como tal. De otro modo no podría hacerlo, tal vez los últimos años me costaba encontrar ese fuego y no lo disfrutaba tanto. Pero estos chicos me hicieron prender esas ganas, y sin querer asomar como soberbio, sentirme protagonista, me motiva mucho. También sentir el apoyo de la gente. Seguramente vas a ver dentro de la cancha, alguien que te quiere arrancar los ojos, pero afuera somos amigos; de hecho, una de las primeras cosas que hablé con los pibes es que llegué para aportar, tratar de ayudarnos mutuamente; pero queriendo que conozcan mi carácter, de jugador profesional. O sea, en los entrenamientos y partidos vamos a ser gladiadores, pero apenas terminado, compañeros y amigos, como si nos conociéramos de toda la vida. Si sabemos manejar eso, podremos manejar las presiones de los partidos, y eso está bueno, entrenar con esos parámetros de exigencia», expone.

Con su experiencia, y trayectoria, se le pide una opinión sobre los fundamentos técnicos de sus actuales compañeros.

«Las comparaciones no me gustan, no quiero comparar a los chicos con jugadores de experiencia, porque sería injusto. Veo que es un grupo con muchas ganas de aprender, y eso es lo más importante. Estuve con jugadores a los cuales les decían que no iban a llegar, principalmente por la altura, y sin embargo, llegaron. Aquí, veo un grupo muy educado, muy receptivo; cuando habla Fabián, quien está empezando a acomodar el sistema de juego, son atentos. Porque no te olvides, vienen de jugar en una categoría donde la velocidad del juego oponente, es distinta. Adaptarse a esa velocidad no es fácil, y lleva un proceso; las calidades técnicas están, y seguramente hay que mejorar un poco, porque la potencia en la División de Honor es más alta. Pero eso se hace con el día a día entrenando, y este grupo tiene ganas de entrenar. Si por ellos fuera, estarían entrenando hasta las tres de la mañana, porque lo veo todos los días; soy yo quien de reojo lo miro a Fabián y le digo que me tire el freno de manos, porque no estoy para seguirle el ritmo. Es un grupo abierto a querer aprender, y eso es lo más importante», señala.

Y para concluir, agrega:

«A veces la clave, en este tipo de deporte de conjunto, no tiene que solo con la parte técnica, sino con el funcionamiento del equipo; y a veces, no solo pasa por el planteo táctico, sino con la energía y onda existente. He vito equipos con no tal vez tanto fundamento táctico, videos o estadísticas, pero cuando se metían adentro de la cancha eran siete leones. Y esos son los que te tocan la cola a los equipos grandes, porque están integrados por pibes con hambre y ganas de sacarte los ojos. Bueno, nosotros debemos convertirnos en eso, y que no tengan ganas de enfrentarnos. Las condiciones están dadas para eso, pero ir paso a paso, sin apresuramientos».

Diego Bonini, la cuota de experiencia y jerarquía en el joven equipo de Porteño, que va buscando su lugar e identidad en la División de Honor en el Voley Metropolitano.