El cronista se olvida de la diferencia horaria con Colombia, y se comunica con Simon Argain, cuando en Sincelejo todavía transcurre la mañana. Responde al rato, y dejando constancia de su educación, pide disculpas por tardar contestar, argumentando que seguía durmiendo.

Luego de las consabidas disculpas por este lado, pidiendo perdón por el olvido de la diferencia horaria, el momento de charlar sobre este tercer día en tierras cafeteras, las sensaciones vividas, y lo importante: la preparación de cara al partido de mañana, contra los locales.

“Realmente, la recepción y atención que estamos recibiendo es de lo mejor, no podemos quejarnos. Estamos dentro de un sueño para lo que es el amateurismo, todos los días nos deslumbramos en cómo la gente toma el torneo en la ciudad. Salís a la plaza y sacan fotos o hacen notas. Todavía no tomamos dimensión del lugar en el que estamos y probablemente durante el torneo tampoco lo hagamos; debemos disfrutarlo y buscar ser competitivos. Estamos haciendo un proceso de aclimatación con los profes, el clima es muy pesado y la sensación térmica alcanza los 40°”, explica Simon, mientras se prepara para el almuerzo junto a sus compañeros y cuerpo técnico.

Se le pide una descripción sobre Sincelejo, la ciudad que albera este evento internacional.

“Sincelejo, por lo que observamos, es una ciudad muy humilde; la zona de la plaza y catedral es pintoresca, tiene bastante movimiento de gente, muchos comercios y vendedores ambulantes La gente es amable y simpática”, cuenta.

Describe la rutina, ya con tres días en el país.

“Todos los días hacemos las cuatro comidas, y seguimos la planificación que el cuerpo técnico considera. es de suma importancia cumplir con eso, para estar en las mejores condiciones posibles de cara a la competencia. Nos levantamos a desayunar 8:30, después libre 2-3 horas, la mayoría utiliza ese espacio para pasear o descansar en las habitaciones. Almuerzo 12:30, siempre ensalada, arroz, carne y pasta. Entrenamiento a las 15; ayer hicimos aclimatación y jugado, hoy vamos a practicar pelota parada. Merienda a las  18:00, con frutas, yogurt, cereales, cuando terminamos intentamos distraernos y a las 21 cenamos liviano y antes de las 00:30 deberíamos estar durmiendo”, detalla.

Muy lindo el paisaje, la cordialidad de los habitantes, la posibilidad de experimentar en otras culturas. Pero la realidad es que el equipo está allí para disputar la Copa de las Américas, y eso Simón, como sus compañeros, lo tienen demasiado claro.

“Cómo vos decís,  vinimos  a buscar llegar lo más alto posible, ser competitivos en todos los torneos que se disputen. Es el objetivo a nivel global del club, el resultado puede darse o no porque depende de detalles, pero mostrar una actitud protagonista y competitiva es algo que no podemos negociar, así lo entendemos todos los integrantes del plantel. También sabemos que vamos a enfrentarnos a grandes equipos, con muchos jugadores de experiencia a nivel mundial, con una técnica y conocimientos excelentes. Y aunque parezca cassette, nosotros pensamos que la mejor forma de sacar los partidos adelante es apoyarse y confiar en el compañero, resolver lo que se nos cruce como un equipo. No tenemos grandes talentos como los que va a haber en este torneo y consideramos como factor X, ese aspecto”, afirma Simón.

Pata el final, las sensaciones por sentir a toda la familia de Porteño encolumnados detrás de ellos, como orgullosos representantes de nuestros colores.

“Es una gratificación muy grande el cariño y por sobre todo el apoyo que nos brindan. Se hace mucho esfuerzo para estar acá, de nuestra parte, de toda la gente del club, familiares, compañeros de trabajo y hasta gente de otros clubes. Está claro, sin ellos esto no sería posible; cada cual tuvo su cuota de participación para que podamos disfrutar toda esta realidad. Por eso, tenemos la responsabilidad de jugar dando nuestra mejor versión, como forma de retribución y agradecimiento”.

Simón Argain, poste en el equipo dirigido por Gabriel Espósito. Otro integrante de un conjunto instalado en Colombia, con las expectativas en seguir instalando el nombre de Estudiantil Porteño en lo más alto de América.