Durante diciembre, el equipo de Maxi Hockey masculino, participó del Mundial de Clubes, que se desarrolló en San Juan. Fueron invitados, y por cierto consiguieron una destacada actuación, que les permitió ya entablar contactos para presentarse nuevamente en este 2018, además de viajes con prácticamente todo acordado, para viajar a otros países y seguir demostrando su enorme capacidad de juego.

Entre los integrantes del conjunto, está uno de los arqueros, Sebastián Riavec, quien mientras se instalaba de vacaciones junto a parte de su familia en Monte Hermoso, se dio los tiempos para poder hablar de esa experiencia reciente, además de su pasado como jugador no solo en Estudiantil Porteño, sino en la institución donde nació, Colegio Copello.

Durante el mediodía del lunes, desde la tranquilidad y placer de una casa rodante, acompañado por su mujer e hija, comenzó hablando acerca de lo que le pareció el Mundial.

“Fue bastante positivo, desde el punto de vista grupal, deportivo, y desde la posibilidad de entablar nuevas relaciones con respecto a este deporte. Pudimos contactarnos con los muchachos de San Juan, Colombia, entre otros. Estuvo a la altura de las circunstancias, porque fue un campeonato bastante exigente para jugadores como nosotros, mayores de 40 años. Fueron seis partidos en tres días, uno a la mañana y otro al atardecer; bastante sacrificado pero lo disfrutamos. Estamos bastante contentos por haber conseguido el objetivo de quedar entre los ocho primeros; sin dudas podría haber estado mejor la posición final, pero no desentonamos con relación a los demás participantes”, comenta.

Por sobre lo deportivo, y las ganas de ganar, también cuenta como rescatable la posibilidad de haber  podido compartir con sus amigos y compañeros unos días dentro de un certamen internacional, y volver a sentir aquella adrenalina cuando jugaban en la Primera del Club.

“Si, de todo lo positivo, eso fue lo mejor. Compartir de vuelta con los muchachos la misma sensación vivida muchos años atrás, fue algo espectacular. La verdad, el tema de los desayunos,  almuerzos, cenas, estar todos juntos, sin ninguna pelea ni problemas, fue buenísimo. Éramos diez jugadores, dos arqueros, el técnico y el delegado, nos encontró completamente unidos en la toma de decisiones y en cómo encarar los partidos, y eso fortaleció nuestra unión. Queremos repetir esta aventura y ojalá este año se nos de la posibilidad de volver a competir en esta clase de torneos. Está programado, si nos llegan las invitaciones, un viaje a Chile y otro a Colombia para jugar en agosto nuevamente el Mundial. Si se dan las circunstancias, podremos reiterar lo que hemos vivido hace poco en San Juan”, expresa.

No quiere dejar pasar la oportunidad para una mención especial.

“Es para mi amigo, y el otro arquero del equipo, Alejandro Pereyra, porque la verdad hacemos una dupla espectacular, como arqueros y amigos. Compartimos el arco sin ningún problema, un tiempo cada uno en los tres primeros partidos; los dos tenemos más de cincuenta años y para estar al cien por ciento de nuestras capacidades debemos turnarnos. Lamentablemente en los cuartos de final, contra Concepción, se desgarró a los tres minutos de empezar el partido, y a partir de ese suceso, debí atajar los otros tres partidos de manera completa. Se quedó triste por no poder continuar en el campeonato, y por eso no quiero dejar de mencionarlo porque es un gran amigo, pero ante todo, es una excelente persona”, dice, reconociendo a quien comparte posición dentro de la cancha.

Momento de hablar sobre sus inicios en esta disciplina deportiva.

“Arranqué en el año 1980 en el colegio donde estudiaba, Cardenal Copello, de Villa del Parque; en esos tiempos tenía hockey en todas sus divisiones, desde inferiores hasta primera división. Comencé en Cadetes, y después jugué unos años en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, y de allí pase a Estudiantil Porteño, directamente en Primera con un gran equipo y grandes chicos: Gay Cotelo, Tete Cerisola, Augusto Prandi, Facundo Tripicio, y entre los más grandes, Gustavo Malaver, Claudio Estragá y Ricardo Trivisonno. Una época donde Porteño pudo lograr un par de campeonatos y una experiencia maravillosa. Me quedo con los mejores momentos del club. Luego, la vida me llevó a dedicarme a la medicina, donde me recibí y pude jugar un año en Harrods asta que debí dejar el hockey un tiempo. Regresé para Estudaintil Porteño, ya con edad de competencias en veteranos”, explica Sebastián.

Pide otra mención especial, y es al entrenador, Carlos Dassi, quien nuevamente fue su entrenador en el reciente certamen internacional. “Realmente, una persona espectacular- señala- y un momento maravilloso el poder tener otra vez al mismo técnico que nos dirigía en la Primera. Él es el encargado de todos los veteranos en el club, y es de fierro, porque está siempre, y lo quiero destacar, porque es la persona con la cual nos guiamos de manera permanente. Otro de quienes está siempre con nosotros es Fernando Ortuondo”.

En Monte Hermoso está acompañado por su mujer María Alicia y su hija Agustina. En Buenos Aires se quedó su hijo Ignacio. Su señora tiene una hija mayor, de nombre Florencia, quien tiene dos niños.

“Mis dos nietos se llaman Santiago y Francesca”, menciona con indisimulable orgullo.

Agrega con respecto al Mundial.

“Lo importante es que fue nuestro primer campeonato en esta categoría. Hacía mucho tiempo que no competíamos, y pudimos tener una medida bastante importante de lo que somos como equipo y grupo. Nos quedamos con la teoría acerca de si no surgían inconvenientes acerca de lesiones, estábamos para meternos entre los cuatro primeros, y sinceramente era asi. Esperamos para los próximos torneos, tener un poco más de suerte y llegar a cumplir ese objetivo”, asegura.

Mientras todos disfrutan del inicio de año con sus familias descansando, se le pregunta como sigue el 2018, y los objetivos trazados como equipo.

“Nos volveríamos a juntar para los primeros días de febrero, porque aparentemente está en reparación el techo de la pista; como no tenemos liga, tenemos planificado juntarnos para entrenar los días martes de 21 a 23 horas. Después. nos juntamos como siempre para comer asado, y luego, veremos como armamos la competencia. Estamos esperando una invitación a El Calafate, para un torneo en abril; luego a mitad de año un certamen en Chile en un club llamado León Prado, aunque resta confirmarlo. Como te dije antes, la invitación a Colombia para el Mundial de Clubes y hacia fin de año nos prometieron otra invitación para retornar a Chile. Ojalá puedan darse todas para poder seguir viajando, que a nivel grupo sigamos reforzándonos (actualmente somos unos veinte), aunque siempre con el sentido de grupo y la amistad, porque es lo más importante en esta clase de eventos. Somos gente grande, y lo que menos necesitamos es adquirir problemas; por eso, es preferible estar tranquilos, compartir los mejores momentos”, afirma.

Sebastián Riavert, arquero de un equipo de amigos, que siguen llevando el nombre del Hockey de Estudiantil Porteño bien alto. Un conjunto que enaltece a nuestra institución.