“Tengo 23 años, próximo a cumplir 24, ya me estoy avejentando como mi amigo el mister Aversa”, dice Francisco Casañas entre risas, en la medianoche del miércoles, ya con los primeros minutos del jueves, donde la Primera Blanca, que integra, jugará su partido por los 16avos de final. Mientras se da la charla, todavía no se conoce el nombre del rival a quien enfrentarán, por haber clasificado a esa instancia, a pesar de haber perdido por la tarde.

“Fue una derrota que nos golpeó un poco, porque tuvimos que esperar hasta la tarde para saber si estábamos clasificados o no, aunque sabíamos que con cuatro puntos era muy difícil quedar fuera de los mejores terceros. Fue un partido que arrancó cuesta abajo en los primeros minutos, con dos goles de ellos por errores propios, y a partir de ahí tuvimos que salir a buscar el resultado. Tuvimos varias chances sin poder concretar en el toque final y en cancha con esas dimensiones es complicado, si no aprovechás las situaciones. Yendo a buscar el resultado, nos encontramos con otros dos goles en contra, pero pudimos descontar sobre el final, algo que también era importante por la diferencia de gol y hasta pudimos hacer alguno más. Ellos tenían mucha movilidad y nosotros físicamente estábamos bastante cansados por la seguidilla de partidos”,señala Pancho, con el mencionado Aversa a un costado.

“Es el capitán, la experiencia, tiene 33 pirulos y corre más que yo. Es un amigazo del equipo, al cual pobre lo molesto todo el día (concentra conmigo). Soy de poner cumbia colombiana al volumen máximo desde las 6 de la mañana hasta irnos a dormir, y lo vuelvo loco (risas)”, expresa con alegría y frescura, a pesar del día largo y ya con los sentidos puestos en el cotejo de este jueves.

La pregunta es si antes de venir, cuáles eran las expectativas de un equipo en la cual  la mayoría participa de un Nacional por primera vez.

“Las expectativas son paso a paso; somos un equipo en formación, con muchos jugadores de calidad ausentes como Junior.  Pero el primer paso ya está dado, estábamos convencidos que la fase de grupos la podíamos superar y a partir de ahí es eliminación directa, es otra cosa ya.. Ahí juega mucho cómo llegás físicamente, mentalmente, como llega el grupo. Primero está el partido de mañana, el viernes es otro día; mañana es otra final y después veremos qué pasa”, afirma.

Nacido y criado en El Palomar, sigue viviendo alli con su familia (papá Billi, mamá Cecilia, Dora, su abuela).

“También está mi perro Milo, un integrante más de la familia; mi abuela que vive prácticamente en mi casa y bueno, mi abuelo por el cual le pido siempre una ayudita desde donde sea que esté cada vez que juego, porque era quien siempre me venía a ver jugar”, refiere con un halo de emoción al recordar a Mateo.

Estudia Educación Física, y trabaja de manera independiente como personal trainer y preparador físico,en Haedo y Ramos Mejía.

“Arranqué futsal en Porteño a los 15, cuando recién se estaba formando el deporte en el club;eran tiempos donde a veces no llegábamos a completar un equipo para salir a la cancha y terminábamos jugando tres y el arquero. Jugué hasta los 19 en el club, ya con el deporte mucho más avanzado y con el Zurdo (Gabriel Espósito) como técnico. Varios de mis compañeros eran los de la elite actual, a quienes los conozco desde chico. Tuve varios problemas en la rodilla, empezar a trabajar, estudiar, y todos fueron motivos por los cuales dejé. Además, ya había un equipo y un grupo formado, con muchos jugadores de alto nivel. El año pasado retorné al club, con ganas de volver a practicar el deporte. Después de haber dejado por varios años, sufrí la rotura de la otra rodilla a mitad de año, pensando que no iba a jugar mas para cuidarme. Pero volví y acá estoy”, explica con la satisfacción de haber superado todos los escollos.

Y no solo volvió, sino que integra una Primera compitiendo en un Nacional de Clubes. Y convirtiendo, además.

“La verdad, es un lindo momento; lo estoy disfrutando mucho y a eso vine, a disfrutar. Jugar, pero con la seriedad que se merece. Los goles se vienen dando por el trabajo de los compañeros, acá no importa quien los haga, sino que la pelota termine adentro de la red. Sea quien sea el autor, se grita y se festeja igual. Aunque siempre tengo el festejo de la T preparado (risas)”.

Deja la repregunta picando. ¿Por qué ese festejo?

“El festejo de la T es con las dos manos y es por mi novia. Le había hecho una promesa, los goles iban a ser festejados así, y bueno, hice el primero y después ya quedó”, dice entre risas. Y agrega:

“Se llama Tatiana, por eso el festejo con la T”.

El momento invita al cronista a ponerse cholulo, y le consulta sobre ella.

“Uff jaja, hace un mes estoy de novio, es una historia larga (risas), pero la resumo; es colombiana, vive en Colombia,  la conocí en mis vacaciones y mantenemos la relación a pesar de la distancia, con programaciones de viajes”,explica.

Momento de ir a descansar, porque el jueves viene con la posibilidad de seguir escribiendo historia grande para una de las Primeras de Porteño. Y Pancho es uno de sus integrantes, lleno de alegría, vitalidad, y disfrutando en grande estos momentos.