En la noche del jueves, la Reserva de Futsal se metió en la historia del Club, al conseguir una victoria que lo proclamó campeón del torneo metropolitana, restando una jornada. Y desataron la fiesta en una actividad que se va codeando con el éxito permanente en sus diversas categorías, tanto del masculino como femenino.

En el conjunto dirigido por Juan Manuel García, uno de sis pilares es Pablo Carbone, quien en la media tarde del día después de la consagración, charló con Prensa Porteño, y dejó sus impresiones sobre lo vivido.

“Ayer jugamos con Oeste, club que queda en Caballito. El partido sabíamos que sería muy trabado, son un equipo que plantea un roce físico alto. Por eso, teníamos que hacer como en el año: mantener el temple en situaciones de presión, de resultados en contra o de momentos de partido, donde los equipos se nos venían encima. Este no iba a ser la excepción; con el partido de ayer quedaban cuatro puntos en disputa, nosotros con 51 puntos y el rival que nos seguía (El Ciclón), con 47 y un partido menos. Por ende, sacando uno nosotros coronábamos el año”, explica Pablo, con elocuencia. Y continúa detallando:

“El partido de ayer arrancó trabado, con nuestro cuarteto presionando y forzando errores en la salida del equipo contrario; pasados los 10,15 del primer tiempo metemos el primer gol (el de Ignacio Crescio), y con el compromiso de cada jugador por defender el arco propio, nos fuimos arriba el primer tiempo, el segundo iba a ser más duro. Oeste es un equipo que juega con mucho orgullo propio, y no iban a bajar los brazos fácil; ya en el segundo tiempo, el partido fue de transiciones rápidas, el juego nuestro se basaba en el arco rival, lejos de equivocaciones en nuestra cancha e intentar lastimar cada vez que podíamos sin bajar la concentración en las defensas. Algo que nos dio y nos va a seguir dando de comer!. A los 18’ del segundo tiempo Santiago Bruno, después de una jugada de salida y la bajada de pelota de Agustín Álvarez, sacó el tiro para convertir el segundo y sacar la diferencia que necesitábamos.
Los últimos cinco minutos fue cuestión de defender como nos gusta, haciéndole sentir al rival que no les íbamos a regalar nada”.

 

Con su experiencia e impronta en el equipo, se le pide una descripción del mismo, y la importancia de haber salido campeones.

“La categoría de Reserva, suele fluctuar mucho año tras año, y este fue atípico, porque pudimos mantener una base del año pasado (cuando hicimos una campaña parecida y perdimos en semifinal de playoff).  Es un título que se busca hace años, por ser la única categoría de la élite que le faltaba consagrarse. Encaramos el partido por el lado del disfrute, porque sabemos que este tipo de partidos no se juega todos los días; y al ser una categoría mayor (conformada este año en gran parte por juveniles), no sabemos cuántas veces más nos iba a tocar compartir equipo juntos, ni cuando volvemos a tener la suerte de ser parte de estos eventos. El único acuerdo hecho antes de arrancar el partido es que pase lo que pase, nos íbamos a mirar a los ojos tranquilos de haber dejado todo… y así fue!”.

Ya con título en mano, asoma la posibilidad de sumar otra, en la Copa de Campeones.

“La Copa de Campeones es un torneo que siempre se quiere conseguir, más para dejar un poco más alto a este pedazo de club que es Porteño. No sabemos bien la fecha ni si vamos a llegar a jugarla, ya que el calendario de partidos con respecto a la Primera viene muy ajustado y varios de los que conformamos el plantel de reserva, el 8 viajamos a jugar la División de Honor que es en el Dorado, Misiones. Estamos a la espera de más información u orden de la Liga para saber cómo se sigue”, explica.

Llegó al club a los 15 años, sin ninguna experiencia previa en esta disciplina deportiva, por amigos del colegio quienes estaban en Cadetes.

“Cuando fui por primera vez, lo hice con un compañero que al año dejó, pero yo no pude! Juego de lo que el técnico tenga ganas, no me destaco en otra cosa que ponerle ganas a lo que hago, soy un burro (risas),  pero se le puede llamar “Ala ofensivo”. Vivir pateando la pelota era mi sueño de chico, y el día que encontré un poco de seriedad y constancia en entrenamientos sobre lo que era el deporte, me volví loco y me fue imposible despegarme. Con el tiempo, coincidí con las personas que hoy formamos el plantel mayor de casi todas las tiras de Porteño, y cada uno con sus cosas hizo que me enamore cada vez más de lo que podíamos generar ahí adentro. Tengo la suerte de decir que vi como creció Porteño en todos estos años compartidos y estoy feliz de haberlo hecho”, afirma.

Vive en Ramos Mejía, junto a su madre Clarisa y su hermano Augusto. Es instructor funcional, y da clases personalizadas en gimnasios desde hace varios años. Respecto a ellos, señala:

“Son personas que me han ayudado a caminar mi vida entera con esta enfermedad que te genera el club (risas). Parte de los que estoy más agradecidos por compartirlo conmigo”.

Una de las características de la cofradía del futsal en el club, es que los jugadores no demuestran ningún tipo de envidia o resquemor por estar asignados a otros equipos que no sean el de elite. Y de estos últimos, una plena confraternidad y apoyo a quienes llegan desde abajo.

“Todos entienden que tienen algo para sumar desde donde les toque, en cada categoría, en cada tira, en cada situación; desde un entrenamiento, un partido, un asado, un evento o lo que sea, siempre la familia de Porteño está ahí!. Los valores que cortan a cada uno de esos mayores son quienes hacen el presente del club, no solo desde el resultado deportivo, sino desde el social y colectivo. Cada una de las personas que componen Porteño los tienen y los expresan cada vez que es necesario. Compartir la locura por hacer lo mejor de nosotros, nos permite poder mirarnos a los ojos y decir que somos parte de esto. Porteño es un club que genera ilusiones de todo tipo y me encanta ser parte y saber que es así!”, expresa con efusividad.

Y dentro de sus palabras, la pregunta final sobre cuáles son sus ilusiones por cumplir con esta camiseta.

“Seguir compartiendo mi vida con personas como las que componen Porteño, cada uno con sus cosas, pero sin dejar los valores de lado y todos por lo mismo. Yo lo único que quiero es que este club sea todos los días un poquito más grande, como dije antes, no por resultados, sino por quienes lo componemos”, concluye.

Pablo Carbone, integrante de una Reserva que también luchó para inscribir su nombre en la historia del Club. Campeones por primera vez. Nada menos.