La Primera del Vóley masculino estuvo a un solo juego en diciembre, de poder ascender a la División de Honor, la categoría por excelencia de este deporte en la Federación Metropolitana. Finalmente, Universidad de Buenos Aires venció 2-1 en el playoff que determinaba el ascenso, y se quedó a las puertas de un hecho inédito para nuestra entidad.

Pero el equipo dirigido por Fabián De Valais dejó constancia plena de su crecimiento, y por eso, desde hace unas semanas, regresaron tras el receso de vacaciones, para ponerse a punto de cara a una temporada con enormes expectativas.

Entre los jugadores con los que cuenta el técnico, está Nicolás Purita, joven surgido de la cantera, y con una enorme sentido de pertenencia hacia esta camiseta, por legado paterno y materno.

“Mí relación con el club comienza bien de chico, a eso de los 10 años. Empecé jugando al Babi fútbol, después pasé al tenis y finalmente a los 15 años me pasé al voley. Me acuerdo que eran vacaciones de verano, salía de jugar al tenis y nos agarró Blas Pizzini para invitarnos a probar un entrenamiento. Estaban tratando de armar las inferiores, y a partir de ese día, largué la raqueta y empecé a jugar al voley que era un deporte muy presente en mí familia porque mí viejos habían jugado toda la vida, mí hermana ya jugaba también”, expresa Nico en la tarde noche del domingo, ya pensando en arrancar una nueva semana, que lo tiene además de jugador, como estudiante de Administración en la Universidad de La Matanza, y trabaja en las oficinas de YPF.

Sus padres son Héctor y Laura, y es el del medio de tres hermanas: la familia la completan Lara y Lorenzo,

“Mí viejo jugó desde los 13 hasta los 24 años en el club. Logró llegar a Primera con Porteño, y después jugo en el Club de Amigos. Mi vieja, primero jugó en Sitas y después se pasó para Estudiantil. Mí hermano también jugó unos años en el club; después dejo, pero compartimos unas temporadas. Por eso hay sentimiento de pertenencia familiar fuerte hacia el voley, y hacia Estudiantil particularmente”, comenta. Y cuando se le pregunta si con los padres precediendo su llegada en este deporte, sacó algo de ellos, expresa:

“Desde hace unos años juego de libero, que usa una remera distinta y entra y sale todo el tiempo para recibir el saque y defender. Cuando empecé, durante casi todas las inferiores jugué de atacante de punta, la posición donde jugaban mis viejos. En paralelo ya jugaba de libero para la división mayor. Finalmente terminé siendo líbero porque no era alto (mido 175) como para ser atacante, pero recibía y defendía bastante, que es la función de los líberos. Parece que eso lo saqué del lado de mí vieja, porque según me dicen era buena defendiendo, en cambio mí viejo era bueno en el ataque…”.

Blas Pizzini es quien lo invitó a sumarse al vóley, y explica acerca de esa persona.

“Blas fue el primer entrenador de inferiores del club. Prácticamente armó todo los equipos de inferiores (sub 14, sub 16, sub 18 y sub 21) que hasta ese momento no había nada, y el club necesitaba tener inferiores para que la categoría mayor pudiera competir en segunda división. Era un requisito digamos.  Así que Blas llegó al club e hizo todo el laburo de captación de chicos. Armó los equipos de cero y empezamos a jugar en la “D”. Casi todos aprendiendo el deporte de cero; muchos de los que jugamos hoy dimos los primeros pasos en el deporte con Blas. Tengo buenos recuerdos de él, era un tipo muy divertido, jodía casi todo el tiempo y se ponía serio para jugar y entrenar. Después cuando llegué mayores tuve la suerte de compartir la cancha con él”, afirma.

Sobre aquellos no tan lejanos años en las inferiores, tiene recuerdos lindos.

“Arrancamos de cero, jugando en la categoría más baja (D); nos fuimos formando, aprendiendo y ascendiendo. Estuvimos dos años en la D, después ascendimos a la C, jugamos un año y ascendimos a la B. Permanecimos allí dos años y justo en mí último año de sub 21 (antes de pasar a ser de la división mayor) logramos el ascenso a la A. Algo muy lindo, que cuando empezamos parecería impensado. Pero se fue dando todo de a poco, íbamos creciendo, mejorando, ascendiendo. Me acuerdo siempre que cuando empezamos en un torneo abierto viendo un partido de equipos de la A, un amigo me dice “mira qué lindo sería llegar a la A” y yo le dije “pero Luchi mira como juegan estos pibes, imposible”.. un par de años más tarde estábamos jugando el ascenso a esa categoría… Y bueno, con varios de los que empezamos ese verano en 2009 todavía estamos jugando juntos hoy en la división mayor; eso es muy lindo, haber compartido todo el camino con los mismos y ser parte de un proyecto que en su momento empezó de cero “, rememora Nicolás.

Al momento de graficar quienes son esos “varios”, menciona:

“Gonzalo Villaflor, atacante de punta. Nico Ugalde, central y hoy entrenador del club. Rodri Arieta, armador que estuvo hasta el año pasado. Mauro Urbinati, central. Luchi Mancini, que jugó las inferiores; después no tuvo lugar como jugador pero se sumó para hacer estadística durante los partidos y para nosotros una parte importante del grupo a pesar de no poder jugar. Un poco más adelante se sumó Agustín Gordyn, quien se puso la camiseta desde el primer día y fue clave para lograr los últimos ascensos de inferiores.  También Lautaro Severini, que es un poco más chico pero está en club desde varios años y hoy se desempeña como opuesto en la Primera. Y también Gabriel De Pepi que se sumó en los últimos años de inferiores, terrible atacante. Espero no olvidarme de ninguno (risas)”.

Al momento de hablar sobre la actualidad del equipo, dos días después de su amistoso ante Club 77, no puede substraerse al rumor que indica la posibilidad muy fuerte de integrar la División de Honor, el sitial más alto de competencia metropolitana, y en la cual nuestra institución jamás participó. La situación es que un club fue desafiliado, y por ser Porteño quien quedó a las puertas del ascenso, ocuparía esa plaza. No está confirmado, pero los rumores son fuertes, y de hecho ya fue extendido un SI por parte de la dirigencia de la FMV.

“Los últimos años veníamos acercándonos al ascenso; en 2016 jugamos play off para ascender y quedamos en las semis. Y en 2017 llegamos a la final con la UBA y se nos escapó de las manos. Estamos contentos, ansiosos pero de será muy duro y debemos prepararnos bien, entrenar todo lo posible. Estamos entrenando con la cabeza en una eventual confirmación de División de Honor, pero si eso no pasa, nos tocará otro año en Primera y esperemos no dejar escapar el ascenso”, puntualiza lleno de ilusiones por la posibilidad de inscribir el nombre del club en lo más alto del Voley metropolitano por primera vez en la historia.

Momento de soñar con sustento, y se le consulta en caso de darse esa posibilidad, si harán falta refuerzos para poder enfrentarlo de manera digna.

“Existe la chance de reforzar el equipo; se está haciendo el intento para captar algunos jugador fuertes. Si lográramos mantener el equipo del año pasado, sumando algún buen refuerzo y mucho entrenamiento (risas), me parece que se podría hacer frente al torneo. La realidad, para un club de barrio como es Estudiantil, poder jugar División de Honor es un montón. Además nosotros no tenemos ninguna súper estrella, siempre nos hicimos fuerte como equipo, yendo para delante todos juntos, con el mismo objetivo y soñando lo mismo que es jugar ese certamen. Imagino que seguiremos por ese camino. Obvio, con Fabián a la cabeza, un entrenador increíble”, afirma.

De Valais es uno de los entrenadores que lo formó, junto al inicial Blas, Ariel Giorello y una mención especial para Rogelio Posi.

“Fue un gran jugador y entrenador en su época y de grande se acercó al club a dar una mano; aprendí mucho de él también. Gran persona. Lamentablemente falleció hace unos años”, cuenta con un dejo de tristeza.

Para su entrenador actual, palabras elogiosas.

“Tener a Fabián como entrenador en el club siempre me pareció un lujazo. Es un entrenador de primer nivel y creo que todos somos conscientes de la suerte por tenerlo acá. Nos formó, nos hizo crecer, todo; y aparte de eso, lo considero una gran persona, porque además de enseñar voley enseña valores. Siempre tuve muy buena relación con él. Le estoy muy muy agradecido”, admite.

Para el final, una reflexión sobre todo lo progresado por la actividad, teniéndolo a él como varios otros, de testigo presencial del notable progreso.

“Miro para atrás, y veo todo el laburo hecho desde afuera todos estos años; tanto de los padres, la subcomisión, y me saco el sombrero. En gran parte es gracias a ellos; este proyecto empezó hace como 9 años; hoy sigue en pie y creció tanto…soy consciente de eso y estoy muy agradecido.  Eso por un lado; después como jugador, nunca deja de impresionarme todo el camino hecho, como se fue dando todo. Estábamos en la D y ni nos imaginábamos llegar a la A y menos estar a Punto de jugar una División de Honor. Lo veo como un gran logro a nivel proyecto, que lleva años desarrollándose poco a poco y va dando frutos. Lo que más contento me pone es ver a todos los pibes llegando de atrás, saber que se está haciendo terrible laburo de formación y ellos continuando con esto. Me cayó la ficha de eso en la final del play off el año pasado, cuando nos fueron a ver cien personas, y estaban todos los pibes de las inferiores haciéndonos el aguante. Me pone muy contento saber que el proyecto va continuar creciendo”.

Nicolás Purita, uno de los jugadores que llegaron cuando la actividad estaba en ciernes, y hoy goza de una gran actualidad. Y la saludable amenaza de no quedarse con esto, sino de ir por más.