Como síntesis de lo concentrado que estuvo Miguel Tapia durante la semana del Argentino, recién el lunes, retornado de Mendoza, le comentó a su madre Norma que no había preguntado por Brianna en todos esos días.

¿Quién es ella? ¿Su esposa, novia, mejor amiga?. No, su sobrina de tres añitos. ” Es el amor de mi vida jajaa”, responde con seguridad Miguel. La misma seguridad con la que recibió el balón luego de un error de la defensa rival, encaró al hasta entonces inexpugnable arquero de El Tiburón, lo eludió  y definió con pasmosa frialdad y categoría, para establecer un empate que se dilataba mucho,  y ponía nerviosos a todos. Bueno, casi todos, porque los jugadores  y cuerpo técnico continuaban con su serenidad, uno de los atributos reconocidos por la mayoría de quien integra el mundo del fútsal.

“La frialdad y no desesperarnos es marca registrada del equipo, con las experiencias vividas por cada uno individualmente mas las sumadas en conjunto. Leí justo que esa pelota iba a quedar suelta y fui confiado en que era el momento, la definición es elegir en segundos; esta vez por suerte fue la correcta porque terminó en el gol del empate. Eso los dejó de ánimo bajo a los rivales”, asegura Miguel, durante la mañana del martes, todavía con la adrenalina de lo conseguido, ser en un mes los mejores de Argentina  y Sudamérica.

La final del domingo, seguida a través de la televisión por toda la familia de Porteño, estaba complicada, con un oponente consciente de enfrentar al favorito y dueño de los mejores recursos, sea en calidad, técnica y  cantidad de personal en la banca. Lo diseñado por su entrenador estuvo a menos de tres minutos de salirle redondo. Un error, bien capitalizado por Tapia, derrumbó la estrategia, mucho más cuando casi enseguida arribó el pecho de Caamaño, decretando el triunfo y consagración.

“Ellos plantearon lo suyo, nosotros lo nuestro, y a partir del gol contrario usamos la reserva del tanque disponible. Eran los últimos minutos y si bien debíamos ser intensos, no podíamos dejar de ser muy fríos para lograr dar vuelta el resultado”, expresa.

Este es su primer año en el Club. Comenzó a jugar futsal a los 13 años (tiene 26) en Barrio Gaynor, Pearson, donde ganó su primer División de Honor. Desde allí pasó a los certámenes de AFA, defendiendo los colores de Pinocho, hasta su arribo a Ramos Mejía.

“Tengo muy buena relación con los chicos de haber jugado en contra; siempre jodíamos cuando me fui a Pinocho de ir a jugar alguna División de Honor con ellos, o mismo de ir al Sudamericano. A finales del año pasado me reuní con Guido Lopez, me contó los planes del club, los proyectos, las ganas de hacer cosas. Ellos querían sumarme, no solo para jugar un torneo sino ser parte activa del plantel. La verdad. no me tomó mucho tiempo decidirme y me volqué enseguida a las filas del Porte”, comenta.

” Tenemos hambre de ganar todo el tiempo a todos”, dice de modo conciso y explícito. Se le pregunta entonces cuál es su receta para conseguirlo, porque sin dudas, todos los demás equipos poseen ambiciones similares.

“No sabría explicarlo, pero vos ves un entrenamiento nuestro de partido y tenemos ganas de derrotarnos hasta en ese momento; después es la confianza plena hacia el cuerpo técnico y sus planteos de partido, Como confiamos y jugamos por el compañero, somos uno y lo demostramos siempre, un puño cerrado siempre golpea mas fuerte que una mano abierta”, grafica de manera elocuente Tapia.

Tanto él como todos los entrevistados en las semanas anteriores, coinciden en potenciar las virtudes de Gabriel Espósito, el comandante de esta nave exitosa. Miguel describe las cualidades del Zurdo.

“Es conciso, claro, te da mucha espacio para el intercambio de ideas, no se cierra solamente en lo suyo. Entiende que mientras mas cómodos nos sintamos los jugadores, mas fuerte será nuestra confianza a su idea. Además, posee las mismas ganas y hambre de ganar todo como nosotros”.

Su sobrina Brianna es la luz de sus ojos;la pequeñita es hija de su hermano Lucas quien vive junto a su esposa en Olivos. Tiene dos hermanos más: Jorge y  Melany. Los tres residen en San Martín junto a Norma, la madre.

Tiene la posibilidad de dedicarse de lleno a su pasión, ya que además es entrenador de algunas categorías de la Tira B del Club. Una institución donde si bien llegó hace un año, ya la siente como propia. Y describe las sensaciones de haberle regalado una felicidad enorme con el titulo de campeones argentinos.

“Alegría, felicidad, ganas de más. Decía Rodo Mallo, parte esencial del grupo, que lo movía a querer ganar la felicidad provocada en la gente, en los nenes, en los padres, en nuestras propias familias. Sin dudas es gran parte de nuestro combustible interno todo esto que está sucediendo”, asegura.

¿Y qué sigue ahora, con tantos desafíos para el equipo?

“(Risas) Todavía no frené la carrera para ponerme a pensar; nos quedan desafíos por delante y queremos ganarlos!!!!. Ya en diciembre, cuando estemos brindando, seguramente haremos un análisis individual y grupal de toda esta locura que venimos viviendo”, responde con entusiasmo.

Miguel Tapia. Autor del gol en la Final que devolvió oxígeno al equipo cuando todo asomaba complicado. Recostado en el amor y cariño de su familia, disfruta de este 2017 inolvidable.