“Hace quince años atrás, se muda al lado de mi casa, y un día, regresando en bicicleta, como lo hago siempre, me para y dice: ¿vos sos profesora de gimnasia?. Le respondo de manera afirmativa, y entonces me cuenta que en el club necesitaban reemplazar a una profe que se iba a un viaje. Me presento en Porteño, y tomo la suplencia de Laura, como se llamaba, y les gustó muchísimo mis clases a las alumnas.

Laura vuelve de sus vacaciones, pero con quien estaba de novia, decide casarse, formar una familia, y entonces los horarios disponibles ya no le servían. Fue cuando me pidieron si podía tomar esas horas como titular, y acá estoy”, cuenta Andrea, la profesora de Gimnasia Femenina, que se da en el salón apenas se ingresa a la sede, en el subsuelo.

Llegó mediante Adriana, quien hoy trabaja en nuestra entidad, en las oficinas; como ella mismo lo describe, “llegué de casualidad, y de casualidad ya llevamos todos estos años trabajando en Porteño”.

Ya instaladas las clases desde hace tres lustros, cientos de mujeres han  podido disfrutar de las mismas, y por eso se le pregunta en qué consisten, como se desarrollan y hacia que público están enfocadas.

“Están dirigidas a todo público; mantenemos el sistema instalado desde hace muchos años atrás por el club, pero ahora es más abierto. Es apto para todas las socias, e intentamos hacerlas flexibles, con el objetivo que puedan adaptarse a las mismas una jovencita de 15 años como una señora adulta de 70. Es una actividad muy aleatoria, podríamos decir también relajada; está basada en las ganas que tengamos el día de clase. Está muy bien diseñada para contener a todas las edades, y lo mejor, se sienten plenamente incluidas; y si bien trabajo con un grupo grande, intento no generalizar entre todas. Si veo a una en particular, necesitando algo extra, o está impedida de realizar cierto ejercicio, trabajo sobre ella en algo apto para sus necesidades y capacidades. Si bien vienen todas por lo mismo, el sentirse bien, efectuar actividad, bajar de peso, fortalecer los músculos, también está el tema salud, por prescripción médica”, explica.

Dentro de esas sugerencias profesionales, están presentes el bajarla la glucosa o el colesterol; pero más allá de eso, las alumnas se acercan para divertirse y pasar un rato agradable.

“Son clases amenas y divertidas, conversadas, pero sin dejar de hacer la actividad. Tengo gente a la cual le cuesta mover sus extremidades, y sin embargo están adaptadas al grupo y trabajan de manera localizada y puntual, cada ejercicio que les voy diciendo”, agrega.

Referido a los ejercicios que se practican, comenta:

“Trabajo mucho con las técnicas de posturas, porque soy muy exigente en ese aspecto. Nos enfocamos también en la elongación ; lo que casi nunca se hace en mis clases es saltar. No estoy de acuerdo ni soy partidaria de los mismos en una actividad, salvo que cierto deporte te lo determine. Se puede hacer una aeróbica excesivamente fuerte sin necesidad de tener a la persona con la rodilla al pecho; de allí el nombre de Gimnasia Femenina, porque no se trata de trabajos bruscos y así dañar a personas con problemas de rodillas, escoleosis, con hernias de discos u operadas. Aún asi, si tienen algunas de esas complicaciones, con la autorización médica, pueden participar igual. Se da mucho sobre el trabajo en piernas, glúteos y abdominales; la clase está distribuida de la siguiente manera: hacemos una entrada en calor específica, o aveces generalizada, para aumentar la frecuencia cardíaca y entrar en calor cada parte del cuerpo. Después, trabajamos un grupo muscular grande (gluteos, piernas) y chico (brazos, pechos, dorsales, espinales, gemelos); lo que si o si se realizan en todas, es abdominales. Al disponer de tantos músculos en el cuerpo, las clases son muy variadas en las semanas”.

Para ejemplificar lo aleatoria de ellas, cuenta:

“En una jornada de frío, tal vez llego y quieren hacer aerobox; entonces practicamos eso, aunque siempre con la misma conciencia que nadie allí es profesional y donde puedan llegar chicas nuevas que nunca estuvieron en clases. Entonces, desde la más principiante hasta la que está desde mucho tiempo conmigo, se sorprende porque siempre va a encontrar algo nuevo”.

Se le pregunta si para sus clases hay un límite de capacidad en cuanto a las alumnas.

“La cantidad es muy variable; las chicas tienen libertad de horarios y eso radica en que un día se les ocurrió venir a todas juntas, no es un problema, porque el espacio es muy amplio, Además, trabajo en grupos, pudiendo identificar a cada una de ellas con quienes está más apta para estar en parejas o pequeños grupos. Estoy trabajando con un número de entre 25 y 30 alumnas, y siempre hay espacio para mas, por lo que están invitadas a sumarse. Siempre voy a preferir más, porque las clases se hacen mas amenas, hasta para ellas mismas”.

Las clases de Gimnasia Femenina tienen la responsabilidad de la actividad, pero siempre en el marco de la distensión, el entretenimiento y el ambiente de asistir a relajarse, cuidar el cuerpo, la salud y divertirse. Que no sea una rutina obligatoria ni tediosa, sino un espacio para congeniar con inquietudes similares.

Una de las tantas opciones con  las que cuenta Estudiantil Porteño en la sede.