«Hace quince años atrás, se muda al lado de mi casa, y un día, regresando en bicicleta, como lo hago siempre, me para y dice: ¿vos sos profesora de gimnasia?. Le respondo de manera afirmativa, y entonces me cuenta que en el club necesitaban reemplazar a una profe que se iba a un viaje. Me presento en Porteño, y tomo la suplencia de Laura, como se llamaba, y les gustó muchísimo mis clases a las alumnas.