Anoche, en calidad de visitante, el equipo superior de Voley consiguió su primer triunfo en la División de Honor. Fue ante Bella Vista, por tres sets a cero, y de eso modo cortó una racha negativa de cinco caídas. Por el sistema de puntuación, los dirigidos por Fabián De Valais están instalados en la posición 12, y de acuerdo al mejoramiento colectivo evidenciado jornada tras jornada, seguramente llegarán nuevas victorias.

El sábado pasado, en un cotejo intenso, y de alto vuelo técnico, nuestros muchachos cayeron en casa contra Náutico Hacoaj, en un tie break favorable a los de Tigre 17-15. Realmente pudo ser para cualquiera, pero sobre el resultado, quedó muy en claro que ya Porteño se va adaptando a la máxima competencia metropolitana.

Durante la semana, previo al cotejo de anoche, hablamos con Diego Bonini, una de las incorporaciones, y sin dudas, el jugador más destacado del equipo. No solo por experiencia, antecedentes, sino por la actualidad, que lo muestra como el as del plantel, y sobre donde se recuestan sus compañeros al momento de buscar los puntos para ganar el partido.

Diego llega al club tras una dilatada carrera, que no solo incluye campeonatos en la Liga Nacional, vistiendo casacas pesadas como las de UPCN y River Plate, sino un paso por el exterior, en plazas tradicionales como España, y otras exóticas, como Chipre, Finlandia y Rumania. La charla se da durante la tarde del lunes, y es tan rica, que la vamos a escribir en dos partes. No solo de voley, sino las enseñanzas de haber vivido en culturas tan disímiles como la nuestra.

La conversación comienza con el análisis del juego contra Hacoaj.

“Coincido en que fue un gran partido el realizado, de hecho la gente se fue acercando y para nosotros los jugadores, terminó siendo una sensación ambigua. Por un lado, saber que los tuvimos cerquita, y de hecho el partido terminó 17-15 en el tie break; pero a la vez, conformes por el modo como se jugó. Estamos todos de acuerdo en que hubo batalla, existieron posibilidades, y de a poco, la cara del equipo irá cambiando. Esto no es mágico, y convengamos que Porteño viene de jugar en otra categoría, y hacerlo en División de Honor no es simple; hay muchos equipos con varios años en esta divisional, y Hacoaj es un ejemplo. Desde que vengo jugando los metropolitanos, veo a los mismos chicos y eso es una ventaja. Pero la nuestra es que en este nivel, tenemos el vaso completamente vacío, y a mi me recibieron con los brazos muy abiertos; estoy muy cómodo y conforme con mis compañeros. La verdad, hay una humildad y ganas de laburo muy importante; y me abren el juego para saber si puedo transmitir un poco la experiencia. Y esa necesidad de los chicos por aprender, será lo que Porteño se convierta en un equipo peleador y lindo de ver. Fue lo observado el sábado, porque la gente se acercó a felicitarnos por el partido. Volví a mi casa y le decía a mi mujer lo gracioso de perder un encuentro y que vengan a felicitarte, y eso es algo a valorar, porque pudimos demostrar la mejora de acuerdo a los primeros partidos”, comenta Diego, de una manera locuaz y tranquila, casi en las antípodas de como se muestra dentro de las canchas, donde derroca energías, arengas a sus compañeros y esas ganas de festear los puntos.

Enseguida, la consulta sobre qué le sedujo para recalar en Estudiantil Porteño.

“Tal vez me halló en un momento alejado del voley; en realidad uno no se aleja nunca, siempre miro partidos,  de hecho estoy estudiando Preparación Física y quiero volcar en el voley todos los conocimientos. Cuando hablé con Fabi, le fui claro diciendo que no jugaba desde el año pasado, pero me planteó algo distinto que no me pasaba en otros lugares. Siempre me contrataron para hacer puntos, y si bien me quería para eso, pero buscaba en mi poder darle al equipo esa cuota de experiencia que hoy está faltando. Pero estos chicos van a agarrarla rápido, porque el torneo es muy exigente, donde se juegan dos y hasta tres partidos por semana; entonces, la experiencia tenés que agarrarla enseguida. Eso me atrajo, la pedagogía me atrae mucho, y la apertura que tiene el grupo para conmigo y eso corroboró las ganas por sumarme. Hablando con mi familia, les decía que tal vez los últimos años, no estaba disfrutando como antes el voley, se me estaba tornando pesado, pero ahora me cargué nuevamente de energía”, comenta Diego.

Sus inicios deportivos fueron en el rugby, en el club DAOM. En ese tiempo, tuvo un accidente donde fue atropellado por un auto, y padeció fuertes traumatismos de cráneo, con dos meses internado en terapia. Al estar obligado en descartar ese deporte por los riesgos de choque, se sintió atraído por el voley, ya que su hermana lo jugaba en el club Gimnasio Chacabuco, de Parque Chacabuco, cerca de Flores. De allí recaló en Ciudad de Buenos Aires, y como el define “sin saber jugar”, lo citaron a la selección juvenil, seguramente por su gran talla y portento físico.

“Me descubre Marcelo Méndez, quien era en ese momento técnico de River Plate. Actualmente es multicampeón en Brasil, y a mi criterio, uno de los mejores técnicos del mundo; pero no por mi opinión, sino por los resultados logrados. Llego a River, y ahí puedo decir que comienza mi carrera profesional; estuve dos años y parto a Finlandia, Rumania, Chipre. De Chipre regreso al país para jugar en Belgrano de Córdoba, para regresar a Europa, en República Checa y luego a España, en Palma de Mallorca, la frutilla del postre. Desde lo personal, allí gestamos a nuestro Dante, y junto a mi mujer tomamos la decisión que nazca en Argentina. Entonces, me vuelvo a jugar en Boca, paso a UPCN, donde salgo campeón nacional. Tras retornar a Boca, me sumó al proyecto de Lomas, Pilar Voley, para dedicarme al Metropolitano”, explica, dejando constancia de la inmensa experiencia que trae para sumar a Porteño.

Junto a los equipos, llegaron los trofeos: catorce campeonatos ganados, una cantidad sin dudas bastante importante. Ligas Nacionales, Super 4, Copa Aclav, Metropolitanos, y Ligas en Rumania, República Checa, Finlandia y Chipre.

Dante tiene siete años, juega al rugby, pero tiene muchas ganas de comenzar con el básquet. Su esposa se llama Yanina. Estudia en el ENADE (Escuela Nacional de Entrenadores).

“Es una escuela formada por Sergio Parra, quien se desempeña como profesor en Boca, y Norita Coppel, la única atleta argentina con tres olimpíadas en levantamiento de pesas. Es de muy alto nivel, muy actualizada, y si Dios quiere en agosto ya estaré terminando. Estoy como profe pasante, participando bastante en las clases prácticas; porque la escuela tiene la modalidad que hay mucha teoría, información y contenido, pero a la vez, las prácticas. Y si no las aprobás, no podés enseñar. Porque tiene el concepto que no podés hacer algo que no sabés. Ese es el prestigio resguardado, y si todo sale bien, en pocos meses me recibo”, explica.

Momento de hablar sobre la experiencia de vida aprendida por el mundo. Y el cronista le pregunta por su paso en Chipre.

“Chipre es una linda fiesta, no te olvides que es una isla en el medio del Mediterráneo, en el medio de Grecia y Egipto, y al costado, a Israel. Es una isla rica; imaginate que todo el comercio mundial, en aquella época de is griegos y persas, pasaba por allí. En este momento está dividida por los turcos y griegos, y si bien no hay guerras, hay un problema político, dividida en el medio por los Cascos Azules. Gracias a Dios me tocó la parte griega, por una cuestión cultural; el nombre del equipo donde jugaba era Dionisos, que en la mitología griega era el dios de la fiesta y el vino. Con eso te digo todo…. Teníamos un presidente bastante adepto a los excesos; yo me fui a jugar con un amigo, y entre los propios jugadores nos poníamos un  límite. Porque ganábamos cualquier partido intrascendente, y el tipo ya nos llevaba a celebrar toda la noche, siendo el último que se iba de los boliches. Nos íbamos nosotros antes, para ir a descansar y prepararnos para el otro partido. Es una isla hermosa, aunque desgraciadamente después de la crisis griega, la situación está un poco más complicada; pero no deja de ser un paraíso en medio del Mediterráneo”, señala.

(Continuará)