“Ella siempre está para mi, no hay momento donde no la tenga. Siempre va a todos los partidos, incluso si hay un abierto en alguna provincia, ella me acompaña. Me lleva de acá para allá, en el medio de transporte que sea, simplemente para que yo esté feliz. La admiro muchísimo, todo lo que soy es gracias a ella y sin dudas es un ejemplo a seguir”.

Hacia el final de la charla, Nazarena Miranda se refiere a su mamá Antonia. Tan conmovedoras palabras surgen cuando se le pregunta sobre su familia, y ella responde que vive con su madre y es hija única. Perdió a su padre Rubén cuando apenas tenía cuatro años.

Indudablemente, ese golpe fuerte de la vida la fortaleció, hallando el respaldo emocional y afectivo en su madre. Las incidencias dentro de una cancha de voley, son detalles menores ante lo narrado, y por eso juega con prestancia, seguridad y aplomo. Es líbero, categoría Sub 15 de segundo año, pero su entrenador decidió que directamente participe con las Sub 17 y Sub 19.

Como si fuera poco, junto a Renata, llamada este fin de semana a integrar la Selección Metropolitana Sub 15, que disputará el Argentino en Chaco, en pocos días.

“Es una alegría enorme haber sido seleccionada para la Selección Metropolina, será una gran experiencia”, puntualiza al hacer mención a dicha convocatoria.

Si bien defenderá los colores de la Federación en la categoría de su edad, se maneja cómoda y a gusto con sus compañeras mayores.

“Me siento muy bien, muy acompañada con las chicas que juego. Gracias a ellas y a la confianza recibida en cada pelota, puedo jugar como lo hago”, expresa agradecida hacia ellas.

Comenzó a jugar hace pocos años.

“Empecé cuando tenia 12 años. Junto a mi prima nos gustó este deporte, pero cuando estaba en primaria no lo podía realizar, porque iba al colegio a la tarde. Igualmente, allí había un taller en el cual se practicaba voley y me quedaba porque no podía entrenar en un club. Cuando comencé la secundaria, iba a la mañana, por lo tanto, antes de comenzar las clases, fui a entrenar voley en el Estudiantil,porque ya hacía tenis y conocía el club”, rememora Naza.

 

Con respecto a las relaciones amistosas conseguidas en la entidad, cuenta:

“Cuando comencé, el club era un lugar lleno de amigos, donde además de entrenar, venía a divertirme con ellos. Pero con el paso del tiempo, eso cambió, porque debo entrenar con otros horarios. Igualmente, tengo un hermoso grupo de amigas dentro de mi equipo”

Se le pregunta si desde un primer momento es líbero, o es una posición que le fue hallando el entrenador.

“En un primer momento, era armadora pero tampoco tenía bien definido el puesto. Pero un año después, Rodrigo, mi entrenador, en un entrenamiento, nos dijo a una amiga y a mi que nos probaría de libero. Justo por esa fecha, se jugaba el abierto sub15, por lo tanto, Guada jugó el primer día como libero y el segundo en adelante, jugué yo. A partir de ahí siempre fui libero y me gusta mucho esa posición aunque a veces se extraña un poco atacar (risas)”.

Cuando se le pide una explicación sobre las funciones de esa posición, dice:

“Para que se entienda bien, mi función es poner el pase, ya sea recepción o defensa, en la cabeza de la armadora para que pueda armar sin dificultades a la atacante”.

Estudia en el Colegio Santo Tomás de Aquino, donde cursa el cuarto año de secundaria. Junto a los estudios, el voley, como parte fundamental de su vida.

“Siempre lo quiero tener en mi vida, voy a hacer lo posible para que sea asi. Me gustaría seguir psicopedagogía, pero no es algo definido, aún me faltan tres años para comenzar la facultad. Pero esa carrera sería una opción”, señala.

Nazarena Miranda, una entrañable jugadora de voley, talento puro de las formativas en permanente ascenso, en cuanto a cantidad y calidad. Humana y deportiva.