“Las risas y esas caritas de felicidad de los nenes al recibir sus regalos, para mi es impagable. La devolución que te hacen con tanto amor, es una cosa increíble. Ya llevo muchos años en esto, y no dejo de sorprenderme ante el amor que me dan”.

Estella Aliotto,junto a su esposo Augusto, administran desde hace varios años La Morocha, un merendero que funciona en Virrey del Pino. ubicado en el kilómetro 39 de la Ruta 3. Y como viene sucediendo, la subcomisión de básquet recolectó en los partidos previos al Día del Niño, ropa y juguetes para ser entregados a las decenas de pequeños que asisten cada tarde a recibir su merienda.

“Se pudo cubrir en parte,las necesidades emocionales de los nenes. Estaban muy entusiasmados esperando su regalo, principalmente con la rifa de la bicicleta. A todos se les dio un juguete, pero luego se rifó, además de la bici, un triciclo y una guitarra que venía con micrófono. Una nena que está por cumplir los cuatro años, apenas vio la guitarra, dijo que quería hacer música, porque le gusta, y no se apartaba de la misma. Tuvimos la merienda con cada uno de ellos, y al momento del sorteo, la niña se ganó la guitarra. Uno de los nenes se ganó la bicicleta, y su mirada quedó paralizada cuando se enteró que sería suya.Literalmente no se movía, de la emoción”, expresa Estella, aún con los resabios de una jornada única, como cada una donde tras la solidaridad, el esfuerzo y el trabajo, se pueden juntar tanto ropa,juguetes y alimentos, que le permite al Merendero continuar, a pesar de los momentos duros que se viven.

“El triciclo lo sacó un  nene chiquito, prácticamente un bebé; porque lamentablemente estamos viendo una generación, que son los hijos de las chicas que hace unos años atrás le dábamos la merienda, cuando tenían 10 u 11 años. Hoy con 16 y 17, son madres, y algunas hasta tienen dos criaturas”,admite, como reflejo de un indudable deterioro en el tejido social. Sin espacio para la crítica, prejuzgamientos o cualquier tipo de opinión que no suma, ellos redoblan las ganas de poder sustentarlos.

“Como sobraron juguetes, esta semana los vamos a llevar para que el sábado sean repartidos en un merendero de Merlo”, agrega, disipando cualquier eventual comentario negativo.

Se le pregunta si en este tiempo, la cantidad de niños acudiendo para poder tomar algo caliente y comer en una especie de merienda/cena, comenta:

“Como siempre existieron muchos, no se si existe una barrera para decir que se sumaron más. Lo que si puedo decirte es que hay más mamás adolescentes. No hay una guía real en educación sexual, y entonces eso hace que haya mas nenes. Antes, la franja estaba entre los cuatro y once años; hoy la misma se ensanchó de uno a once, y quizás desde ese número, puede ser que sea el reflejo de una realidad dura”.

Cuando se hizo el Bingo,en el quincho del Club, se habló con ella, e hizo una movida donde se pudiera juntar para el Día del Niño. En esa actividad se recolectaron tres bolsos, y fue el puntapié inicial para seguir solicitando ayuda. Fue así como llegó la bicicleta, una cantidad de peluches, culminando con una cantidad importante de juguetes. Y ropa.

La emoción de los niños, conmueve y anima a seguir profundizando por estos caminos, con el fin de poder dar una mano a los más necesitados. Sobre todo,a quienes son ajenos de toda responsabilidad,como los pequeños. El éxito y los deseos de reiterar estos instantes que dejan marcas alegres en el alma, llevan a estar pensando en una actividad mayor, con detalles pronto a conocer.