El Hockey femenino tuvo un gran año, con la Primera consiguiendo el subcampeonato Panamericano en Recife, Brasil, y sus juniors campeonas. Además, el equipo superior también se coronó como el mejor en el Metropolitano.

En ambos equipos, jugó Camila Guido, quien además se dio el gusto de integrar el seleccionado argentino Sub 16 que compitió en San Juan.

“Este año salimos campeonas con las Juniors en el Torneo Metropolitano, y el entrenador Guido González me convocó en varias oportunidades para formar parte del plantel de Primera División que también salió campeón del Metropolitano. A partir de allí, surgió la posibilidad de participar del Campeonato Panamericano Recife 2017, y por supuesto para mi fue un honor y un orgullo ser parte del plantel. Viajamos a Brasil haciendo un gran esfuerzo económico de parte de nuestros padres y fuimos con las valijas llenas de ilusiones. Fue una experiencia que se da pocas veces en la vida, competimos con otro países y pudimos desplegar el hockey que nos caracteriza. Llegamos a semifinales, fue un partido de esos que te dejan sin aliento, fuimos a alargue y en el segundo tiempo del alargue pudimos convertir y pasar a la final. Fueron un montón de emociones juntas, porque teníamos a todo el estadio en contra y haber pasado a la final en un Panamericano fue algo que nunca nos hubiéramos imaginado”, expresa Camila, con la frescura de sus quince años, acerca de ese momento inolvidable, ganándole el pasaje a la final al anfitrión.

Sobre la final, comenta:

“Nos cruzamos con UVT de la provincia de San Juan; un partido que quedará grabado en mi memoria para siempre. Si bien perdimos uno a cero, estuvo para cualquiera de los dos. A pesar del cansancio, jugamos hasta el último segundo sabiendo que lo podíamos ganar, teníamos con qué hacerlo; lamentablemente no se dio, pero de todas maneras nos fuimos con la sensación de no guardamos nada. Fue un orgullo haber participado y traer a Porteño ese segundo puesto que quedará seguramente en la historia de nuestro club”.

Cami cuenta como fueron sus inicios en el Hockey del club.

“Empecé desde los seis años, y era uno de los primeros días que yo andaba por el club. Estaba junto a mamá con las zapatillas de rueditas, que en ese momento estaban a la moda. Mi mamá se cruza con Juan Freire; ellos se conocían por haber hecho un curso juntos. Él me vio con las zapatillas y me dijo que vaya a probar este deporte y acepté. El primer entrenamiento tenía vergüenza de usar otros patines, así que no hice nada pero me quedé a ver y me encantó. En el otro entrenamiento me llevé los patines que eran de mi mamá de chiquita y empecé a patinar agarrándome de la baranda. Cada vez que progresaba, Juan me daba más herramientas para seguir”, evoca esta estudiante de quinto año en la Escuela 126 Antonio Berni, del barrio Don Bosco, en Ramos Mejía. Pasó de curso sin llevarse ninguna materia.

Su amor y pasión por este deporte le lleva a hacer muchos sacrificios junto a su familia, y desde su mayor anhelo, en ocasiones especiales pide por cosas específicas.

“Este es un deporte que te hace viajar mucho; esto implica un esfuerzo económico de parte de toda la familia, que me apoya para mis cumpleaños. Para las fiestas lo único que pido es plata para ahorrar, y de esta manera poder hacer los viajes a los Argentinos. Mi papá Gabriel y mi mamá Maura son unos capós, me apoyan en todo lo que hago; trato de responderles de la mejor manera, sea estudiando y aprobando todas las materias, ya que tengo que faltar muchos días a la escuela y a veces se hace complicado”, puntualiza de manera sincera y querible. Junto a sus padres, el núcleo familiar lo completa su hermana Florencia.

“Tengo seis tíos y una cantidad innumerable de primos. Una de mis tías cuando era joven también hacía hockey sobre patines y de ahí usé mis primeros palos. Gracias a ellos en todas las fiestas y cumpleaños me ayudaban a pagar mis viajes, ya que en los primeros mis papás no me pagaban porque los quería pagar yo y lo único que pedía era plata”, afirma nuevamente acerca de la razón unilateral por la cual peleaba y pelea por sus sueños en este deporte.

Siendo tan jovencita, se le pregunta acerca de sus sensaciones al integrar el equipo de primera.

“Al principio me sentí un poco rara porque jugaba contra chicas donde algunas podrían ser mi mamá; pero después me fui acostumbrado y me encanta. Es difícil entrar en un grupo donde los diálogos son diferentes, pero a medida que estuve me fui adaptando”, admite.

Momento para hablar sobre su paso por el seleccionado Sub 16.

“Al haber entrenado nueve meses con la selección y que el entrenador Hernán Planas me haya elegido para poder ser parte del plantel, me puso muy contenta. Al haber muchas complicaciones, se cambió la fecha del Campeonato de selecciones y casi se superponía con el Panamericano. Hablé con el entrenador de la selección y en un gesto que quiero destacar, me reunió con mis compañeras y me dijo que era una oportunidad que no me podía perder. Yo no le quería fallar ni a él ni a mis compañeras. Entonces viajé desde Brasil hasta San Juan, y llegué dos días después del comienzo del Campeonato. Mis padres hicieron un esfuerzo sobrehumano con su tarjeta de crédito y llegué a San Juan para competir. Esto fue otra gran experiencia para mi”, cuenta, resaltando nuevamente el agradecimiento hacia el esfuerzo de sus progenitores.

Para el final, menciona a sus compañeras de Juveniles, con las cuales comparte más que entrenamientos y partidos.

“Tenemos un equipazo, nos conocemos de memoria y si bien salimos cuartas, estamos para mucho más. Tomás González es nuestro entrenador y estamos trabajando y entrenando a full para darle lo mejor que tenemos, y él hace que en cada partido plasmemos su táctica y estoy segura que en poco tiempo este equipo va a dar un campeonato. Mis compañeras son casi como mis hermanas, tenemos los objetivos muy claros y damos en cada partido y entrenamiento lo mejor que tenemos”, asegura.

Camila Guido, luego de su año espectacular, con Panamericano en Brasil junto a la Primera y defender la camiseta argentina en el Panamericano de San Juan. Todo, con apenas quince años. Promesa de un futuro mucho más promisorio.