En medio de las sensaciones y emociones por este instante histórico para el básquet del club, un momento disponible para la reflexión analítica: el 3-0 con el que se barrió la serie contra Los Indios puede ser engañoso. Fue durísima, y si bien cualquiera opina con el diario del lunes, la verdad es que a esta altura, en los primeros minutos del miércoles, podríamos estar hablando de un 2-1 o incluso un 1-2. El primero de los juegos fue literalmente un parto, y se dio vuelta en el minuto final merced a la jerarquía de algunos jugadores, cuando en la mayoría del encuentro el tablero nos mostró atrás.

El siguiente fue un quiebre que en nada se pareció a los demás enfrentamientos, con un triunfo holgado, que sirvió sobre todo para conseguir la tranquilidad del favorito; es cierto, los playoffs son torneos aparte, pero quedaba como nunca antes en las demás participaciones, el halo de la mayor responsabilidad por parte del equipo de Juani González. Se venció, y la localía asegurada en caso que los de Moreno mostraran invulnerabilidad como anfitriones.

Y llegó el juego de visitante, con un desarrollo donde semejó un cotejo con amplias chances de sellar todo; de hecho, se comenzó el cuarto decisivo arriba por siete. Pero algunos factores que aunaron errores propios y virtudes ajenas, metieron al local en partido, y hasta incluso, pasar al frente en el tanteador. Desde allí, todo fue nervios desde afuera, por el temor a que se escapara un partido innecesariamente. Sin dudas, los playoffs son extensos, extenuantes; pero justamente por esa razón, se deseaba poder terminarla cuanto antes.

Porque si Los Indios fue un digno y gran rival, lo venidero será mucho más exigente. Entonces, con más de una semana de parate antes de afrontar el primer partido de octavos, algunos jugadores estaban necesitando un descanso físico y mental. Y el cierre agónico, luego de los dos libres de Nacho Romani, la jugada del oponente, y restando un segundo la falta sobre uno de sus postes, con la posibilidad de empatar. Erró el primero, y cuando todos imaginaban que erraría adrede el segundo, fue conversión y asunto liquidado.

Ahora, seguramente el merecido descanso, y ya a preparar la instancia siguiente, contra Racing de Avellaneda. Porque para refrendar lo duro de estos instancias, Porteño es el único que selló su clasificación: las otras dos series (Vecinal- Estudiantes y Echague-Huracán), van a cuarto cotejo. Ante la Academia, Porteño buscará seguir escribiendo historia de la buena.

Ahora si, le dejo paso a la emoción: entré a trabajar a este club en aquellos meses iniciales del 2014, cuando el Prefederal era un sueño iniciático de sentarse en la mesa con los grandes. Buena fase regular, y los cuartos de final con el rival de esta noche, siendo ellos los favoritos. Desde aquella noche con derrota y eliminación, se comenzó a diseñar el siguiente Prefederal. Historia conocida, legendaria, y el ingreso al ámbito del básquet nacional.

Las dos primeras ediciones, con vaivenes, actuaciones disímiles, y un factor común, la eliminación en la primera tanda de playoffs. Por eso, en esta, tanto el cuerpo técnico como los jugadores, con el objetivo primario de meterse en zona de eliminación directa (el deseo de clasificar entre los primeros tres tuvo sustento pero no alcanzó), y luego, conseguir lo logrado hoy. La posibilidad de hablar con varios de ellos, y la certeza que esa meta era de muy posible concreción. Pero hasta el instante de no conseguirlo, todo está en deseos; y por eso, cuando restaban pocos segundos, y Los Indios mantenía las posibilidades de alargar la serie, los nervios (al menos por parte mía), se mantenían en alto.

Pero llegó el final, y se concretó el segundo anhelo. Otra página de gloria para el club, que ya nada ni nadie podrá borrar. Ahora bien, ¿quien frena los deseos e ilusiones por seguir? En definitiva, acá hay nombres y hombres con mas ganas que uno. Seguramente, cuando en el transcurrir de los días, comience a charlar con ellos, me manifestarán sus reales intenciones que el horizonte de competencia se ensanche. Son los momentos donde las complicaciones quedan de lado, y la mira colectiva se eleva sobre la individual.

Igualmente, si hay algo por rescatar de este grupo, justamente es su despojo de egoísmos. Es el mejor legado que dejan en este año inolvidable: la unión y preponderancia común, encima de las apetencias personales. Cualquiera que entienda un poco de grupos (desde lo laboral, deportivo, etc), se dará cuenta enseguida de ello.

Ahora vienen los octavos. estar entre los mejores 32 de Argentina, entre los 16 de la Conferencia Sur. Lo escribo porque suena hermoso, y al leerlo, mucho más. Solo cuatro años pasaron desde aquella aventura plena de aprendizaje. El progreso ha sido notable. Pero estamos en presencia de un libro que tal vez le reste escribir varios capítulos. La semana entrante continúa este sueño Federal.