«Después de varias reuniones con la dirigencia decidí volver. La familia, sobre todo mis hijas querían que vuelva porque la pasaron muy bien allí cuando estuve esos años, y les quedó un cariño muy grande.Yo sabía que un segundo ciclo en el club lo tendría, aunque sin saber cuando».

Luego de seis años con Daniel Piputto como head coach en el básquet de Porteño, donde se consiguió salir Campeón en el Metropolitano 2022, ambas partes llegaron a un acuerdo para finalizar el vínculo.

Desde ese momento, la subcomisión se puso a la búsqueda de un entrenador, y el primer apuntado fue Juan Ignacio González, quien dirigió aquí del 2013 al 2017, lapso donde se obtuvo el Prefederal 2015, y desde ese instante jugar en el tercer escalón nacional de manera ininterrumpida.

«Combinamos algunas partes en esas charlas y decidí volver. Ojalá esta segunda parte sea tan linda como la primera, donde la pasé muy bien. Mi hija menor Carolinabnació estando en el Estudiantil, y los dos caminos volvieron a juntarse. Me agarra más maduro, la dirigencia buscaba darle una vuelta al proyecto, por lo cual nos pusimos de acuerdo y regresé», señala el entrenador con el curriculum que indica haber nacido como jugador y entrenador en Casa de Padua, ciudad donde reside desde siempre.

Dirigiendo en Primera fue campeón con Padua en 2010, con Porteño en 2015 y con Los Indios de Moreno en 2021. Al cronista le consta que un club «grande» que juega Liga Nacional lo vino a buscar hace unos meses, pero como tenía la palabra comprometida donde estaba dirigiendo para afrontar la reciente Liga Metropolitana (ex Prefederal) les dijo que no.

La realidad es que una semana después, ese club prescindió de sus servicios a pocos días de comenzar el torneo, quedando con las manos vacías…

Allí, agradecido con Institución Sarmiento, que le permitió trabajar como asistente del entrenador, y llegar a la primera ronda  de playoffs, el mismo que Porteño.

Se le consulta el por qué de las numerosas reuniones.

«La verdad que entre mis indecisiones de volver o no, estaba que se venía afrontando este certamen con poco presupuesto, comparado con otros clubes donde llegaron jugadores top para la categoría. Pero quedamos en claro que con una buena gestión se puede armar un plantel competitivo sin hacer locuras económicas. Si seguiremos hablando porque decidí volver a pedido de mi esposa e hijas, y a la vez en Porteño saben que a mi.no solo me gusta participar, sino competir con cierto protagonismo», responde.

Respecto a la plantilla, son pocos los nombres que seguirán. No por cuestiones deportivas, sino por el agotamiento mental de varios, quienes ya le manifestaron que se tomarán un tiempo alejados de las canchas, o si se quedan, será exclusivamente para afrontar el certamen local, que no tiene la exigencia de un Federal.

Ante esas circunstancias, Juani admite que su madurez lo lleva a ver la planificación de otra manera.

«Estoy con más experiencia, me ayudó en eso haber transitado situaciones buenas como no tan buenas. Tratado con jugadores super profesionales situaciones de gestión de grupos. Con el correr de los años me di cuenta que me gusta mucho competir, o involucrarme en proyecto ambiciosos para las realidades de instituciones donde me toque estar. Allí quizas radique mi mayor cambio».

Desde aquella conquista Prefederal (quizás un año antes con las semifinales), el básquet de Porteño se «mal acostumbró» a ser protagonista. Y pasadas algunas ediciones, posiblemente se llegó a un techo y haya llegado el momento de esa vuelta de tuerca mencionada líneas arriba por el DT.

«Los clubes de barrio siempre deben hacer ingeniería tanto en lo económico como lo deportivo. A veces uno trata de traer buenos jugadores que potencien a los proyectos internos, que ayuden a potenciar sus inferiores, más allá que a veces se traten de camadas mejores a otras. En los primeros planos se puede estar con planificación de todas las partes; con trabajo pero además con un esfuerzo económico. La gestión para no ir por seis jugadores, sino dos o tres que puedan estar por encima de la media, y poder dar un impacto fuerte en el torneo», describe.

Y agrega en relación a esto último:

» No quiero jugar por jugar, quiero competir fuerte, y si el rival es mejor que nosotros nos demos la mano y nos felicitemos. Pero teniendo las mismas herramientas que cualquiera».

Allí hay un apéndice donde se explaya.

«Hablé con entre cinco y siete jugadores, y la mayoría me manifestó tener la cabeza explotada. Coinciden que jugar una final a fines de diciembre del 2022 y a las dos semanas retornar para jugar el Federal les dinamita cuerpo y mente. Entonces, en ese punto de inflexión y denominador común que no es normal, le dije a los dirigentes que si debo arrancar convenciéndolos para seguir, arrancamos 0-2 abajo y remarla en el segundo tiempo. Por eso lo mejor es diseñar una ingeniería económica y acorde a la realidad que nos toca, armar un plantel competitivo. Se de mis condiciones pero no soy mago. Obvio, confío en que armaremos algo que sea protagonista».

Firme, ta confirmado, esta Ignacio Siniuk. Thiago Flossi, la joya que regaló el 2023 está con proyectos personales, pero Juani le habló y aconsejar no quemar etapas.

«Está en un 99%», expresa.

El resto, sea por estudios, trabajos o lesiones severas, no seguirán. Por lo que se deberá armar equipo nuevo

En off the record, algún jugador planteó la necesidad de no tener un año como el que se pasó, con una seguidilla importante de derrotas. Y a la vez, por los motivos que no quieren jugar TFB pero si el local, como un guiño del destino se vislumbra allí un auténtico equipazo.

Como info exclusiva recabada en otras fuentes, al Federal irán los 16 clasificados a playoffs y lis cuatro mejores registros entre victorias y derrotas. Porteño está en ese segundo lite y por eso tendrá su décima participación consecutiva. Esa información será dada a conocer por la Confederación Argentina en lis próximos días.

Momento de preguntarle si aquel Prefederal conseguido en una noche épica en cancha de Vélez ante mas de mil personas, ganando un partido tras estar 39 minutos en desventaja en el marcador fue su mayor alegría deportiva, dice:

«La realidad es que disfruté un montón de otras cosas, cada club ne enseñó algo. Tuve la suerte de salir campeón con Los Indios, formar chicos, en un club muy exigente y en donde muchos entrenadores quedan una temporada, pudimos estar cinco años. Hay situaciones positivas, conoci gente muy buena, otra no tanta, pero casa título con el paso de los años lo valorizás más, porque es muy difícil lograrlo y tuve la suerte de conseguirlo alguna que otra vez», puntualiza.

Añade:

«Algo es seguro, uno no puede quedarse con lo conseguido porque sino no crece. Como digo siempre, agua quieta se estanca y pudre. No quiero estancarme y quedarme con lo que alguna vez gané en Porteño, sino mirar adelante, poner objetivos visibles y realizables. Crecer mucho desde la parte personal y deportiva en el tiempo que me toque estar».

Aún no definió su cuerpo técnico, pero estará conformado desde los profesores que tiene la actividad, entre ellos Pablo Barrios, Fede Ale y Javier Cabrera.

«Voy a extrañar a Mati (Izzo) porque fue un bastión importante en aquellos años donde logramos tantas cosas, y mucho de lo que pasó fue mérito de él. Se me hace imposible no asociarlo con aquellos años», rememora Juani sobre su ayudante que en aquel certamen que se ganó dejando jirones de piel en jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, tuvo un rol central en monentos determinados.

Para quien redacta, ese inicio de tercer cuarto ante Caza y Pesca en casa, cuando parecía que todo se iba al mismísimo infierno, la escena de Juani sentado a un costado con la vista y mente completamente ida y Matías dando las indicaciones a jugadores por cinco minutos, sigue siendo inmortal y merecedora de un capítulo en el libro que un día saldrá.

Volvió Juan Ignacio González al básquet de Porteño, tras seis años fructíferos con Daniel Pipitto.

Segunda etapa, donde todos somos distintos, pero con la proyección que aquel transitar sea similar. O mejor.