Este presente magnífico del Fútbol en Estudiantil Porteño, tiene un comienzo, el cual dista bastante de la actualidad. Pero tan importante y fundacional, donde comenzaron a trabajar con una visión a futuro llena de optimismo, lejano en proporción a estos tiempos, aunque con idéntico entusiasmo.

Fue así como llegó Guillermo Reynolds a nuestra entidad, y con un trabajo de hormiga, ladrillo a ladrillo, se fue construyendo y potenciando una actividad que de manera recurrente, va llenando de alegrías y lauros deportivos las vitrinas. Por supuesto, con una base societaria en permanente ascenso y crecimiento, como hito prioritario.

“Llegué a Estudiantil Porteño en 1994, cuando el club estaba en una liga zonal, donde eran muy pocos equipos. Cuando me citan, les dije que una manera de crecer era cambiar de liga para poder obtener mayor cantidad de chicos y potenciales nuevos socios del club.  En ese entonces teníamos una sola tira de cuarenta chicos, participando de la liga LAFI, de Lomas del Mirador; ese año competimos allí y enseguida pedí poder pasar a FAFI, la que más me interesaba buscando el crecimiento de nuestros jugadores. Como en el transcurso del año se sumaron chicos, teníamos la cantidad para completar las categorías requeridas”, expresa Guillermo en un anochecer semanal, sentado junto al cronista en el Buffecito. Muchos recuerdos y anécdotas de quien es sin dudas uno de los máximos referentes del Fútbol de Porteño.

Profesor de Educación Física, recibido en el INEF de Capital Federal en el año 1980; como tal trabajó en el Juan XXIII, y en la escuela Argentina del Oeste. Oriundo de Ramos Mejía, se desempeñó en entidades educativas de la zona.

“Varios de los padres de alumnos míos se enteraron que estaba en el club, se fueron arrimando, porque ya sabían que Porteño era un buen punto de encuentro y contención para sus hijos. Así entonces, sumamos y conseguimos anotarnos en FAFI. Allí nos fue muy bien, porque ascendimos tres años seguidos; arrancamos en la última categoría, en ese entonces la F y subimos tres letras en la misma cantidad de temporadas. Después, los niveles son superiores, y no es sencillo subir, pero nos pudimos mantener. Me encargaba de la parte técnica y táctica”, rememora de una época ya lejana acorde a este presente, pero al cual se llegó gracias a aquella base. Para tomar noción del crecimiento, aún no existía el Futsal en Porteño….

Tras ese comienzo, el momento de continuar creciendo.

“Para continuar con el alza, entendí que se debía dar cabida a los chicos en competencias superadoras, por eso nos anotamos en FEFI, que era la Federación de Escuelas de Fútbol Infantil; hoy día se continúa compitiendo allí. Logramos tener una tira en FAFI los sábados a la tarde, y los domingos, dos en FEFI. Eso demuestra el crecimiento en la cantidad de chicos. Tuve que comenzar a rodearme de gente que me acompañara, y estuvo mi hermano Alejandro, ayudándome, cuando el FEFI jugaba de visitante”, explica.

¿Cuándo es el momento donde Porteo comienza a saltar en calidad?

“Por aquí pasaron categorías donde tuve chicos que actualmente son jugadores de Primera en el fútbol profesional. El Burrito Martínez, clase 85, su hermano de la 87, jugando en Australia; en esa misma, Federico Fazio, actual jugador de la Roma e integrante de la Selección Argentina. Está Lamas, el 5 de Brown de Adrogué, Averza, Junior Ischia, el hijo de Carlos, entre varios que saliendo de acá, llegaron a jugar profesionalmente. Y otros, enormes jugadores, pero no se dedicaron por enfocarse en trabajos y estudios, con unas condiciones bárbaras. Siempre tuvimos calidad humana y deportiva”, responde.

“Considero a algunos chicos preparados para competir, tanto él como su familia, para dedicarse a la competencia profesional, y otros a los cuales no podés decirle no, porque Porteño es un club social. Por eso, nunca traje jugadores de afuera en aquel entonces, y me arreglaba con ellos; los orientaba donde pudieran jugar, y jugaban todos. Esa era la premisa, lo más importante, en mi concepto, era formar grupos de amigos y continuar relacionados a lo largo de la vida. Con decirte que tengo chicos mayores a los 30 años, quienes se siguen reuniendo, viendo. Y casos donde algunos son padrinos de los hijos de compañeros de la misma categoría cuando eran jovencitos. Te lo cuento y se me pone la piel de gallina”, expresa, con evidente entusiasmo y sentimientos genuinos.

Llega el momento de hablar sobre el arribo de Leo Amaya, el actual coordinador de todo el fútbol infantil.

“Lo venía siguiendo desde cuando trabajaba en Jorge Newbery, y teníamos una muy buena relación; veía su manera de conducirse, y el día donde decidí dar un paso al costado, pensé en él, porque le veía el perfil para trabajar en el club. Sin hablar con la subcomisión, fui y lo hice con él, le presenté la propuesta donde trabajaría conmigo un año para no hacer un cambio brusco. Básicamente, era transmitirle los valores de Porteño, las características de los chicos, el respeto, el compañerismo, los objetivos, la dedicación. Lo entendió, no me defraudó, y por eso está desde ese tiempo, tan bien conceptuado”, asegura.

Una vez dado el paso al costado, define gráficamente su relación con el fútbol de nuestra entidad:

“Soy como el cartero que al estar de vacaciones, sale a caminar…cada sábado vengo a ver a los pibes, aunque desde la tribuna, charlar con Leo; me gusta ver las cualidades técnicas de los chicos, ver su hay buenos jugadores, como e arman los grupos. A pesar de haber dejado hace once años, sigo viniendo. Conozco también mucho a Guido (López), porque mi hijo jugaba con él en Villa Real. Conoco a sus padres, y me sorprende gratamente su apego al trabajo en el club, es un tipo que vale oro”.

Como espectador de lujo, entonces se le pide una opinión sobre esta realidad del Fútbol de Porteño.

“Me genera una alegría inmensa, porque más allá de los logros deportivos, que son importantísimos, el Fútsal está nutrido con todos chicos surgidos de aquellos años, y tienen un amor por la camiseta muy grande. Verlos también significa haber dejado una buena huella. Cuando hacen los asados los sábados a la noche, me invitan, y eso es lo lindo que te deja esta profesión”, asegura.

Guillermo hizo las inferiores como jugador en Boca Juniors, donde compartió divisional con Ricardo Gareca, hoy uno de los técnicos más cotizados en el continente, por llevar a Perú a un Mundial luego de 36 años de ausencia; Cacho Córdoba, el Chueco Alves, entre otros. Un grupo de amigos que se reúnen tres o cuatro veces al año, compartiendo anécdotas, vivencias e historias que insuflan el alma de gratos momentos.

Su familia está compuesta por su señora Susana (“me tengo que sacar el sombrero con ella, siempre me apoyó en todo”),  y sus hijos Martín y Patricio.

“Ella me acompañó en todo. Vos pensá que entrenaba aquí toda la semana y los fines de semana estaba tanto con FAFI como FEFI. Ella me conoció así, completamente apasionado por el fútbol, por la enseñanza, y por eso pude desempeñarme tranquilo, porque contaba con su apoyo permanente”, dice con un tono de agradecimiento eterno hacia la madre de sus hijos.

Cuando llegó, este deporte era un campo árido. Se trabajó a destajo, sin pausas, y hoy la perspectiva es completamente diferente. ¿Hasta donde puede llegar Porteño?

“Imagino a Porteño compitiendo en Futsal en AFA. El día que el club pueda tener un microestadio con las dimensiones correspondientes, podremos estar. Porque hay una enorme cantidad de chicos, siempre aumentando ese número, y los logros demuestran poseer la calidad en nuestros equipos. Además, un actor importante es que los entrenadores son en su mayoría los jugadores de Primera quienes nacieron y crecieron aquí, y ese sentido de pertenencia se va transfiriendo a los pequeños. Sigamos creciendo, sin apartarnos de los objetivos primordiales en cuanto a la contención y formación de buenas personas. Y sobre esa base, progresar en lo deportivo; yo creo que tenemos las condiciones para llegar algún día”, señala.

Llegado en 1994, el próximo cumplirá sus bodas de plata aquí, ya su segunda casa.

“Vivo a cuatro cuadras del club, me siento cómodo cuando vengo, charlando y cada año con padres nuevos que no me registran, y preguntan cuando me ven hablando con los responsables del fútbol. Ahí se enteran y entiendo que a esta altura, me reconocen más por las anécdotas de esos años, que por mi actualidad. Una especie de leyenda (risas); cuando veo a esos niños que entrenaba, con sus hijos en brazos, me digo qué viejo estoy (risas). Pero es una hermosa huella. Mi próximo paso es ver a mi nieto jugar aquí”, asegura.

Tiene dos nietos: Bárbara y Rodrigo, hijos de Martín y Natalia. “Esperemos que le guste, tiene tres años. Pero si no le gusta, en el club hay muchas alternativas. No se debe torturar a un niño con algo que no le gusta; estoy convencido que asta determinada edad, debe tener la posibilidad de probar en distintas disciplinas y luego optar por la que más le guste”.

Guillermo Reynolds, una auténtica leyenda del Fútbol de Estudiantil Porteño. Sus semillas en aquel terreno árido, dieron frutos del bueno, y eso permite que en la actualidad, el club sea un referente a nivel nacional, sudamericano, e insertado en el ámbito mundial. No es poco, sustentado por un número creciente de niños que se suman cada año.