“Gracias por estar cerca nuestro en toda esta locura”, le dice Gabriel Espósito al cronista en el final de la charla, la cual se extiende por varias horas, casi las mismas desde que culminó la epopeya del Futsal en Uruguay, e instaló a Estudiantil Porteño en la cima de Sudamérica, venciendo en la final a lo actuales campeones del mundo, Colorado de Brasil.

“Las sensaciones son muy fuertes. Una carga emotiva enorme con muchísima gente que fue hasta Uruguay y se emocionó con lo hecho por estos pibes. Para que te des una idea, solo cuatro equipos argentinos habían salido campeones sudamericanos desde 1970 que se juega la competencia. Nunca un equipo de Buenos Aires y nunca un argentino fuera de Argentina. Se vivía esto como un sueño, era un imposible hecho realidad” expresa emocionado el Zurdo en la mañana del martes todavía con la adrenalina alta por la inolvidable conquista que los ubica ya no solo en los registros de nuestra entidad, sino en el espectro del deporte nacional. Un equipo preparado a conciencia para cristalizar este logro.

“Mirá, es una historia que nace en 2009, debo ir hasta allá. Yo dirigia en juveniles a Simón Argain y Nicolás Caamaño hoy jugadores claves en esta Primera. En 2011 asumo en la Primera División y llevamos adelante el proyecto deportivo de las inferiores de futsal. Surgieron los Carlos D’amato, Ramiro Vassallo, Santiago Verdejo, Ignacio Crescio y otros tantos que no viajaron. A eso se sumaron talentos que vinieron ya de grandes provenientes de otros equipos de futsal o de futbol 11. Pero el común denominador fue que todos son buenas personas, se entregaron a la búsqueda del beneficio colectivo y encima creyeron en cada cosa que les dijimos. Más allá de los buenos jugadores que tenemos se armó un grupo muy fuerte. Y en el torneo en si hubo un nivel de concentración muy alto, tres meses de preparación casi exclusiva. Aumentamos la cantidad de estímulos en los entrenamientos, scoutiamos a los rivales y buscamos acomodar detalles de nuestro modelo de juego para poder ser competitivos en un torneo que superaba nuestro nivel”, comenta Gabriel. Y hace referencia a una preparación exhaustiva, digno de un plantel profesional. Con la salvedad de estar dirigiendo a un grupo de pibes nacidos en el club, con su estudios y trabajos paralelos, por lo que el esfuerzo fue doblemente meritorio.

“Es así como decpis. Todos se sacrifican, todos entregan su tiempo. Se van del club casi a las 12 de la noche por los entrenamientos y al otro día madrugan para ir a trabajar y estudiar. Resignan tiempo de estudio, se retrasan con sus carreras, ponen en riesgo sus relaciones sentimentales y otras tantas cosas. Pero también lo viven como un lugar donde la pasan bien. Disfrutamos de estar en el Club entrenando”, asegura, ponderando las cualidades de sus jugadores en todos los aspectos en pos del beneficio grupal.

El Zurdo es soltero, aunque de novio con Sofía. Su familia la integran su padres Graciela y Luis junto a su hermana Marianella. Estudia Sociología (“hace demasiados años ya”, confiesa), y además de trabajar en Estudiantil Porteño, lo hace en Nolting con la escuelita y es entrenador además de la Selección de Buenos Aires.

“Llegué a Porteño con el inicio de la actividad en el 2006. En ese momento era jugador, lo hice ese año y en el 2007 me fui. Volvi en el 2008 cuando se hizo cargo de la actividad el actual coordinador de las infantiles, Leopoldo Amaya. Me hablaron bien del proyecto que se encaraba y regresé. A mediados de 2008 Leo me pide ayudar en los entrenamientos de las infantiles y arranco mi camino como entrenador. Ya en 2009 empiezo a dirigir la categoría juvenil y en 2010 fue mi último año como jugador. Presenté la propuesta para ser entrenador de la Primera y Leo la aceptó, asi que a comienzos de 2011 empecé a dirigirla. Ese mismo año ascendimos a la divisional A y fue todo crecimiento de allí en más”, detalla con relación a su comienzos en nuestra institución.

Momento de preguntarle sobre si existían en sus mentes las posibilidades concretas de ser campeón, o las esperanzas se supeditaban en efectuar el papel más digno contra rivales profesionales.

“Lo hablé con los jugadores previo al torneo. Había grandes equipos con inmensos jugadores, pero sabíamos que todos tenían puntos flojos. Si preparábamos bien los partidos atacando esos puntos flojos y potenciando nuestras virtudes, estaríamos en competencia. Lo importante era ser competitivos, después los resultados te los definen detalles. La primer fecha le ganamos al tricampeón local, la segunda al campeón paraguayo. Ahí nos dimos cuenta que podía pasar cualquier cosa”, asegura.

Rememorar el camino al título ya es anecdótico, por eso la consulta sobre qué sucedió ante el campeón del mundo desde el primer juego con derrota hasta la final.

“Los dos partidos fueron cerrados y los definieron detalles. A veces esos detalles se tuercen para un lado o para el otro; un palo, una atajada espectacular, un gol claro errado, etc. Si quizás ajustamos algunos detalles, sobre todo el sistema defensivo para marcar a las bestias que tenían ellos. Aprovechamos su cansancio, nosotros llegamos más enteros a ese partido, y aprovechamos la lesión de su pivot (se lesionó en semis) que era muy bueno. La clave estuvo en la defensa y después pudimos aprovechar las oportunidades presentadas”, dice.

Comenta con lucidez desde su rol de entrenador y cabeza de equipo. Pero se le pide una respuesta acerca si ya le cayó la ficha acerca de estar en la historia de Estudiantil Porteño, para siempre.

“La verdad no se si cayó o no. Entiendo que es una locura lo logrado, es inimaginable, hazaña sin dudas. Las diferencias son enormes. Es amateurismo contra varios equipos y jugadores que viven dedicándose a esto. Ojala sea un cimbronazo para poder hacer que el deporte de un salto de calidad en el país y no quede en un suceso histórico y nada más”, afirma.

En las entrevistas durante el desarrollo del certamen a algunos jugadores, todos ellos coincidían al instante de mencionar las virtudes y cualidades que llevaron a Porteño a la cúspide de América: tener al mejor entrenador de Futsal de Buenos Aires.

“Por lo pronto, se me pone la piel de gallina esas declaraciones; dispongo de los mejores jugadores, y eso hace mas llevadera mi función. Que tengan esa confianza ya es un triunfo para nosotros”, comenta.

Conseguido el suceso, la actividad sigue. ¿Cuáles son sus planes inmediatos?

“En lo inmediato, descansar bien esta semana para poder preparar con todo la competencia que vamos a tener a partir del sábado en el torneo local. Después afinar la semana que viene la previa de la División de Honor, la cual se jugará en Mendoza. Y pensando en el año que viene, la base seguirá siendo con jugadores surgidos del Club, los cuales tienen el plus que da el sentido de pertenencia. Si no hay bajas, el grupo se va a mantener igual sumando algunos chicos de inferiores”, responde, descartando la posible llegada de refuerzos ante la exigente agenda prevista en 2018.

Llegado hace una década, comenta sus sensaciones de pertenecer a la familia de Estudiantil Porteño.

“Es hermoso. Ya excede lo profesional claramente. Después de tantos años hay amistades muy fuertes. Y después de una identificación tan fuerte uno pasa a trabajar para el club y no para uno mismo. Como dicen los jugadores “una vez del Porte, siempre del Porte”.

Gabriel Espósito. El Zurdo. Entrenador del equipo de Futsal, quienes el domingo pasado en Uruguay, consiguieron la hazaña de consagrarse Campeones Sudamericanos. El primer equipo argentino que se corona fuera del país. Como para alimentar la leyenda, la que se inició ahora y ya queda registrado para siempre.