Durante la noche del martes, los jugadores de Fútbol están en el quincho, festejando con un asado la obtención de la Copa Metro, luego de vencer el viernes 16, 3-2 a Versailles.

Ya de madrugada, tras el ágape criollo, hablamos con Diego Aguilera, ala pivot del conjunto que dirige Gabriel Espósito, una de las figuras del partido con el que Estudiantil Porteño consiguió su tercer título en el 2017. Y una pieza más dentro del enranaje comandado por el Zurdo, que puso a este joven plantel a la cabeza del ámbito sudamericano y nacional, con varios desafíos por delante, entre ellos el Mundial de Clubes.

“Veníamos golpeados por la final perdida seis días atrás; si bien ganamo a nivel sudamericano y a nivel nacional, queríamos hacerlo en casa, con nuestra gente. Por suerte tuvimos revancha, nos golpeó lo necesario como para sacar fuerzas en el último tramo del año. No había cansancio, lesión,  nada que nos pudiera arrebatar esta final. Y por suerte se dio”, comenta Diego, otro de la cofradía del Banco Santander.

“Parece un requisito trabajar ahí, si querés estar en el equipo jajaja”, agrega con la alegría de un final de temporada insuperable. En el medio de los tres campeonatos, hace una referencia a la final perdida.

“Todos los partidos definitorios y más la final de un torneo, son encuentros aparte, distintos; si bien veníamos trabajando bien esa clase de instancias, hay detalles que los definen. El rival tuvo su merito, aprovechó los momentos, pegó justo y se lo llevó; podría haber sido justo para cualquiera de los dos, pero insisto en que los pequeños detalles lo definieron a favor de ellos”, afirma.

Se le menciona que esos pequeños detalles también estuvieron del lado de Porteño en la final disputada en Mendoza ante Comodoro Rivadavia, cuando restando dos minutos, se estaba abajo por la mínima, y en una ráfaga, lo dieron vuelta.

“Si, tal cual, es un claro ejemplo, nadie te regala nada. Podés manejar gran parte del partido como nos pasó en Mendoza, pero un mínimo detalle lo pagás carísimo. Estábamos tranquilos, de hecho se vio, que faltando tres minutos, no perdimos la esencia que nos llevó hasta ahi.  La gente no podía creer que manteníamos la cordura en ese momento, y creo que eso fue la clave de todo el año: creer en lo que hacíamos. Después la pelota puede pegar en el palo e irse afuera, pero la idea y la convicción iba a seguir siendo la misma”, comenta Diego, quien vive a pocas cuadras del club, solo. Un ex jugador de 11, quien comenzó hace pocos años en el futsal.

“Me inicié en el 2013; como deportista venia del fútbol 11, el cual tuve la suerte de jugar en primera división y al dejar, un amigo me invitó para entrenar. Me gusta mucho la competencia, y al ver lo serio que se tomaban las cosas en el club, decidí quedarme, y de a poco se fue convirtiendo en una pasión, el futsal de la mano con el Club, ya que no jugaría con otra camiseta”, dice. Y tan identificado con la actividad en Porteño, que además se desempeña como entrenador de los menores.

“Especificamente tengo a cargo la categoria Menores, la que se inicia en la actividad, junto con Ramiro Vassallo, compañero del primer equipo. Y la verdad que es otra de mis pasiones, el hecho de intentar formar no solo jugadores, sino ayudarlos a que sean mejores personas el día de mañana; transmitirle los valores y la identidad para con el club, y puedan formarse para ser jugadores de la primera division de Estudiantil Porteño”, cuenta, y agrega al referirse como les fue en la temporada.

“Este año se dio el acceso a los playoffs, a base de mucho trabajo y predisposición al aprendizaje de los chicos, donde perdimos en semifinales, pero pudiendo culminar el año con una victoria por el tercer puesto.  Que la verdad es un lindo reconocimiento para ellos, ya que en esa edad formativa lo que uno busca es plasmar valores que lo lleven el día de mañana a ser mejores personas”.

Volviendo a su rol de jugador, toda esta efervescencia de euforia comenzó en el Sudamericano de Mercedes, Uruguay. Y lo que hoy asoma como lejano, tomando en cuenta lo que arribó después, sucedió hace menos de tres meses.

“Coronarse a nivel Sudamericano, sin haber ganado a nivel nacional, fue muy loco, y no se si alguna vez habrá pasado, pero también fue algo que no pudimos disfrutar o tomar dimensión aún, porque las obligaciones siguieron, el compromiso sigue, y por suerte pudimos sobrellevarlo bien. Ir a jugar la División Nacional de Honor, siendo el campeón Sudamericano, te convierte en candidato automáticamente, y supimos manejarlo, con mucha humildad y mucha entrega. Porque entendimos que más allá del trofeo, queda el camino recorrido, las experiencias, el aprendizaje, entender que lo que nos hizo conseguir estar en lo más alto de Sudamerica, fue el día a día entre las cuatro paredes del playón del Club, mejorar de manera permanente, nos hizo estar donde estamos”, asegura.

No hubo tiempo de festejar como corresponde y merece, ante la seguidilla de competencias. Pero tras la culminación de la temporada, y el advenimiento de las Fiestas de fin de año, habrá seguro al instante de levantar la copa con los familiares, un instante de agradecimiento por el año inolvidable.

“Agradecer haber aceptado la invitación de un amigo que ya no juega en el club, de ir un jueves en febrero del 2013, a entrenar Futsal, agradecer a Gabriel Espósito y al plantel abrirme las puertas e incorporarme como uno más desde el primer entrenamiento. Porque al fin y al cabo me quedo con eso, con este Club, el cual ya es una necesidad visitarlo todos los días, ya sea para tomar un mate, un asado o una charla de cualquier tema. Agradecido de eso, y de mi familia, quien me banca todas mis locuras, de llegar, estar unos minutos e irme para el Club a entrenar, a dirigir o al gimnasio”, comenta.

Como una idea unánime de todo el plantel, palabras de elogio para el entrenador.

“Tuve muchos entrenadores en el fútbol, y en el futsal uno solo, y es el Zurdo. Pero te puedo asegurar que con él, de todos los entrenamientos, sea táctico, técnico, una charla o lo que sea, te llevás algo, aprendes. Eso habla de lo mucho que sabe del deporte, y con respecto a la parte humana, quizas con las palabras no alcanza para describir, porque es incondicional; te enseña con el ejemplo, te habla como amigo, te aconseja como padre y hasta discutís como un hermano (risas). Entonces mucho más para explicar no hay, una palabra que lo puede resumir es Maestro, para todos los ámbitos de la vida”, señala.

Y en el final, unas palabras sobre un 2018 que llegará cargado de desafíos para este equipo.

“Las expectativas son las mismas que las de este año: mejorar entrenamiento tras entrenamiento, porque sabemos que ese es el camino. También sabemos que la exigencia será mucho mayor, con el Mundial de Clubes y Copa de las Americas. Además se le suman al Sudamericano y a la División de Honor. Recargaremos las energías necesarias en estas vacaciones, para desde el inicio, estar al 100% al momento de trabajar y defender el escudo como lo merece e intentar sostenerlo en lo más alto en cada competencia que nos toque”.

Diego Aguilera, ala pivor de un equipo ya instalado en la historia grande de Estudiantil Porteño. LLegado hace cinco años, ya es un hijo más de nuestra institución.