“Por fin pudimos ganar”, me decía Santiago cuando se iba para los vestuarios. En sus palabras, estaba sintetizado el sentimiento de alivio por parte de toda la familia de Porteño, pero sobre todo en ellos, los protagonistas. El comienzo con las dos caídas era tal vez un panorama no previsto en la antesala del certamen, y encima, la doble jornada implicaba recibir a Lanús, uno de los que mejores se armó y que venía con dos triunfos. La posibilidad concreta de sumar otro traspié ya comenzaba a trastocar el diseño de trabajo, porque como bien me decía Juani en la nota semanal, los objetivos quedan condicionados con los resultados, y un 0-3 aceleraba fastidios, y un clima diferente en la semana de entrenamiento.

El comienzo del juego vislumbraba, encima, que los problemas para la conversión se extendían, ya como una dificultad preocupante, merced a los yerros insólitos debajo del aro; ya no solo con los lanzamientos de media y larga distancia, sino en bandejas solitarias. En este nivel, y contra este tipo de rivales, se paga carísimo. Y si no pasó eso, fue justamente porque la defensa, el punto alto del equipo y fiel reflejo del gran laburo de lunes a jueves, funcionó de manera óptima, sino tal vez, como en otras ocasiones, Lanús sacaba 20, y padecer con los sentimientos de decepción por comenzar otra vez a remar desde el subsuelo.

Hubo dos Porteños bien diferenciados: el de la primera etapa, y el del segundo tiempo. Para eso, bastó que de una buena vez, se le abriera el aro a Nacho Romani, y muestre ante el público lo animal que es cuando está con la mano caliente. Las redes se incendian, y con las bombas perfora la estima rival. De los cuatro triples, el último fue exponente de eso, con una defensa granate que al verlo con un metro de distancia, no atinó a taparlo, la bola entró limpia, levantó a la tribuna con su grito y brazos en alto, y quedó constancia que salvo un cambio muy brusco en los dos minutos restantes, el triunfo se quedaba en Barcala.

Antes de eso, cuando los nubarrones no despejaban el cielo azulgrana, existieron puntos a mencionar. Quiero destacar primero a Hilario Gutiérrez; tiene a la hinchada a su favor, porque lo ve entregado a su función, silencioso, rendidor, efectivo, y con un corazón enorme. Hilario entró con el pie derecho, y en la proyección de un equipo con aliento largo en la competencia, va a ser receptor, con este funcionamiento, de muchos aplausos y ovaciones más.

Hablando de entrega, Pablo Barrios parece haber surgido de nuestra cantera. Juega como un hincha, y desmiente su edad cronológica tirándose al suelo como un pendejo con la sangre turgente. Si un tipo como este hace eso, le baja implícitamente línea a los demás como deben afrontarse estos encuentros, donde se jugaban mas que dos puntos. Mucho más. Estuvo errático con los triples (1 de 7), pero toda estadística queda en segundo plano cuando uno lo vio en la semana con las dificultades físicas que arrastra, saber (dicho por él mismo al cronista) los sacrificios y esfuerzos de las 48 horas últimas para poder llegar en las mejores condiciones posibles al duelo contra el puntero. Además, cuando Mansilla parecía que se llevaba todo por delante y postergaba las ilusiones de ganar, se complementó con Hilario, doblaron la marca y anularon al poste contrario. Fue una inmensa performance en ese rubro, y se lo dije como forma de elogio: “A cuántos Mansilla te deglutiste en tu carrera”. Su gesto fue elocuente…

Roly fue una gran apuesta de Juani, poniéndolo en el cinco inicial. Desde mi escasez de conocimiento supongo que buscó con su ingreso mayor fluidez del balón ante una media cancha oponente con bastante riqueza; porque convengamos, en este lugar no hay buenos sentimientos hacia el base ex vecino, pero nadie puede negar que es un jugador tremendo, acompañado por Lucas, quien fue receptor (tal vez sin necesidad) de abucheos. Le tocó vestir esta camiseta en una temporada donde varias cosas no resultaron, pero su jerarquía es innegable. Frente a ese panorama, Siniuk jugó su mejor partido, y si bien solo metió dos puntos, fue un animal en defensa, con nueve rebotes y dos robos.

Romani se mostró ante la gente, y dejó constancia lo insaciable que le resulta destruir las redes rivales. Cuántas veces hemos vistos bombarderos oponentes liquidar nuestras ilusiones, en diversas canchas. Bueno, ese sentimiento lo deben haber sentido los hinchas granates que se acercaron a Ramos; porque sus misiles dañaron, y fueron dinamitando la fortaleza contraria. Un jugador de otra categoría, que por asuntos personales está en el Federal, y por suerte, vistiendo nuestra camiseta. Levanta las tribunas, le encanta eso, no le asusta ningún escenario, y a medida que siga confluyendo con sus compañeros, será un in crescendo su participación colectiva. Si Barrios es el ídolo, referente y MVP por historia con brillo, Romani apunta a ser el blanco de los dolores de cabeza ajenos.

Guillermo tuvo un estado gripal que lo hizo jugar disminuido. Cabe destacar que el miércoles, 48 horas antes, ni siquiera se cambió y sentado en la banca, observó a sus compañeros entrenar. Entonces, desde esas desventajas, puede comprenderse que no tuvo su mejor noche. Pero yo sigo esperando al Crespo que lo puteaba con la camiseta de River, cuando la rompía cada vez que los enfrentábamos. Cuando enganche con estos compañeros, el nivel del equipo tendrá un salto cualitativo enorme.

Dejé para lo último a Santiago. Es complicado hablar de él sabiendo todos la relación que me une desde hace años desde aquellos tiempos de Midland. Algún día va a jugar mal en esta temporada y lo voy a criticar. Pero entró firme en el club, está jugando de manera soberbia, es el conductor por excelencia y encima cuando hubo que cerrar el juego ante las faltas reiteradas, fue a la línea y metió siete libres consecutivos para sellar la historia. Ya lo conozco, y por eso sabía que mientras retornábamos de la cancha, puntualizaba mas el errado que los otros, pero es parte de su ADN, el inconformismo permanente. Si fue a la línea tantas veces en el epílogo del partido, es justamente porque sus propios compañeros le daban la pelota, sabiendo del corte contrario, y eso refleja la confianza que le tienen. Líder silencioso, juega y hace jugar, y ratifica en estos partidos mi certeza en afirmar que es uno de los mejores bases del área metropolitana. Coordina dentro del campo a un cúmulo de compañeros de jerarquía, y junto a Juani Dameli (ausente por lesión) serán los abastecedores de pelotas al resto.

Ganó Porteño, ante el durísimo Lanús. Ojalá sea el comienzo de las presunciones positivas. Algo es seguro: es un equipo atractivo, y nuevamente la tribuna llena lo constató. Con estos muchachos bravos, junto a la gente que no se muestra pasiva, la localía va a ser fuerte.