«La verdad que la calidad humana que hay en el grupo es invaluable, definitivamente la contención y el sentimiento de familia que se siembra desde el día uno impulsada por cada uno es clave. No solo para mi, que pudiera tener una historia más movida, sino para cualquiera que vaya; nuestro Dojo es una segunda casa donde siempre tenemos un apoyo incondicional».

Carlos Ferrer nació en Venezuela, y por las sabidas razones económicas que transitó dicho país, junto a su esposa Natalia (recién casados) debió emigrar a Ecuador en el 2016.

«En 2018 vinimos a la Argentina; los primeros años vivimos en Capital, pero nos mudamos a zona oeste por tranquilidad. Soy ingeniero electrónico y casi siempre he podido laburar de forma remota», expresa el padre de Lucas (4) y Oliver (2) ambos nacidos en estas tierras.

Justamente, en la búsqueda de encontrar un club donde su primogénito hiciera un deporte, se topó con Estudiantil Porteño.

«Nos mudamos a Ramos hace dos años, y conociendo el club quisimos traer a nuestro hijo mayor (3 años en ese momento) a que iniciara con alguna actividad deportiva/recreacional. Vimos que el karate era una opción, siendo un deporte que promueve el respeto, carácter, disciplina. Yo quería hacerlo con el para que compartiéramos una actividad juntos, pero por ser tan pequeño el sensei Oscar y Ricardo nos recomendaron que esperemos un poco. Entonces me animé a iniciarlo yo solo y aquí comienza esta historia», detalla Carlos una vez ya establecidos en el GBA.

Y continúa con el relato sobre su inicio aquí:

«Siempre practiqué muchos deportes más joven, siendo el tenis el principal. Pero al karate por más que mis padres de chico me llevaron, no le agarré el gusto, tenia la mala concepción de que era algo de mucho contacto y tal vez rudo para lo que me gustaba en esa momento».

Pero siempre hay un pero

«Esto ha sido un despertar para mi, estuve muchos años sin hacer ningún tipo de actividad, y el karate fue como un chispazo que ha empezado a disparar muchas otras actividades, es el eje principal», afirma.

Y ya como integrante de esta actividad en el Club, comenzó a representarlo en diversos torneos, hasta el último con el que cerró la temporada.

«La ultima participacion fue en el ultimo torneo nacional que organiza la Federación Argentina de Karate; es sin duda el torneo más importante y que da cierre a la temporada. Obtuve el segundo lugar en mi categoria, bastante contento la verdad porque en este ultimo hubo un salto en cuanto al nivel en el que participaba, teniendo que hacer katas mas complicados y que requieren una mayor preparación», señala. Y agrega:

«Esto fue una apuesta y un voto de confianza del sensei. Sin dudas un año fructifero con medallas en los torneos que se participó y de mucho trabajo, el cual lo cierro contento».

Se le pregunta si se sorprende de dichos logros, habiendo comenzado relativamente hace poco tiempo.

«La verdad que si, habiendo empezado hace apenas dos años y haber conseguido todos estos logros es bastante surreal para mi. Nunca lo imaginé así, pensé que iba a ser solo un hobby ocasional que compartiría con mi hijo, y resultó siendo toda una experiencia. Más alla de las competencias y los resultados que se puedan obtener, el eje siempre es crecer integralmente con el trabajo que hacemos en cada entrenamiento. La verdad que todo el grupo viene obteniendo grandes resultados y eso habla que el trabajo realizado con poco o menor tiempo es el correcto», responde.

Respecto a las proyecciones hacia el 2024, describe:

«La idea es ya poder participar de las categorias de ranking, que son las que tienen el mayor nivel y poder competir en el mas alto. Va a requerir mas esfuerzo y mayor enfoque, pero estoy seguro que será un excelente año sin importar los resultados. El poder estar a ese nivel de competicion es ganancia».

Carlos Ferrer. Como tantas historias de compatriotas suyos, debió emigrar de Venezuela. Y llegado a este país, el destino lo trajo a Porteño. Y aquí está, agregando capítulos al libro de su vida, con el karate