En 1990, la selección Argentina Juvenil de Básquet se preparaba previo a su participación en el Sudamericano de    . Y en ese equipo dirigido por Guillermo Edgardo Vecchio, estaba Oscar Roca, quien luego de comenzar su carrera en Nolting, pasó por Estudiantil Porteño, jugando en nuestra entidad su último partido allá por 2015.

Una semana antes de emprender el viaje, jugaron un amistoso frente a Racing Club, en Avellaneda, quien entre otros, tenia en sus filas a Marcelo Peralta, alias «Barny» en la serie El Marginal, encarnando ese personaje aliado al clan Borges.

«Vuelco una pelota, y sin querer lo rozo al Pocho; en otra jugada, nos cruzamos y de una me partió. Medio que nos peleamos fuerte, pero al tiempo, compartimos equipo en Social Lanús, y hablando de ese tema quedó como una anécdota. Me dijo que lo agarré en un mal día, y quedó todo allí. Quedamos como grandes amigos y compañeros; el Pocho era un tremendo pivot, con juego friccionado como el mío», expresa Oscar, en la noche del lunes, contando entre risas aquella experiencia, siendo un detalle menor dentro de la alegría de haber estado en una plantilla con enormes jugadores, quienes se consagraron campeones sudamericanos.

«En esa selección tuve la suerte de estar con Rubén Wolkowisky, Jorge Racca, Claudio Farabello, Cristian Aragona, Facundo Sucatzky,terribles jugadores. El base era Gabriel Cocha, imaginate… salimos campeones invictos de punta a punta», rememora de aquel certamen jugado en la Universidad Tecnológica de Santa Fe, donde derrotaron en la final a Brasil.

Antes, cuando era Cadetes Mayores, también vistió la celeste y blanca, y salieron campeones en el Sudamericano de Brasilia, con Gustavo De Benedetti como director técnico.

«Añejandro Montecchia, Facundo Sucatzky, Jorge Ball, entre otros, éramos un equipazo. También salimos campeones, en 1988, invictos», agrega.

Durante su período formativo, tras su paso por Porteño, emigró a Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque y San Andrés. Fue en la institución de Malaver donde culminó su etapa de inferiores.

«A mi entender, una época con inferiores terribles en los equipos metropolitanos; todos sus equipos estaban fuertes, y cientos de jugadores jugaron en los niveles altos de Argentina. Todos los equipos de Liga y Liga B, tenían algún jugador salido de la Metropolitana!, señala. Aunque aclara:

«Veo mayor preparación en los chicos de ahora, se juega otro básquet. Y en Porteño hay mucho talento, posee una gran cantera».

Hubo un momento, donde las puertas de ir a jugar al exterior estuvieron abiertas.

«Vino una oferta de Italia, y debía ir al Hotel Sheraton para firmar el contrato que me unía al Scavolini de Pesaro, de la Liga Italiana. Pero en el trayecto del viaje, llega una información, donde se caía todo el tema de los oriundos, y no llegué a tiempo con la ficha….Los clubes de Italia hicieron huelga, porque iban muchos jugadores sudamericanos como oriundos, y eso le quitaba lugar a los nacidos alli, y por eso se cayó la transferencia. Pero tampoco reniego, ni me puse completamente mal por no poder viajar», agrega.

Entonces comenzó un periplo por una veintena de equipos en Argentina, en Liga Nacional, TNA y Liga B.

«Gracias a Dios, jamás me faltó el trabajo», dice con lógico orgullo.

En uno de ellos, Valle Inferior de Viedma, tuvo la suerte de compartir equipo con Hernán Montenegro, uno de los más geniales jugadores que dio el básquet argentino.

«Si, tuve la suerte de jugar con él. Es más, tengo una excelente relación con Hernán, somos muy amigos. Un tipazo, me enseñó mucho de la vida, me hizo ver este deporte de otra manera. Y un animal jugando, te hacía de base, de pivot, de alero; una auténtica bestia. Lo quiero mucho, y él también me aprecia mucha», puntualiza sobre uno de los eslabones perdidos entre la era pre Generación Dorada, y los Campeones Olímpicos.

Viéndole el lado positivo a la vida, ve en aquella lesión jugando para Vélez, donde literalmente se rompió toda la rodilla que le significó el fin de su carrera profesional, la posibilidad de rehacer su vida personal.

«Hay un Dios, y Dios me quitó con esa lesión terrible lo que más quería, el de jugar profesionalmente al básquet. pero si a mi no me pasaba eso, no conocía a Paula, y no nacía Thiago. Entonces te podés imaginar que no cambiaría nada de mi vida, porque fui nuevamente padre con el amor de mi vida, y nuestro hijo me hace disfrutar el básquet mas a cuando era jugador», detalla.

La historia es asi: al romperse la rodilla (rotuliano, ligamento, cápsula sinovial, meniscos) tardó dos años en recuperarse, y en ese espacio comenzó a trabajar como seguridad en Pinar de Rocha. Allí, Paula trabajaba como camarera, y nació el amor.

«A los dos años nació Thiaguito, y pude terminar de realizarme como hombre. Porque ella es mi complemento, mi amor real. La conocí lesionado, y en esa etapa de recuperación estuvo siempre al lado mío, aguantando mis cabronadas al ver que tardaba en recuperarme. Volví a jugar estando con ella, y con Thiago, mi vínculo con el deporte sigue intacto».

Justamente Thiago es el menor de tres hijos: Lautaro de 24 años es fruto de una relación anterior de su padre, y Daiana de 22, de su madre. Viven a una cuadra del lugar donde Oscar sigue trabajando, el que fue donde se encontraron sus padres.

Sobre su hijo, reciente campeón metropolitano con los U15, dice:

«Primero, es completamente diferente a mi, a lo que yo jugaba y hacía dentro de una cancha; es muchísimo más talentoso. Calculá que si tiraba una faja, tenía un esguince de un mes…Lo veo como un pibe dedicado de lleno a esto, me admiro en sus estudios, porque lleva más de dos años participando de cosas importantes en el básquet, y no se lleva ninguna materia. Y si bien como padre cuando debo señalarle algunas cosas, en se aspecto me demuestra ser responsable. Obviamente, siempre los consejos a un chico, respecto a cuando se va solo al club, cuando regresa a casa. En carácter, salió a su madre, y el talento es propio de él, y creo que está tocado con la varita. Y lo bueno para Porteño, reflejando el trabajo que se hace, es que hay varios como él. Siento admiración por Thiago, por cómo entrena, por su dedicación, me llena de orgullo. Le deseo lo mejor y llegará donde quiera él, porque en definitiva, el jugador llega donde se lo proponga, mediante el esfuerzo y sacrificio. Sin dudas la suerte existe, pero si te dedicás, llegás», afirma.

Para el final, pide hacer una mención especial.

«Sabés cuál mujer me salvó la vida? Mi vieja; estuvo en las lesiones graves, en las simples, en todo. Siempre estuvo al lado mío. Y está», referenciando a Doña Delia, quien junto a su hermana Beatriz, conforman su primera familia.

Oscar Roca, a quien se lo ve siempre sentado en la tribuna mirando los partidos que las diversas categorías disputan en todos los ámbitos donde compite Porteño, es conocido por ser el papá de Thiago, uno de los grandes proyectos de la actividad. Pero sin dudas, con una gran historia como jugador. Y disfrutando las cosas simples de la vida con su familia.