El 2018 quedará marcado a fuego en el alma del Voley masculino, cuando tuvo el privilegio de jugar toda la temporada en la División de Honor de la Federación Metropolitana.

«Me sumé a Porteño hace dos años, cuando jugó en División de Honor, esa misma temporada me lesioné y no pude volver a jugar durante todo el año y mitad del siguiente. Por suerte este año Oscar (Romano, el DT), me llamó para ver si quería volver a jugar al club; me vino excelente, porque cuando estuve, me hice muy amigo del los chicos del equipo y es bueno volver a juntarnos», expresa Nicolás López, quien es parte del plantel ya retornado hace varias semanas a los entrenamientos presenciales, en busca del mejor acondicionamiento para cuando retorne la competencia oficial.

«Es otra cosa poder volver al club y tener un lugar amplio para entrenar y materiales;  siempre será mucho mejor a entrenar en la casa, y volver a conectar con los conpañeros y cuerpo técnico también es mucho mejor que entrenar por la vía virtual», señala este punta receptor de 31 años, quien a los 13 comenzó a practicar voley casi como mandato natural, ya que sus padres Adrián y Andrea también lo fueron.

«Como todo deporte colectivo,, lo más importante es la conexión entre el equipo y como esté conformado el grupo. Y nada se compara a estar entrenando juntos y compartir el momento, cosa que en lo virtual se pierde un poco», indica en relación a los beneficios de reunirse cada semana en la cancha.

Sin dudas, para el entrenador, ofrecerle volver era más a su rol como jugador. De hecho, es el capitán del equipo.

«Ser el capitán es significativo en el partido,  mas que nada por un tema de nombrar a una persona para relacionarse con el árbitro. Pero fuera de eso, lo importante es la relación entre todos, y desde el lugar que me toca ocupar hoy,trato de estar siempre presente en los entrenamientos y charlas y motivar al equipo para afrontar lo que viene. Y no tirarse para abajo por lo que nos está tocando vivir en este momento de pandemia», expresa, en un momento de cuando se dio.la entrevista, aún persistían ciertas restricciones de entrenamiento.

Su curriculum indica varios clubes, antes del arribo a Porteño. Su origen como jugador data de Bomberos de La Matanza, cerca de su hogar familiar, que junto a los ya mencionados padres, lo integraba su hermana menor Micaela. Hoy vive solo, en Ramos Mejía, a unas treinta cuadras del Club.

Los largos y complicados meses de aislamiento social, no alteraron en demasía su rutina.

«Por suerte no, siempre organicé mi trabajo y tareas diarias para tener desocupado el horario de entrenamiento; gracias a eso puedo hacerme el tiempo para entrenar sin problemas», indica.

Desde la competencia oficial, fue un año perdido, pero para todos. ¿Cuando se vuelva, como cree que estará Porteño acorde a lo vivido en los entrenamientos?

«Y esto es cosa de todos los días, en la parte teórica por así decirlo, el cuerpo técnico está haciendo un gran trabajo tanto individual como grupalmente, para que cuando volvamos a entrenar voley como equipo, tengamos en claro a que vamos a jugar. Pero ya habilitado el entrenamiento grupal en cancha, creo que el equipo va a andar muy bien para la vuelta a los partidos», responde.

Ante la consulta sobre lo hallado desde lo deportivo y humano en Porteño, afirma:

«En mi experiencia es un gran club, el grupo es excelente y tengo muchos amigos ahí, y en la parte deportiva, Porteño siempre tiene un equipo muy competitivo así que es bueno formar parte de ese grupo».

– Estuviste el año donde por primera y única vez se jugó División de Honor. ¿Es una utopía pensar nuevamente en eso?

«Nunca es imposible volver a ese nivel, pero se debe tener una buena estructura y proyecto para hacerlo. Todos los del equipo vamos a jugar pensando en ganar  los partidos y mejorar como equipo . Sería exelente volver a conseguir un ascenso a división de honor y vamos a dar todo de nosotros para que eso suceda», enfatiza con entusiasmo Nicolás López, capitán de la primera del Voley.