Maite Ugalde pertenece a una familia ligada al Voley de Estudiantil Porteño. Su hermano Nicolás dirige la actividad recreativa, y a la vez, prepara físicamente a las inferiores masculinas. E integra el equipo de Primera A, que consiguió el martes el pase a la final por un ascenso a la máxima división metropolitana.

«La semi contra CaPal fue con un equipo similar al de la primera mitad del año y nos había ido muy mal; fue un partido horrible, pero entendiendo que en ese momento no éramos el equipo actual, mucho más fuertes y unidas. Salimos al primer partido de las semis con todo, el primero fue de visitante y muy peleado pero pudimos sacarlo y fue importantísimo para encarar el segundo en casa. El clima del martes fue hermoso, vino mucha familia y amigos a vernos, la cancha estaba repleta de gente y todos alentándonos. Si ganabamos ese partido pasábamos a la final, de allí que ese apoyo de parte de todos fue muy importante. El partido estuvo muy peleado en todos los sets, todo punto era fundamental para no irnos de la cabeza porque ante cualquier distracción nos lo podían dar vuelta. El cuarto set fue muy bueno, lo jugamos con mucha cabeza, nos ayudó muchísimo para encarar el último muy confiadas. Los resultados se nos fueron dando hasta llegar al 14-13 arriba y a un solo punto de pasar a la final, toda la cancha alentando, bombos, hasta cerrarlo con un punto de Renata, una de las inferiores que se sumó en los últimos partidos y quien aportó muchísimo en el equipo. Y la alegría de ese momento fue muy grande, apenas terminó nos abrazamos con Sasha, la líbero del equipo que compartimos cancha ya hace algunos años y además somos muy amigas», detalla Maite acerca de esta serie contra el equipo de Palermo, y el cual las depositó en la serie decisiva frente a Huracán San Justo.

Sobre si hace algunas semanas atrás imaginaban estar en esta instancia, responde:

«Hace unas semanas me costaba mucho imaginarme llegar hasta acá, destaco mucho el crecimiento obtenido en el último tiempo. Nos cambió la cabeza completamente, estamos muy concentradas en los partidos, hablamos mucho, nos apoyamos, en esta instancia ya no nos para nadie».

Una etapa muy diferente a la primera mitad del año, donde desde los resultados, las cosas no salieron como estaba estipulado tanto por el cuerpo técnico como jugadoras.

«Arrancamos el 2019 con todas las expectativas para un posible ascenso, vinieron chicas nuevas a reforzar el equipo y todo pintaba para ser un muy buen año, pero mientras avanzaba el torneo, no lográbamos conectarnos como equipo y se veía reflejado en el resultado de los partidos. La primera ronda terminamos en los ocho equipos de abajo, pero como igual teníamos posibilidades de pelear por un ascenso, arrancamos la segunda etapa con todo, muchas chicas dejaron y se incorporaron al equipo varias de las inferiores, claves para reforzar al equipo. Porque además de romperla jugando, traen una muy buena onda a los entrenamientos y a los partidos; y eso sirve muchísimo en la unión del equipo. En ese contexto comenzamos con la segunda ronda del torneo, ya con otra cabeza y enfocadas en quedar arriba para pelear el ascenso. Los resultados se nos fueron dando, con triunfos y caídas. Y hace unas semanas arrancaron los playoffs, y acá estamos», detalla esta central, estudiante en la carrera de Arquitectura en la Universidad de La Matanza, con la mira de recibirse en 2020.

Al momento de sintetizar los factores sobre este gran cierre de año, no lo duda:

«Hay una muy buena camada de inferiores, ellas ascendieron a la A este año, y el equipo de mayores está conformado casi en un 80% inferiores. Claramente está habiendo un muy buen trabajo en la formación de jugadoras».

Maite comenzó a jugar voley a los quince años.

«En mi familia todos en algún momento jugaron al voley, yo había arrancado de chica en mi colegio a jugar, pero nunca pensé en irme a un club hasta que mi hermano Nicolás empezó a hacerlo en Porteño; y después de insistencia por parte de mis papás, porque a mi de daba vergüenza ir porque no sabia jugar, me sumé al club», comenta.

Vive en Villa Sarmiento, y junto a Nicolás, la familia la completan el hermano mayor Mariano, su mamá Graciela, y desde el cielo, Ricardo. Tras varios años residiendo en bariloche, Mariano vive en Villa Luro.

Desde las inferiores, fue parte de varios ascensos.

«Fui parte de tres ascensos, el primer año que jugué en el club se ascendió a la B, y después en el 2016 cuando volvimos a ascender con inferiores. Si hago un repaso, cada ascenso fue vivido de una manera distinta por los diferentes momentos transcurridos. Mantenerte en el mismo club te permite eso, ver el progreso del deporte, de las jugadoras y el propio, y acompañar ese proceso también. Y en los ascensos es donde se ve reflejado ese crecimiento, por eso ojalá este año se nos de con Mayores; porque el crecimiento del equipo fue tremendo y sería una buena forma de demostrarlo», reflexiona.

Agrega respecto a eso:

«Uno siempre sueña con llegar a lo más alto, y eso se vuelve más próximo todavía cuando crees y estás confiado en que el equipo está preparado para desempeñarse y medirse en un nivel más alto».

Describe al equipo en sus cualidades técnicas y humanas.

«Somos un equipo con muy buen ataque y buena altura de jugadoras, eso sirve mucho en el juego. Las pibas son una más genia que la otra, nos llevamos muy bien y si bien hay diferencia de edades no se nota en lo absoluto. Compartimos todas los mismos intereses en ciertos temas, como por ejemplo el feminismo y eso de alguna forma nos hace muy compinches», afirma.

Estos años en el club le ha dejado amistades por fuera del ámbito deportivo.

«Si, muchas; la primera fue Maru, con quien jugamos juntas ya hace seis años; ella dejó a mitad de este año pero la amistad sigue. Y después el año cuando ascendimos a la B se habían sumado tres chicas nuevas al equipo y pegamos muy buena onda entre las cinco, una de ellas es Sasha, actual líbero y las otras dos Maca y Belu, que dejaron hace un tiempo ya, pero la amistad entre las cinco se mantuvo», expresa.

Y para el final, sus objetivos como jugadora de voley.

«En principio espero poder continuar; estudio y trabajo y con ese ritmo a veces es complicado sumarle todo lo que conlleva formar parte de un equipo. El año próximo es mi último año de carrera, lo voy a tener complicado pero me encanta el deporte y las ganas de seguir no faltan».

Maite Ugalde, integrante de una Primera en la final por el ascenso a la A metropolitana, en un año fantástico para esta actividad en Porteño.