El sábado pasado, las formativas del Voley masculino recibieron a Harrods, con victorias en Sub 17, Sub 19 y Sub 21. En estas dos últimas, potenciados con algunos sets donde los equipos dirigidos por Fabián De Valais debieron arremeter desde atrás, y darlos vuelta en cierres apasionantes.

Juan Manuel Urbinati es uno de los jugadores que integraron ambas plantillas, y dentro de rendimientos parejos, puntal para que Porteño lleve, disputadas cuatro jornadas, un registro interesante que lo posiciona en el segundo lugar de la tabla general, dentro de la Divisional B.

Mientras estudia en su casa durante la tarde del martes, preparando unos parciales para la carrera de Comercio Internacional, que estudia en la UADE, se toma un tiempo para charlar, y hablar no solo de los triunfos ante Harrods, sino un balance de la actualidad de los equipos que integra, sus inicios en este deporte, y otros temas.

“Harrods es un clásico rival de Porteño; hace 6 años que jugamos contra ellos y siempre las tiras fueron muy reñidas. Por suerte, estos últimos años pudimos sacar buenos resultados contra ellos; siempre tuvieron un juego muy prolijo basado en la defensa y el contraataque. Sin embargo, el sábado observé que les faltaban jugadores con respecto al año pasado, y esa base de juego se ablandó. Supimos aprovechar sus falencias y conseguimos llevarnos los tres puntos en las dos categorías”, comenta con lucidez al momento de realizar un balance de los partidos. Y entonces, para quienes no conocen del panorama con respecto a la actualidad del club con relación a las inferiores, se le pide un análisis.

“Te hablo de Sub-19 y Sub-21. En los entrenamientos nos preocupamos por el pase y la defensa para poder aprovechar todas las salidas de ataque. Buscamos que el armador tenga las cuatro opciones de ataque. En el equipo no hay un jugador estrella, somos un equipo muy unido. Nos conocemos hace mucho tiempo, algunos hace nueve años. En el club hay un buen clima, indudablemente, sentís un sentido de pertenencia único; eso hace que todos tiremos para el mismo lado. No es fácil para los demás clubes ir a jugar a Porteño, somos un equipo que no se rinde y peleamos todas las pelotas”, afirma. Dos sets levantados luego de estar abajo 24-21 y el saque del rival, certifican plenamente sus palabras.

Menciona el sentido de pertenencia, y entonces habla acerca de sus comienzos en el club.

“Empecé a jugar al Voley en Porteño hace nueve años, me acuerdo que fue en febrero y tenía nueve años. Mi hermano había empezado a entrenar y un día lo fui a ver. El entrenador me ve y me pregunta cuántos años tenía y si quería hacer voley. Cuando le dije mi edad casi que me obliga a ir. Entonces fui al siguiente entrenamiento, donde conocí a un par de los jugadores que actualmente comparto equipo”, rememora. Y al momento de describirse como jugador, señala:

“¿En qué posición juego? Ahora juego de punta y opuesto. También podría jugar de libero, pero el equipo no lo necesita. Pero durante mi formación en el club, jugué en todas las posiciones. Donde peor me fue, en la de armador, un desastre. La que menos disfruté, la de central. Cuando era Sub-14 jugué allí; en ese momento me gustaba, pero después me di cuenta que disfruto más defender, recibir y atacar por las puntas. Por suerte es lo que hago ahora, pero también me gustaría probarme de líbero; aunque debería mejorar mucho el pase y la defensa”.

Con el voley traído en la sangre y genes, comenta sobre su familia:

“Mi hermano se llama Mauro, e integra el equipo de División de Honor. Mauro es un ejemplo de esfuerzo, él nunca fue una persona hábil, pero si constante. En todos los entrenamientos da su máximo esfuerzo y exige que los demás lo den también. Al principio no era muy bueno, sin embargo, cuando empezó a mejorar, nunca más lo pudieron sacar de la cancha. Ahora está peleando su puesto con centrales que poseen mejores cualidades físicas para el puesto de central, pero él no se rinde y se esfuerza el doble. Nunca se rinde. Por excelencia mi hermano es un ejemplo de lo que es el esfuerzo y constancia.
Mi mamá se llama Adriana Barrera y mi papá Germán Urbinati. Los dos cuando eran jóvenes jugaban al voley. Mi papá es parte del plantel de maxivoley, es un enfermo del deporte. Hizo siempre todo lo que pudo para que yo pueda hacer voley. Todos los fin de semana me lleva a los partidos, alienta. A veces con otros padres, a veces solo. Pero siempre está. No importa donde sea.
Mi mamá no pudo seguir jugando por algunas lesiones que tuvo. Ella siempre se muestra presente de alguna manera. Antes manejaba el buffet de voley para poder pagarle a los árbitros y demás cosas. Cuando el DT nos pedía que nos cuidemos con la comida, ella cocinaba sano. Y muchos ejemplos más. Sin dudar, mis tres pilares. Ellos van a estar siempre para lo que necesite”, expresa orgulloso.

Parte integral del plantel humano que a logrado instalar a Porteño en categorías trascendentes en esta actividad, sea en la rama masculina como femenina. De aquellos años donde se debió construir desde las mismas bases, a esta realidad en apogeo.

“Porteño es un club de barrio, todos los años busca mejorar. La subcomisión de voley está totalmente integrada por los padres de los jugadores que lo hacen sin fines de lucro. Realizan todas las tareas por amor al voley y para que sus hijos puedan disfrutar de este gran proyecto. Desde que empecé, se habla de un proyecto a largo plazo. Por suerte estos últimos años se pudieron ver muchos resultados tanto en tira masculina como en femenina. Sin embargo, nadie se conforma con esos resultados, porque todos entendemos que todavía falta mucho. Es un compromiso, siempre podemos dar más.  Quien recién llega al club, rápidamente entiende que significa Porteño Voley; y busca sumar desde donde pueda. Somos una familia”, asegura.

Juan Manuel Urbinati. Una de las cartas de categoría con las que cuenta Estudiantil Porteño para comenzar el 2018 de gran manera y con enormes perspectivas de protagonismo en la parte alta de la competencia.