En un partido infartante, que se definió tras dos tiempos suplementarios, Estudiantil Porteño derrotó a Colegiales 85-84, y se consagró campeón Metropolitano, por primera vez en su historia.
Jorge Quercetti, el Jugador Más Valioso de la temporada, ratificó eso, y en una noche descomunal, marcó 33 puntos y bajó 10 rebotes, para sumar un doble doble formidable, con un total de 40 en Valoración.
Nadie podía prever un desenlace tan dramático al culminar la primera mitad, y los dirigidos por Daniel Piputto se fueron al descanso largo arriba 41-27. Ese resultado parcial reflejaba plenamente lo que sucedía en el rectángulo, con un Flavio Perez Ondarts determinante en ofensiva, acompañado correctamente por Nicolás Rodríguez.
La media cancha (Roly Siniuk-Juani Dameli), enfocados más en neutralizar el armado visitante que en buscar anotaciones propias, y la rotación impuesta por el entrenador, no menguaba el buen accionar colectivo.
Bombas de Facu Spagnuolo y Bocha Belloni para acrecentar la ventaja, y terminados los veinte iniciales, aquella distancia tranquilizadora.
Pero una final es un partido aparte, y Colegiales sacó los pergaminos de por qué había llegado a esa crucial instancia. De entrada, un parcial de 11-5 para que la diferencia ya no asomara tan extensa. Y gradualmente se fue acercando.
Tanto, que promediando el último segmento, paso al frente (60-59) por primera vez en el juego, y ya la incertidumbre por quién se quedaría con el título, total.
Se intercambiaron la ventaja en el tanteador, pero nunca una diferencia que por el escaso tiempo por jugar, fuese determinante. El 70-70 obligó a definir todo en tiempo extra.

Nervios, tensiones, y esos cinco adicionales sin ventajas. 78-78, y el dramatismo ya llegando a la medianoche por tener que jugar otro suplementario.
A todo eso, ya todo Porteño sabía que Quercetti asoma en dichas instancias, Cuatro libres convertidos, más un doble de Siniuk, parecía que por fin se terminaba todo, pero….
El rival demostró guapeza, coraje, y consiguió, a falta de 18 segundos, emparejar todo de nuevo. Ya como si fuese una pesadilla de no poder liquidar el partido y gritar campeón por primera vez en este torneo (la única vez que Porteño se coronó, fue en 2015 cuando se quedó con el PreFederal que le posibilitaedesde hace ocho años jugar en el tercer escalón del básquet argentino).
Falta al goleador de la noche, va a a la línea de libres. Erra el primero, convierte el segundo y el tiempo muerto desde la banca visitante, en busca de diseñar la jugada de que le permita cerrar el juego con conversión y llevarse el título.
Y esa pelota que lanzan sobre la chicharra, que por guiño del destino tras tanto sufrimiento no entra, y se desata la locura en el rectángulo y tribuna, porque finalmente, Porteño se queda con la victoria y el campeonato.
Y el premio al trabajo constante y continuado sobre un proyecto que se sostiene por sobre los resultados.
Juan Ignacio Dameli, llegado desde Casa de Padua hace diez años atrás, y ya parte del piso flotante y tribunas.
Nicolás Rodríguez, en silencio arribado desde Defensores de Santos Lugares hace siete, y hoy parece haber nacido en Barcala.
Flavio Perez Ondarts, rescatado por el DT cuando estaba retirado hacía dos temporadas para enfocarse de lleno a sus estudios universitarios. Ya recibido, regresó a la actividad, y este alero surgido de Club Morón terminó siendo pieza clave en ambos tableros.
Jorge Quercetti, de la jerarquizada e interminable cantera de Lanús. Podría tranquilamente jugar en niveles más altos del básquet nacional, pero sus estudios (recibido de doctor en este 2022) y su amistad con Nacho Spagnuolo (potenciada cuando ambos integraron el seleccionado 3×3 subcampeón mundial en Hungría 2015), lo hizo instalarse en Porteño, y en su cuarta temporada, estar cómodo como si fuese su lugar en el mundo.
Los «jóvenes veteranos», aquellos que en edad de cadetes y juveniles fueron parte del Prefederal, hace casi ocho años atrás y hoy son el espejo de quienes vienen debajo, desde las formativas: Esteban Belloni, Facundo Spagnuolo y Roly Siniuk.

Entre los 24 y 26 años, se hallan en una edad justa para apoyar con sus roles a los más grandes, y aportar desde sus especialidades. Además, por lo descripto antes, con una experiencia notable en todo tipo de certámenes, que le otorgan un oficio y plus al momento de enfrentarse ante este tipo de definiciones.
Y en la base piramidal, los jóvenes U21 y U19 (Manuel Damommio, Thiago Flossi, Guido Burrone, Julián Pagano, Agustín Hayden). Las fichas recurridas por el entrenador para dar aire y descanso a los grandes, hacer larga la banca, y por supuesto, aportar puntos y rebotes.
Cuando un proyecto se sostiene por sobre los nombres, y sobre todo se cree en ello, tarde o temprano llegan los resultados.
Hoy, Estudiantil Porteño inscribe su nombre en lo más alto de la Federación Metropolitana, como el mejor del 2022.
Asimismo, corta una racha de casi diez años con campeones de Capital Federal. El último fuera de ese ámbito había sido el Temperley del 2013, con un Campeón Olímpico como Leonardo Gutiérrez.
Se consiguió el único torneo que restaba dentro de la órbita CABA. El tiempo y el trabajo dirá cuáles serán los siguientes objetivos, seguramente superadores.
Hay fiesta en Ramos Mejía. Y sin dudas, absolutamente merecido.
¡Salud Campeón!





