«Bueno muy simple… Como si fuera la primera vez, el primer partido, a pesar de jugar hace catorce años. Y nunca me hubiese imaginado tener que alejarme obligatoriamente del deporte. Fue, y es, como una película de ciencia ficción, a pesar de hoy en día gracias a la vida estar esperando ya la tercera fecha de torneo. Rezando porque no vuelva a pasar lo de hace un año. Esto de pasar por el club, verlo cerrado, que lleguen los martes y jueves y no pueda ir, no ver a mis al equipo, no ver a la gente del club. Todo se convertía en algo extrañable. Que lleguen los viernes, y no estar nerviosa porque a la noche hay partido. Lo sufrí y muchísimo como deportista. Sin dejar de lado, y haciendo fuerza para entender que era algo que había que respetar y cuidarse y cuidar a los y las demás. Si fue siempre el lugar que para mí reunía todo lo bueno, lo divertido, aquello que más me entusiasmaba, que sacaba lo mejor de mí, dónde aprendía y dónde me distendia de todo, hoy en día esas sensaciones están mil veces potenciada».

Sasha Maniiloff es la líbero de la Primera femenina de Voley, equipo con muy arranque en la A de la Federación Metropolitana, con dos victorias en igual cantidad de presentaciones.

Y en el arranque de la charla, expresa de modo elocuente sus impresiones sobre el extenso período donde las dirigidas por Juan Pablo Costa no pudieron (como la mayoría de los deportes colectivos), participar en competencias oficiales.

Formada en Universidad de La Matanza, y arribada a Porteño hace seis años («es un montón y me parece que fue ayer»), desde una consulta sobre cómo vivenció este proceso de la actividad, en su crecimiento decantado en el ascenso tanto del plantel superior, como de las inferiores. Y desde allí emergió una charla riquísima en conceptos.

«Mi llegada fue gracias a una de mis amigas que es como una hermana (ya no juega más hace tiempo). Yo había dejado el voley antes de cumplir los 19, jugaba en la Universidad Nacional de la Matanza, y decidí alejarme un poco del nivel A y del esfuerzo y dedicación que eso conllevaba, además de otras cuestiones. Al año, mi amiga Oriana, a quien conocí en la UNLAM, me dice de ir a probar juntas a algún club, si no miento creo que le propuse yo ir a Porteño y como nuestra idea no era volver al mejor nivel, ya que para ese momento había establecido otras prioridades en mi vida como mi carrera y trabajar, y bueno… fuimos a probar a Porteño. Para ese momento las inferiofres estaban jugando el Nivel C, y las mayores en Tercera. Ese año era mi anteultimo año de sub 21, y viví por primera vez un ascenso, que fue a la B; Ese año fue 2016. Posterior a ese año, en 2017 con mayores, ascendimos a segunda. No nos correspondía, ascendimos porque un club de segunda desafilió; habíamos quedado primera o segundas de tercera. Estábamos peleando ese ascenso y no se nos había dado», detalla.

Tras ese enunciado, describe la consulta inicial.

«Por hablar, por conocer cada vez un poco más a las chicas, desde las más chiquitas a las más grandes, y a su vez a las y los entrenadores, entendí que Porteño venía luchando por lograr ese ascenso del 2016 hacía tiempo, y a su vez lo entendí como un escalón que se iba a pisar por poco tiempo, porque había un deseo de más y porque con esfuerzo y trabajo por parte de todas y todos, la A podía y se veía como un sueño que pronto iba a convertirse en realidad. Como lo es hoy en día desde el 2019, donde se consiguió».

Al reflexionar sobre ello, no se impide decir un «qué año la ptm. Fue tan bueno y después  todo tan triste…».

En su locuacidad, agrega respecto a aquellos años primerizos a su llegada.

«Los primeros años que jugué en mayores, el nivel estaba bien para una tercera/segunda pero bastante estancado, no podíamos sacar realmente lo mejor de nosotras como equipo en conjunto con el entrenador. Ese equipo bien afianzado y entrenado podría haber ascendido a segunda ese mismo 2016 también, pero bueno, se lo logró al siguiente y con una ayudita milagrosa. Soy de esas personas que creen que todo por algo es».

Sin necesidad de repregunta, expone su rol en esas temporadas.

«Pero si de involucrarse hablamos, no es algo que se me me dificulte; dónde estoy entendí que me involucro al ciento por ciento y un poco más. Principalmente me involucro desde lo deportivo, desde la importancia que le di a tomarme en serio, asi fuerta muy inferior al jugado siempre. Es decir, no por eso me involucré menos o de otra manera. Al poco tiempo y principalmente por el grupo, ya me sentía parte del club, parte de esa camiseta. La calidad de gente hallada en Porteño, cada día me hacia sentía mejor y hoy en día sigue siendo así».

Sasha es la menor de cuatro hermanos (Nicolás, Macarena e Iara); vive en la casa de Ramos Mejía junto a sus padres Ale y Pato, trabaja en el negocio materno de ropa, y acaba de terminar la carrera de Licenciada en Turismo en la Universidad de San Martín. Está realizando la tesis para el cierre final.

«Muy emocionada por llegar al final de dicha etapa en mi vida, y mientras trabajo con mi mamá, en la búsqueda de opciones más relacionadas a mi carrera desde el año pasado!», expresa.

Este viernes visitan a San Fernando, en el intento de estirar este gran comienzo. Y el cronista aprovecha para repasar momentos inolvidables con Sasha, de este equipo escribiendo su propia historia de la buena.

«En Segunda, fueron dos años de lucha. El 2018, con cambio de entrenador en el medio, tuvimos una muy buena segunda parte de torneo, hasta que llegaron los playoffs y en una noche para el olvido, perdemos con Ferro en la primera llave. Para peor, venía de Tercera ese equipo. Pero bueno, entendí que todo por algo pasa. Y el 2019 fue… durísimo, pero de lo mejor que me pasó en el voley; de manera resumida fue un año duro en partidos, peleados y muy peleados algunos y otros sobrados para nuestro nivel… Pero todo se transformó cuando empezamos los playoffs».

Allí, literalmente, fue como si un guionista hubiese escrito unos capítulos de altísima tensión.

«Desde que empezamos hasta ese último partido de visitantes en Huracán San Justo (un clásico, como dato de color), te digo: NO SÉ que pasó. Dejándome llevar por sentimientos y sensaciones de esos días, fue magia, nunca viví algo así. Fue como un torneo de fin de semana donde no terminaba más, de esos que jugas a matar desde el primer partido porque hay pocas chances y todos los partidos duran una eternidad de tan peleados. El grupo funcionó, hizo lo que debía hacer. Ganarle a todos esos equipos, sin dudas podíamos hacerlo», comenta, y es imposible sustraerse al encanto de su emoción al describirlo.

Para quienes no lo sepan, Porteño ingresó a los playoffs por el segundo ascenso, desde la zona Repechaje, por lo cual, cada llave eliminatoria debió hacerlo en desventaja deportiva, definiendo un eventual tercer partido de visitante.

«Pero no fue solo eso, había algo que se iba generando cada vez que pasábamos un partido más y un partido más. A eso no le encuentro palabras, tiene que ver con la euforia, la adrenalina. La mera idea de jugar en Primera al menos en mi caso… era un fuego que me hacía mover más rápido cada partido, aunque estuviera exhausta. Porque nos caracterizamos por jugar todos los partidos y ganarlos en tiebreak (risas)».

 

Esas risas de ahora, semejantes al alivio y recuerdo gratificante, en nada se parece a esas semanas de angustia y nervios permanentes, tanto de jugadoras como cuerpo técnico. Dos llaves en especial: una con Camioneros, a priori con el 1 en mano y la ventaja de liquidar a favor en domicilio propio.

«Las idas y vueltas de Camioneros, fueron las más difíciles. No lo creía imposible, no al menos yo. Pero se sentía ese miedo, esa inseguridad, de ir a jugar el primer partido de visitante allá, era más jodido, mentalmente hablando, porque llevaron bastante gente a ver el partido. Y aunque nosotros no nos quedamos atrás, se sentía un clima de final y eso pesa. Habíamos perdido en la fase regular del torneo de visitante y eso generó mucha duda, pero sinceramente, no habíamos dado todo, y por varios momentos nos pusimos muy cerca de sacarles los sets. Pero la revancha llegó y era dar todo en los playoffs y así fue… comenzando con mucha falta de confianza… dos sets abajo, les dimos vuelta un partido «perdido», y se lo ganamos de visitantes en tiebreak», describe.

La revancha, en Ramos.

«Vinieron a jugar a Porteño en el segundo partido y perdemos. Y volver a la cancha de ellas…Pero de esa magia que te hablé, en este partido fue donde más más la sentí, una locura. No me quedé sin voz de casualidad. Me temblaban las manos, sí aún con tantos años de voley… Tenía una adrenalina y una euforia por ganar y gritar cada punto como el último. Si de ese partido debo decirte cómo fueron los puntos te miento. Nunca me concentré tanto en la próxima pelota y la próxima pelota, como en ese partido. No había tiempo de analizar que había pasado, tenía que pensar y hacerles pensar a mis compañeras que la más importante era la que venía y la que iba a determinar cómo ese partido iba a terminar». Lo cuenta, como si dicho cotejo hubiese sido ayer.

Y llegan esas finales contra Huracán.

«Describirlos puede llevarme una frase… PAREN DE SUFRIR jaja. El primer partido de visitantes… No estábamos ahí. No pusimos una barrera para que el partido sea lo peleado que podía llegar a ser, fallamos constantemente en lo técnico y en lo táctico; fue el partido más mal jugado de todos. Y eso de una u otra manera habla de la presión que se sentía ya antes de esa instancia y mucho más para ese momento, una instancia soñada, e imaginada por como veníamos pasando una y otra rueda pero no esperada desde un primer momento. Pero bueno, ese primer partido habla de la falta de experiencia del equipo en general. Obvio, respecto a la presion, los nervios, el miedo que significa una final, por un ascenso, y un ascenso a PRIMERA! Todas eran finales sin dudas, pero esas eran las últimas, si hubiésemos tenido un solo partido, hoy la historia no sería la misma; por suerte tuvimos revancha de local y luego lo más terrible, en mi caso, me encantaba que sea así, definir en su cancha», rememora, y es sobre este duelo donde más tiene por decir.

«El último partido fue todo lo que una final puede ser: inestabilidad, incertidumbre, miedo, fortaleza, unión, enojo, alegría…. todo eso y más. Y para mí fue agotadora a la vez. La serie con Huracán no fue la mejor serie que tuve en los playoff… venía jugando todos los partidos y de una manera muy estable, es decir, venía teniendo muy buenos partidos, poco error y cabeza muy fría, muy concentrada. Pero a veces una tiene mucho más encima que un deporte, a veces es difícil abstraerse de todo y ser en ese momento todo lo que tenés que ser para jugar bien una final. No es fácil para cualquier deportista dejar todo afuera de la cancha y solo pensar en ese partido. Es un ejercicio, lo aprendemos a hacer a lo largo del tiempo pero no siempre es tan fácil. Y muchas veces en finales… Sentimientos, situaciones, todo pesa más».

Y agrega:

«Pero ahí entra lo importante de la palabra equipo. Mi compañera Naza (Miranda) estaba ahí lista para entrar y jugar lo que quedaba del partido dando todo. Y yo apoyándola más que nunca, porque justo le vengo a dejar lo mas difícil, la última final jaja seguro me odió. Aunque se la bancó como la mejor. Y ese partido se ganó, me gusta decirlo, ganamos, de visitantes, con toda la gente del club ahí, con la emoción y el grito de aliento desde las más chiquitas hasta las grandes de todas las categorías, las familias. Ahí estaban mis viejos, como locos alentando, como si nunca me hubiesen ido a ver (risas); trece años de eso y ahí estaban. Desde afuera de la cancha traté de hacer todo lo que pude, quedarme sin voz. Y pedir más y más aliento a toda la hinchada, porque eso es parte, esa hinchada es parte del equipo en una final».

Desde muy chica realizó deportes, específicamente Natación. Le iba bien allí, tanto que a pesar de tener solo once años, competía con gente de treinta, y eso era muy exigente. Pero cuando hubo planes de estar en comninados provinciales, la presión de los entrenamientos duros y otras cuestiones, la llevaron a dejarlo.

«Tengo la filosofía de vida que todos y todas debiéramos participar en deportes colectivos, te enseña un montón de cosas, mucho más cuando sos alguien tan perfeccionista y competitiva. Y eso muchas veces en un deporte individual te juega en contra. Decidí entonces abandonarlo. Mi mamá, para ese entonces, le insistía mucho a mi hermana Iara de comenzar voley en la UNLaM, y como toda hermanita menor pesada, me sumé. Y fue lo mejor que me pasó; empecé en mini mixto, con mis entrenadores Vane y Ariel, a quienes siempre voy a tener en la gloria porque me hicieron muy feliz. Elegí voley porque era divertido, la pasaba bien y lo aprendía fácil. Encima la Universidad competía en el nivel más alto, y eso me ayudó mucho a mejorar como jugadora», señala.

En dos pasajes de la entrevista, cuenta haber dejado la actividad en cuestión, por relajarse a cierta presión. Llevado a su ámbito personal, ¿es un reflejo que disfruta de la vida, por sobre las exigencias de la competitivad?.

«De alguna manera si, igualmente he soportado niveles de exigencia muy altos, y referido a la natación, en su momento decidí que a la natación no me iba a dedicar. Y jugando al voley, quise empezar una carrera universitaria para disponer de mi dinero. Entrené desde muy chica de manera casi profesional, con dos o tres categorías cinco veces por semana; cuando cumplí los dieciocho supe que tampoco me dedicaría de lleno a ello, no me veía jugando una Liga», admite.

A los catorce integró la selección metropolitano, y al año siguiente, sufrió una lesión y no pudo estar.

«Siempre hice deportes con mucha presión encima, pero cuando es repartida como en el voley, no se hace tan difícil bancarla, ni llevarla adelante. Y respondiendo tu pregunta, aparte hay prioridades, y a esa edad decidí empezar a ver una carrera universitaria, trabajar más. Igualmente, disfrutar la vida es hacer deportes (risas), esa competitividad, esa presión», afirma.

Para el final, una reflexión sobre el techo del voley para Porteño. Tiene apenas 25 años, y junto a Maite Ugalde son las más experimentadas del plantel, mayoritariamente integrado por chicas de 18 a 21 años. ¿Hay un margen mayor para su progreso?

«Tiene muchísimo para continuar su progreso… Y este año jugando en la A, van a madurar mucho en lo individual y en lo grupal! Ojalá además de madurar un montón de cuestiones deportivas y a su vez personales, se pueda ganar varios partidos», responde.

Por lo pronto, salieron airosas en los primeros dos. Un buen augurio.