«Me pasé a Porteño porque lo tenia ahí a mi hermano, Facundo, y siempre me contaba lo bien que la pasaba y lo familiar del ambiente. Me contaba sobre los pibes, eran re piolas y aparte siempre iban los padres a apoyar y ver los partidos, cosa que me gustó mucho, aparte de verlo bien a él. Y esto me cayó re bien, aparte yo en San Lorenzo ya no me estaba sintiendo cómodo. Y para mí fue la mejor decisión pasarme. Agradezco mucho a la familia de Porteño por estos hermosos dos años que estoy por cumplir allí, tanto a los padres como a los chicos, son de lo mejor. Desde un principio me hicieron sentir parte del grupo».

Leonel Ortíz nació en Jujuy, y comenzó jugar al Voley a los 13 años en un club llamado justamente Jujuy Voley. Y los inconvenientes por ser una provincia sin tanta competencia interna. Actualmente integra la Sub 21 de Porteño.

«Hacíamos viajes e intentábamos darnos esos roces que nos faltaban en torneos regionales y lo más para nosotros era la Liname (Liga Nacional de Menores), aquellas que disputábamos en Mar del Plata, Chapadmalal. Con este torneo nos dábamos cuenta del nivel a nivel nacional y también donde se concentraba la mejor liga, la Metropolitana. El tema de apuntar a San Lorenzo fue más también por ese lado, jugar en la mejor liga Argentina y disfrutarla lo mejor posible», señala, detallando la entidad donde bajó de su provincia natal a Buenos Aires.

Antes de arribar a Estudiantil Porteño hace ya dos años, tuvo esa experiencia en la institución de Boedo.

«Bueno, todo se dio en una prueba hecha en diciembre del 2015. Estuve una semana  y después me hablaron para febrero del 2016,; volví, me dijeron de quedarme y con eso me quedé acá en Buenos Aires. En la prueba éramos chicos de Salta, Santiago del estero y Misiones», describe. Y agrega:

«Termine quinto año acá, y después ya empecé a averiguar universidades y me metí en la UBA, donde ahora estoy estudiando psicología. Me pasé a Porteño el año pasado, ya en un plan más de voley recreativo, priorizando la facultad».

Siempre jugó de punta, aunque en algún momento probó con la posición de líbero.

«Una posición que si me hubiese gustado perfeccionar sería la de armador, es como un sueño frustrado jajaja», admite.

Acerca de la transición de dejar un lugar pequeño para instalarse en un monstruo como Buenos Aires, comenta:

«En un principio fue difícil, más por una parte personal. Un cambio tan grande de pasar de la punta del país a la Capital, donde la gente en si es distinta y también manejan otros tiempos. Por parte de mi familia, mi vieja siempre me apoyó, aparte recuerdo que fue idea suya lo de San Lorenzo (risas), porque yo no me animaba. Fue más como «dale, probá, no perdés nada» pero obviamente no en posición de obligarme, fue más como aprovechar esa chance. Los primeros meses fueron difíciles, si no fuera por tener a mi hermano y después familiares acá, pero en Moreno, no aguantaba. Más que nada porque extrañaba mucho y no me terminaba de acostumbrar. Después le fui agarrando el gustito a la ciudad, pero costó’.

Vive en Caballito junto a su hermano Facundo, quien también jugo en Porteño, sus últimos dos años de Sub 21. La familia la completan su mamá Graciela Martínez, y su abuela Viviana, residentescen la provincia norteña.

Ya dos temporadas en nuestra entidad, le generaron sentimientos de afecto.

«A Porteño lo incorporé como una familia, me aportaron ese calorcito de comodidad y seguridad que en aquel momento necesitaba, más allá de los resultados y malos entrenamientos. Siempre se supo diferenciar eso, una cosa es el juego y otra es el afuera, nunca un reproche de más o negativo de parte de ellos».

Y en relación al voley, dice:

«Mi futuro con respecto al voley no sabría qué decirte, estoy en el plantel ahora de Primera, pero como te digo, para el año no sé si seguiría jugando, ya que pensaba adentrarme más de lleno en la facultad. Pero más allá de seguir o no jugando, a Porteño siempre lo voy a tener presente, quizás ir algún que otro partido a ver a los chicos o pasarme a saludar de seguro lo haré».

Leonel Muñoz, mientras se proyecta como psicólogo, disfruta su pasión por el vóley en el club.