Pasaron algunos días, cuatro para ser más específicos, y junto al dolor, continúan las preguntas sobre cómo se escapó un partido al cual se lo tuvo dominado durante 39 minutos y 53 segundos. Solo restaban siete de esos segundos, y Porteño estaba por primera vez en su historia, en la final del Torneo Metropolitano.

Seguro, la mayor bronca e impotencia la llevan los propios protagonistas, porque estuvieron a las postrimerías de un hecho histórico para el club. Pero sería hasta injusto quedarse en esos instantes finales, y no en todo lo sucedido anteriormente, a lo largo del 2019, que les posibilitó llegar al Final Four, un acontecimiento inédito hasta este sábado.

Queda entonces rescatar los aspectos positivos, que sin dudas abren un abanico de esperanza de cara no solo al 2020, sino acorde al proyecto afianzado temporada tras temporada, en los años venideros.

En principio, de los cuatro campeones de zonas, Porteño fue el único que compitió con un equipo B, porque posee otro compitiendo en el Torneo Federal. Por quinta vez consecutiva, en esta demuestra seguir aprendiendo y capitalizando experiencia, que lo tiene a pocos días del receso, entre los conjuntos con mejor porcentaje de eficacia entre victorias y derrotas.

El elenco metropolitano, conformado para llegar alto, fue indudablemente de menor a mayor. Su primera fase la sorteó casi por obligación, en un triangular donde clasificaban dos….

Luego, la segunda, se vio tal vez el momento más flojo, donde comenzó en una etapa de ocho equipos, a una sola rueda. Tres derrotas iniciales, dos de ellas como local, llevaron a pensar que en este año, se vería una segunda mitad compitiendo en niveles inéditos hasta entonces. Pero sin dudas hubieron charlas, metas, desafíos internos y grupales, y desafiarse que esos nombres estaban para otra cosa.

Y fue el renacer. Porque comenzaron a llegar las victorias, y la última jornada a buscar la clasificación en un reducto complicado. Se consiguió con solvencia, la clasificación a la Copa Metropolitana, y el segundo objetivo del año, logrado. Aunque por historia reciente que ya se va haciendo prolongada, recién allí amaneció el primero grande.

Un arranque con goleada en contra preocupante, pero sin darle margen a los fantasmas, una seguidilla de triunfos que pusieron a los dirigidos por Daniel Piputto entre los tres de arriba. Y tras la caída en River, solo llegaron alegrías, para terminar segundo, por debajo de los de Nuñez.

Los playoffs una muestra de estar Porteño en su mejor momento, el que se cristalizó con vencer en la final a River las dos veces como visitante, y consagrarse campeón de la Zona 4.

Y el Cuadrangular en Los Indios, para determinar al campeón del 2019 de FeBAMBA.
Y allí, una gran actuación, dominando al luego bicampeón All Boys, sacándole por momentos hasta 15 de ventaja. Pero el oponente está conformado con jugadores con mucho oficio, no se desesperaron ante la supremacía rival, fueron limando hasta empatar restando esos benditos siete segundos. Y el suplementario.

En esos cinco, mostró un arranque con nuestros muchachos shockeados por ese desenlace en el tiempo regular, los de Floresta se escaparon, estableciendo en total un parcial 11-0, y ya no hubo más por definir.

Queda entonces, realzar al equipo, con tres jugadores por arriba de los treinta años (Guillermo Crespo, Rafael Rubado y Lucas Curiale), quienes aportaron la experiencia en momentos complicados dentro de los rectángulos, y le transmitieron confianza a los más jóvenes, particionados en dos franjas

Una, integrada por Nicolás Rodríguez junto a los hermanos Facundo e Ignacio Spagnuolo, Esteban Belloni e Ignacio Siniuk, promediando 23 años. Y luego, los pibes que llegan desde el proyecto encarado desde hace tres lustros, con permanentes renovaciones. En esta temporada, Manuel Damommio, Julián Pagano, Gastón Arena, Peter Rodríguez, y Santino Di Doménico (refuerzo de Casa de Padua), fueron quienes tuvieron más minutos, además de integrar la plantilla del Federal. Pero son la cara visible de aproximadamente una docena de jóvenes que debutaron en el equipo superior, siendo U15, U17 y U19.

Viendo los últimos tres campeones de la Federación, queda en claro que aún Porteño está dando unos años de ventaja desde el calendario. Y allí queda entonces el desafío de la dirigencia: apostar a profundizar la continuidad de un grupo excelente en lo humano, a que los mayores sigan proyectando sus vivencias a quienes vienen de abajo. Y tener la paciencia de saber que alguna vez se dará.

Cierto responsable de esta construcción, le dijo al cronista: “si no será este año, será el otro, o el otro. Tal vez nunca, porque campeón sale uno solo, pero manteniendo el mismo camino, vas a estar siempre como protagonista”.

Y eso es para rescatar. No se pudo dar. Como en 2014, se arribó a lo que serían las semifinales, en un certamen donde comenzaron ciento veinte equipos. Terminar asi, desde esa perspectiva, es muy bueno. La página final no debe opacar un libro con gran argumento a lo largo de estos doce meses.

Sin dudas duele, porque cuando uno nada durante todo el océano, siente pena por ahogarse en la orilla. Pero nadaron todos, y solo llega uno. Le tocó a uno que repitió lo del año pasado, por lo que sin dudas, estamos hablando de un gran equipo. Y haberlo tenido ahí, al borde de la eliminación, es un mérito enorme para nuestros jugadores.

Sabiendo cómo se piensa en dicha actividad, queda la certeza de descansar, dejar bajar las pulsaciones, las emociones, y regresar en febrero sabiendo que por este camino, y capitalizando lo sucedido, irán por superar esta actuación.

Fue sin dudas, un campañón. Porteño volvió a decir presente en el ámbito metropolitano. Y promete quedarse un buen rato.