Se cumplieron cien días de cuarentena. Cien días en los cuales nuestras vidas, nuestros hábitos y costumbres, cambiaron drásticamente. Algunos, para siempre.

Entre esas modificaciones a las rutinas, sin dudas el no poder asistir al Club para entrenar, jugar, juntarnos con las amistades, disfrutar de las instalaciones, ha sido una de ellas. Con secuelas físicas, pero sobre todo emocionales, generadas.

Lejos ya asoman esos días iniciales del aislamiento social, con el entusiasmo colectivo de los challenges, sea con balones o el omnipresente papel higiénico de fines de marzo, e inicios de abril. La proliferación de desafíos generados por los profesores, acoplados plenamente junto a sus dirigidos, incluso en los emergentes tik tok. Todo efectuado con alegría, entusiasmo, poniendo la mejor voluntad a una situación novedosa no solo aquí, sino en gran parte del mundo.

Obviamente, la prolongación y sumatoria de los días confinados en los hogares, trajo aparejado el hastío, el lógico cansancio, y la imposibilidad de hallar variantes a una rutina desgastante.

Por eso, al cumplirse un centenar de días con este aislamiento social obligatorio, hablamos con Carolina Giménez, Licenciada en Psicopedagogía, recibida en la Universidad del Salvador (matrícula 104.339), para darnos desde su profesión y trabajo, un panorama acerca de cómo ha afectado esta nueva manera de vivir.

«La pandemia, sin dudas, nos ha desestabilizado a grandes y a chicos, por lo sorpresivo y lo inédito.
Implicó una exigencia adaptativa veloz que transformo la realidad drasticamente: las rutinas, los proyectos, los rituales quedaron postergados», expresa Carolina, madre de dos hijos varones, quienes juegan al Futsal en Porteño.

Junto a un grupo de profesionales, integra Recreando, un equipo de atención interdisciplinaria. Se desempeñan en la zona de Ramos Mejía. Obviamente, por la situación vivida, lo hacen vía online; para cuando la cuarentena culmine, y todas las actividades recobren su normalidad, lo harán en la calle Bolívar 324.

«En la zona estamos desde el 2013. Somos un grupo de quince profesionales, entre terapeutas y maestras de apoyo. En lo personal, estoy
especializada en atención y estimulación temprana», señala Carolina, quien además es docente, fundadora y coordinadora del Equipo Recreando.

Referido a sus pacientes, con otras particularidades terapéuticas, pero implicados en el mismo entorno de resguardarse en sus hogares, comenta:

«Los más grandes, como son los adolescentes, dieron más lugar a la palabra frente a esta situación de aislamiento: lo que extrañan, lo que temen, situaciones familiares que los atraviesan. Con las familias, se observa gran implicancia para poder acompañar a sus hijos, participan, reflexionan, escuchan y buscan ayuda».

Y agrega:

«Con esta nueva modalidad de atención virtual, re descubrimos a nuestros pacientes desde otro lugar. Somos nosotros quienes nos dirigimos a su encuentro y ellos nos reciben en sus casas. Nos muestran sus pertenencias, sus lugares favoritos de la casa, se suman hermanos… ellos proponen juegos. Se construye un espacio nuevo que si bien no reemplaza a la atención presencial acompaña a transitar este momento tan particular de incertidumbre».

Sin dudas, los más pequeños son quienes más han debido adaptarse a esta realidad.

«Para ellos todo es descubrimiento, y en estos días han podido construir nuevos territorios en el aislamiento: los pequeños, a través de los encuentros por Zoom con sus compañeros y docentes, más espacios compartidos a nivel familiar, cocinan, juegan con juguetes guardados de hace tiempo, se arman «casitas» con telas y sillas para tener en un espacio propio, entre otras actividades».

Y en relación a los adolescetes, añade:

«En los encuentros a través de la playstation, fijan horas para «juntarse» con amigos, proyectan torneos- misiones, comparten vídeos de You Tube, se saludan por Instagram. Se quedan hasta la madrugada, en ese espacio de intimidad mientras los adultos duermen. Todo esto es parte de construir «un afuera», esa diferenciación que se hace tan necesaria en estas edades. Estamos atravesando un escenario difícil. Nos vamos reconstruyendo – reinventando».

Por supesto, en la reinvención detallada por Carolina, no están exentos los mayores.

«Como adultos (padres, docentes, abuelos, tios, profes del club) ofrecer a través de la virtualidad o los recursos adecuados, espacios donde construir anécdotas, momentos agradables, desafíos que motoricen aprendizajes, que ayuden a dar un sentido a esta parte de su propia historia», explica.

Sin fecha definida, algo es seguro: en algún momento este aislamiento culminará. Y desde esa certeza, un porvenir por programar.

«Es importante transmitir esta situación como transitoria, y si surgen algunos problemas ( que pueden ocurrir) se resolverán. Debe instalarse un futuro vital», afirma.

«Estamos seguros acerca de lo fundamental en sostener a las familia, responder cada necesidad, y atendiendo al niño en su singularidad, atravesado por esta situación de aislamiento», culmina diciendo la Licenciada, quien junto a sus colegas, capacitacitándose de modo permanente para atender a las familias en un momento inusual de la sociedad, son esenciales en esta etapa, hasta poder volver a vivir como lo hacíamos, antes de aparecer un virus invisible, pero mortificante.