El llevar a los hijos a los entrenamientos, y a la vez, asistir a los partidos que juegan, permite que muchas veces, entre los padres comiencen relaciones de camaradería. Charlas, viajes, tribunas, mates, permiten conocerse, hablar de sus vástagos, reír y sufrir junto a ellos, alentarlos, y empatizar en situaciones comunes.