Llegué a Estudiantil Porteño hacia fines del 2013, cuando por la Federación de Básquet donde trabajo me mandaron a cubrir los cuartos de final entre el local y Las Heras; en ese oponente, el base era un chico que hoy defiende los colores de la institución. Apenas arribé, en el ingreso de la cancha me presento ante un hombre que vendía las entradas y le comento a quien representaba; impávidamente me pide una acreditación o identificación, y al no tenerla, me dice que debía abonar como todos. Fue la única vez que lo hice como periodista, y lo confieso: esa noche desee con el alma la derrota de Porteño. Y vaya a saber qué dios enloquecido me escuchó, porque la visita ganó un partido en los instantes finales luego de estar abajo en el tanteador todo el juego.