Ameghino de Villa María es un equipo que disputa actualmente la Liga Argentina de Básquet, segundo escalón de esta actividad en nuestro país, por debajo de la Liga Nacional. Nada fuera de lo común, aunque por el detalle de tener en el cuerpo técnico, como primer asistente, a Nicolás Tilloy, surgido como jugador en Estudiantil Porteño.
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«Como primer asistente estoy desde agosto, en la previa al inicio de esta temporada. Es mi segunda etapa en el club; la primera me tuvo como entrenador de formativas y superior local, y segundo asistente de Liga Argentina, entre 2017 y 2019. Allí volví a Capital Federal, a All Boys, para disputar el Torneo Federal como primer asistente, y al culminar, retorné a Córdoba, para el rol actual, como asistente de Pablo Castro, el entrenador jefe», cuenta Nico durante una tarde semanal, retornados a Villa María luego de una gira de siete días, donde recorrieron el noroeste argentino.
El básquet tiene en su calendario para los dos niveles mayores, un formato de disputa donde un equipo juega varios cotejos consecutivos como visitante, y otros tantos de local, para no estar viajando cada semana, con los consabidos costos de traslados, en un deporte orgulloso de considerarse absolutamente federal.

Ya en la ciudad donde reside, y mientras edita y estudia videos de los próximos rivales, charla con Prensa Porteño.
«Iba mucho al CE.N.A.R.D para mirar entrenamientos y aprender un poco. En uno de ellos, estaba Herman Mandole (actual coordinador de las formativas nacionales), y nos cruzamos allí. Yo estaba dirigiendo a San Andrés. Él había sido asistente de Pablo, y como en Ameghino estaban buscando un entrenador para formativas, y como apliqué en el perfil, se dio la oportunidad. Tras la pandemia, decidí como estilo de vida, radicarme aquí . Cuando dirigí las categorías menores, conocí muchísima gente que me hizo sentir cómodo, además de ser bueno deportivamente. Me adoptaron como propio, y eso me pone muy contento», afirma.
Ya con varios años instalado, se le pregunta por los factores donde percibe su crecimiento como profesional del básquet.
«El mismo recorrido te va formando también, no solamente lo aprendido dentro de una cancha, lo cual es más importante, porque es la vida. El básquet es uno solo, y toda la información la tenés a un click de distancia. Me hizo muy bien la experiencia en All Boys, con la edición de videos y todo lo referido al trabajo de un asistente, como acceso a la tecnología y tácticas avanzadas, Fue un golpe de horno necesario. También me asenté con la estructura del club; cuando Facundo Muria dejó de ser el asistente en Ameghino, necesitaban alguien con el conocimiento de cómo se trabajaba en el club, su estilo de juego, objetivo, y allí fue cuando se contactaron conmigo nuevamente», explica.

Trabajar a tiempo completo en un cuerpo técnico de básquet, implica horas extras excedentes a los tiempos de entrenamientos o partidos.
«Eso siempre va a depender de la dedicación puesta por uno. Sin dudas es una actividad a tiempo completo; en mi caso particular, aparte de las tres horas en la cancha con entrenamiento diario, le meto entre cuatro o cinco más con la computadora. Editar y producir los últimos tres rivales sumado al de tu equipo, más si el entrenador te pide algo puntual acerca de un jugador o una defensa específica. Obviamente hay semanas y semanas, hace dos estuvimos de gira en Santiago del Estero, Tucumán y Salta, y ahora entre los juegos de Colón y Libertad de Sunchales, tenemos ocho días libres, entonces el propio fixture te va armando la agenda de trabajo», expresa.
Su acceso a este deporte era inevitable, tanto para él como su hermano menor Sebastián (flamante entrenador de las formativas en Nolting de Ciudadela), Sus padres Gustavo y Alicia, ambos metiendo horas, cuerpo y alma a una actividad muy distante a la actualidad.
«Comencé en Porteño a los 8 años, en premini. Estamos hablando del año 1999, y ellos de a poco comenzaron a meterse en el club, que no era como es ahora. Había mucho menos participación de los padres, y se fue armando una subcomisión con ellos, acompañando a sus hijos, quienes hoy son mis amigos. Pasábamos juntos mucho tiempo fuera del entrenamiento, porque ellos se quedaban en reuniones, y Porteño se nos transformó en nuestra primera casa. Estuve allí hasta los 22 años, donde jugué en Primera, y por una cuestión de comodidad, me fui a San Andrés. Llegué a dirigir en Minibásquet B, y jugar en el superior Flex», dice. Y agrega:
«Mati Izzo fue mi entrenador de Mini a Primera, y hoy vuelve a las bases, por lo cual está en buenas manos. Ese fue mi recorrida en Porteño, mucha vida vivida allí».

La mención de Matías refleja su conocimiento de la actualidad en el básquet de nuestra institución. El jueves próximo, inicia su octava temporada consecutiva en el Torneo Federal, con varios jugadores protagonistas de aquel campeonato y ascenso, y todos los años mencionados con esta camiseta. Un proyecto con la palada inicial en aquellos tiempos iniciáticos.
«Probablemente tenga que ver todo, lo realizado en esos primeros momentos, y lo efectuado después. Cada persona que pasó dejó sin dudas su granito de arena, más allá de su tiempo . Por ejemplo, gente que estuvo un par de años, como Chiqui Pertuzzo, y el trabajo hecho dejó una semilla gigante, o Juani González, dirigiendo las Primeras; ambos no son del riñón de Porteño histórico, sino del lejano oeste (risas). Aportaron lo mejor, son excelentes profesionales y se complementaron a las ideas de Matías, y eso de verdad habla de un proyecto muy grande. No solo lo iniciado hace veinte años, sino lo efectuado en ducho transcurso. Dirigentes que continuaron con las semillas plantadas; el trabajo de Marcelo Belloni es enorme, porque está en todo momento, y hoy nombrás al básquet de Porteño, y su nombre va de la mano, como en su momento nombrabas a Estudiantil y asomaba la figura de Fernando Del Peral. Y el día que Marcelo se canse y no esté más, aparezca otro con la misma impronta y pueda continuar», sostiene.

Su ocupación actual le permite recorrer el país, y observar clubes, estadios e infraestructuras, compitiendo en la Liga Argentina. ¿Puede Estudiantil Porteño soñar con algún día llegar a esa categoría? ¿Y cuáles son los factores que hoy lo impedirían?
«En la Liga hay treinta equipos jugando, con realidades completamente distintas; por eso cualquier club se puede adaptar. Es fundamental una buena estructura para reclutamiento, para en base a eso crecer. Hace mucho no ando por el club, pero serían necesarios cuatro o cinco dormys adentro, y en ese aspecto hay espacio disponible. Con ello podés potenciar un equipo en perspectiva para llegar a Liga Argentina; un equipo se forma con seis fichas mayores, y en el ámbito FeBAMBA hay mucho material de jugadores. En cuanto a estructura, la cancha auxiliar la tienen, la base de chicos en formativas también. Si bien se creció muchísimo, porque hace quince años era impensado imaginar donde está ahora, se puede seguir haciendo para continuar ese crecimiento», afirma.

Para el final, se le pide unas palabras para aquellos pequeños con la misma edad a la suya, cuando asomó por primera vez en el club.
«Que se divierta, juegue, haga la mayor cantidad de amigos y pase la mayor parte del tiempo en el club. Porque educa de una forma única, y es una herramienta social por excelencia, sobre todo, como está la calle. Y en cualquier deporte, pero si es en el básquet, mejor (risas). La otra vez nos juntamos a jugar con toda una banda del club que no veía hace bastante, y te seguís acordando de todos esos momentos cuando eras niño, como si hubiese sido ayer. Los viajes, los mini encuentros, todo es único y lo recordás con cariño y cuidado, cuando ya sos grande».
Nicolás Tilloy, surgido en el semillero del básquet de nuestra institución, hoy integrante del cuerpo técnico de Ameghino de Villa María, disputando la Liga Argentina de Básquet. Y con su techo de crecimiento aún lejano.





