Llegué a Estudiantil Porteño hacia fines del 2013, cuando por la Federación de Básquet donde trabajo me mandaron a cubrir los cuartos de final entre el local y Las Heras; en ese oponente, el base era un chico que hoy defiende los colores de la institución. Apenas arribé, en el ingreso de la cancha me presento ante un hombre que vendía las entradas y le comento a quien representaba; impávidamente me pide una acreditación o identificación, y al no tenerla, me dice que debía abonar como todos. Fue la única vez que lo hice como periodista, y lo confieso: esa noche desee con el alma la derrota de Porteño. Y vaya a saber qué dios enloquecido me escuchó, porque la visita ganó un partido en los instantes finales luego de estar abajo en el tanteador todo el juego.

Al año siguiente se reorganizó la Federación, en conferencias, y me asignaron la Oeste. En ese verano tórrido me tomé varias semanas para presentarme en los clubes, y concerté una nota con Porteño sobre cinco jóvenes surgidos en la cantera. Tremenda sorpresa fue cuando volví a la calle Barcala, y pregunto por la persona con quien coordiné la nota: era el mismo de la entrada….

A partir de allí, nació un nuevo vínculo con la institución, y narrarlo sería engorroso. Solo mencionar que estos años me posibilitaron estar presente en la fiesta aniversario del sábado y poder disfrutar de una noche mágica. Al estar durante la mayor parte de este tiempo en el básquet, sin dudas hizo que el grueso de los asistentes no me conocieran, y obviamente fuese recíproco. De a poco, tendré el mismo contacto con las demás disciplinas deportivas que se practican en el club.

Me dediqué a mirar, observar, escuchar, y sobre todo, a comer… porque si hay algo que satisfizo en sumo grado a este estómago marplatense, fue la variedad de exquisiteces puestas en las mesas armadas y decoradas con esmero, dedicación y fundamentalmente, un increíble buen gusto. Degusté todas las cazuelas, los canapés incluyendo mousse de jamón y tomatitos cherry, crema de huevo con pimentó ahumado, mascarpone con ciboulette. Las focaccias de jamón crudo y rúcula, las tortillitas de espinaca y española; también la ternera con escabeche y los mejillones a la provenzal. Todo regado con una amplia variedad de bebidas.

Llegó el momento formal del inicio, y la palabra al micrófono de Griselda Middea, acompañada por Lili Blanch y Rosana Ferri, mentoras y organizadoras del evento conmemorando los 115 años de Estudiantil Porteño. Las 160 personas acomodadas en las mesas, siendo la más cercana a la salida ocupada por el presidente Carlos Garbesi junto a su familia, y los invitados: el Dr. Armando Cervone, presidente de la Asociación Argentina de Tenis, y Ricardo González, presidente de la Unión de Clubes del Oeste.

La presencia de Cervone coronaba una jornada inolvidable para el club, con la presencia de la Copa Davis que el equipo argentino conquistó en el 2016 por primera vez en su historia. La famosa Ensaladera de Plata reposando incólume, soberbia, inalcanzable, a la derecha del ingreso principal. La policía asegurando que nadie osara posar sus manos, porque es un privilegio reservado solo a quienes la conquistan.

Luego de la presentación, unos calentitos (pletzalej de tomate y queso, pizzetas calentitos criollos, vegetales y jamón y queso, para inmediatamente el deejay largara la primera tanda de música. Ritmos latinos, y gran parte de los invitados dejando soltar sus aptitudes para la danza, sus ganas de divertirse.

El momento de las cazuelas, con pastas, lomos, pernil de cerdo, pollo al disco, mil hojas de papas, crepes, chop suey y el cronista encomendado en pedirle al cielo un estómago con mayor capacidad…

Las mesas dulces con sus variedades de tortas, tartas, helados, panqueques, ensalada de frutas, e instante donde llegó una banda tan inverosímil como genial. Con sus atuendos egipcios, un Ledman, y personalidades históricas de la entidad enfundados en esas vestimentas. Nadie se quedó sin participar, con los covers de Los Auténticos Decadentes, Los Fabulosos Cadillas, Los Caligaris, Bersuit Vergarabat y otras infaltables con sus himnos pachangueros en toda fiesta que se precie de tal. Dos cantantes interactuando con la gente, igual cantidad de chicas sin pausas, otros con sus instrumentos de viento, y la noche en su climax de diversión. Un instante absurdamente insuperable.

La entrega de una plaqueta recordatoria por parte de González a Garbesi, dejando en sus palabras la certeza de ser Estudiantil Porteño un faro en esta zona de Buenos Aires, con su constante crecimiento, la suma de socios, los frutos en resultados deportivos al trabajo incesante de los profesores y coordinadores de las actividades.

El brindis, con la comisión directiva frente a la torta alegórica, el deseo de continuar con el progreso y vivenciar de manera positiva esta actualidad esplendorosa.

Más baile, más ritmos, y la efusividad en la pista de todos, con nuestras hermosas y distinguidas mujeres como epicentro, acompañadas por sus esposos, cónyugues, hijos o amigas. Ninguna se quedó sin bailar y fue otra muestra más que parte de la grandeza del club se recuesta en la energía incansable de ellas. La noche solo reflejó sus ímpetus semanales para que las disciplinas deportivas no decaigan, y por el contrario, crezcan.

Las repercusiones siguieron al día siguiente, y siguen. No es sencillo elaborar otra fiesta como la vivida; una de las organizadoras me comentó los meses de trabajo, las horas dedicadas plenamente y sin dudas se torna complicado su recurrencia. Esta, en especial, se viene proyectando desde abril, cinco meses.

El agradecimiento de los socios, directivos, invitados, por el resultado de tanto sacrificio. El presente de la entidad merecía un evento con tales características.

Desde mi rol como cronista, feliz de haber sido parte de una familia que gradualmente la voy sintiendo mía.

Los enlaces a algunos vídeos de la fiesta en los siguientes link: