Queríamos tener la palabra de nuestro presidente Carlos Garbesi, como punta de lanza para que otros dirigentes en lo sucesivo puedan tener su espacio en esta página. Garbesi se explayó en varios conceptos, desde su función como responsable máximo de la entidad, hasta detalles de su juventud como guardavidas en la pileta, pasando por los logros en obras e infraestructura, y los objetivos trazados en el mediato plazo.

“Como comisión directiva, fuimos electos en octubre de 2009; la composición inicial fue variando con el tiempo. En la actualidad, somos diez personas con distintas actividades: arquitectos, ingenieros, contadores, licenciados en sistemas. Es un grupo bastante variado en cuanto las especialidades y eso lo transforma en muy rico a la hora de debatir y consensuar, además de tomar decisiones. En lo personal, ha sido un honor, un gusto y privilegio haber estado trabajando con todos ellos. Normalmente, y como es esperable, uno no coincide en todos los temas de manera unánime, y siempre los intercambios de ideas se dieron en un contexto de construir; eso nos permitió llegar a la alternativa más razonable, viendo distintos escenarios y posturas. El resultado obtenido de cómo está hoy el club no es solamente responsabilidad nuestra, sino también de las subcomisiones, quienes trabajan de manera ardua,incluyendo a sus entrenadores y profesores. También es de los empleados, quienes mantienen nuestra institución en excelentes condiciones para utilizarlo y disfrutarlo. Por supuesto de los socios, cuyo aporte de la cuota y aranceles que abonan, nos ayudan en la cuestión económica. También quienes colaboran no solo con el dinero, sino dan de su tiempo, ideas; es muy importante resaltarlo porque son logros conseguidos no solo por la dirigencia, sino por la familia de Porteño”.

“Alrededor de cuarenta personas trabajando en nuestras instalaciones, en relación de dependencia, contando administrativos, maestranza; pero a ellos deben sumarse todos los profesores, preparadores físicos y los que trabajan bajo la órbita de las diversas subcomisiones. Si hacemos esa cuenta, orillamos mínimamente el centenar. Hay una gran infraestructura de personal que desde sus roles nos permiten presentar un club con gran actualidad y permanente progreso”.

“Cuando comenzamos, estábamos en el orden de los dos mil quinientos socios; siempre hay un número que fluctúa pero hay un piso. Hoy estamos superando los cuatro mil. Con respecto a las actividades, siguen siendo las mismas, referidas a las de mayor masa societaria, pero sí ha habido un crecimiento notorio en ellas. Lo percibido es que todas ellas crecen, lo cual es un objetivo apuntado: reforzarse, aumentar, que Estudiantil Porteño sea un espacio deportivo y cultural en el más amplio sentido de la palabra. Por supuesto, hay disciplinas más fuertes, como sucede en todos los clubes, pero notamos un crecimiento sostenido y parejo de todas las demás”.

“Desde la infraestructura, hemos podido iniciar el camino de poder dejar la institución prácticamente nuevo, no solamente con las obras que están a la vista, sino otras cuestiones, como la eléctrica. Hicimos unas reformas en el sistema de agua caliente y eso nos permitió ahorrar bastante en las facturas de servicios públicos, como el gas y la energía eléctrica. Buscamos con ello consumir menos, para poder solventar los gastos al instante de llegar las boletas tarifarias, como en estos momentos, donde el impacto es menor. Con respecto al consumo eléctrico, estamos en el proceso de pasar a tecnología Led, cuyo consumo es muchísimo menor; hemos podido reformular la iluminación en las canchas de tenis, al igual que en los gimnasios. Hemos efectuado las obras en el fondo del club, el quincho; conseguimos no solo trabajar en obras sino en el mantenimiento de las mismas, que es muy importante, porque con eso lográs sostener el crecimiento. Como sucede en una casa, si no te preocupás por el mantenimiento, terminás perdiendo lo conseguido. Y Porteño es para nosotros nuestra segunda casa, por eso la preocupación permanente por estar pendientes de eso”.

“Llegué a Porteño muy chico, desde mi juventud; luego en el período de la Facultad, estudié en el Centro, estaba menos en la zona (estudié Licenciatura en Sistemas de Información), pero siempre se vuelve; una vez que los hijos crecieron, participamos de manera más activa con la familia. He trabajado aquí de guardavidas, mi deporte fue la natación, representé a club con el mismo, pero me gustan todos los deportes. Mi esposa Roxana juega de toda su vida a tenis, y aquí tenemos muchas amistades. Esto es como una gran familia y así está visto en la comunidad no solo de Ramos Mejía sino en sus alrededores; es una entidad conocida y respetada”.

“Lamentablemente, en este momento no tenemos muchas posibilidades de crecer desde lo edilicio porque en la periferia del club son todas viviendas. Pero lo que estamos haciendo de manera permanente es optimizar al máximo todos los espacios para poder ordenadamente, permitir el crecimiento requerido por todas las actividades. Por supuesto, eso tendrá un límite; no está llegando y eso tal vez lleve un tiempo, lo veremos. Tampoco podemos hacer tantas obras porque también perderíamos los espacios de aire libre, y ese también es un equilibrio delicado. ¿Hasta qué punto cerrar espacios, duplicar gimnasios, si a la vez te vas quedando sin lugares al aire libre, que como todos los socios sabe, podemos disfrutarlos durante el verano, como el camping, las canchas del fondo?”

“Es un honor y un gusto efectuar este trabajo hecho muy a conciencia. Todos los que estamos aquí adentro lo realizamos con mucha seriedad, sin ser remunerado, pero con idénticas preocupaciones a las que nos generan nuestras actividades personales. El club es un lugar donde puedo compartir todo tipo de experiencias, tanto sociales como deportivas y culturales. En el final de mi época universitaria, mi trabajo de guardavidas me permitió terminar de estudiar tranquilo, porque ganaba un dinero que me sirvió; esto, de alguna manera, es devolver ese favor hecho por el club hacia mí en un momento donde me vino muy bien. Además del cariño a la institución, me doy la posibilidad de retribuirlo a mi segunda casa. Hay vocación de servicio, y cuando nos toque terminar nuestra función, porque es bueno y necesario la renovación, además que las energías en algún momento ya no serán las mismas, por supuesto estaré para ayudar y colaborar con la dirigencia que en ese momento tome la responsabilidad en el Club”

 

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