Cuando se decidió afrontar este Prefederal, la consigna estaba más que clara: premiar a los jugadores de la Copa Metropolitana por conseguir dentro de la cancha el pasaje a este certamen, y a la vez, aprovecharlo para sumar minutos y rodaje en los jóvenes. Entonces, sabiendo del modo como se refuerzan algunos rivales, a no hacer análisis sesudos sobre los encuentros, y poder desarrollarlos desde el disfrute. Porque Porteño no tiene un desafío concreto desde el resultado, aunque obviamente, una vez dado el salto inicial, las ganas de vencer son las mismas de siempre.

Anoche ante Burzaco se pudieron conseguir los dos puntos, y comenzar con el pie derecho en el grupo 2, donde hay varios candidatos y clasificar entre los mejores cuatro será un enorme logro. En el local, la ilustre presencia de Gabriel Fernández, y en la banca, Sebastian Acosta. Jugando el Federal, Germán Fernández. O sea, un contrincante de pero cuando esté completo; este domingo, sin embargo, la chance de quedarse con el triunfo se escapó. El local jugó mejor, supo pegar en los momentos justos, pero también existieron un par de factores que influyeron: la lluvia que no dejó correr a los nuestros, cuando el negocio estaba allí por ser un equipo joven contra otro plagado de jugadores entrados en años. Mientras las piernas respondían, supieron mantener una ventaja entre los diez y catorce puntos, cuando establecieron la máxima. Pero desde ese instante, promediando el tercer cuarto, el equipo supo no desarmarse, continuar con las posesiones largas y apuntar a David, quien a pesar de lidiar con dos enormes postes (uno, el campeón olímpico) se las ingenió para mantener sus números habituales.

Y también, cuando la pintura estaba inaccesible, asomaron los bombarderos, cada uno en su momento. Fue entonces cuando de manera gradual, pero firme, las distancias se acortaron, el anfitrión comenzó a hacer notar su cansancio, y Porteño se puso solo a dos, cuando quedaba medio cuarto para la conclusión. El 51-49 llenó de incertidumbres a quienes hasta hacía un rato antes confiaban en un debut holgado y despreocupado. Pero en ese momento, cuando todo indicaba que nuestro equipo le tiraba al rival su oficio mayor en este tipo de campeonatos (exceptuando, obvio, a Gabi), extrañamente se tomaron malas decisiones en ofensivas, con cuatro pérdidas consecutivas. El momento del golpe noqueador no pudo aparacer, Burzaco recobró el aire y volcando su instinto de supervivencia, dejó todo en manos de su estrella fulgurante, y éste, maestro de mil batallas, volcó la balanza a favor de su equipo. Fue una clase la que dio en los minutos finales, no solo convirtiendo sino metiendo asistencias que dejaban solo al compañero mejor posteado.

El momento nuestro ya había pasado, y solo restaba esperar la conclusión del juego; entre las interrupciones por las goteras del techo y el amor propio de los jugadores en no dar perdida la batalla hasta el último segundo, se dilató la conclusión. Ahora viene Ramos, también de visitante. Los ganadores de las dos pasadas ediciones. Como se escribió al inicio, un campeonato para ir, sentarse en la tribuna y disfrutar plenamente el despliegue de nuestros jugadores. A no enloquecerse con el transcurso desde el resultadismo. Jugarlo es con un propósito completamente distinto.