Eduardo Rial es uno de los baluartes que trabajan en Estudiantil Porteño. Llegó en el año 1963 siendo muy joven junto a un amigo (Jorge De Castro), que ya era socio y hoy es también vitalicio.

“En ese momento no iba a ningún club y solo hacía fútbol; cada tanto iba al Ateneo Don Bosco. En el año mencionado llegué y aquí quedé, desde hace 54 años. Vine por el tenis, ya que el fútbol no estaba desarrollado como ahora; en esos momentos las disciplinas fuertes eran básquet, natación y tenis”, comenta Eduardo en la tarde semanal; la nota hecha en la oficina donde trabaja, mientras las instalaciones todavía no están con la cantidad de socios que habitualmente se ven un par de horas después, cuando sus variadas actividades están funcionando a pleno.

“Las instalaciones eran muy diferentes a hoy día; el edificio no estaba y en su lugar estaba la cancha de hockey. El club terminaba un poquito mas a lo que hoy es el patio; tampoco existían las canchas 8 y 9, era una quinta; comenzó a crecer, desarrollarse y en el año 1970 se da inicio a la construcción del edificio. Vino para este lado, a este predio en 1958”, expresa, y ahí la repregunta del cronista al desconocer su origen de ubicación.

“El club se fundó en la Capital Federal, después vino a Ciudadela, tuvo un breve paso por Ituzaingó (aunque eso no está completamente confirmado) y luego se instaló en Ramos Mejía, donde actualmente está la plaza Mitre. Allí yo iba con mis viejos sin ser socios, ellos si lo eran; participábamos de los bailes de carnaval, aunque yo mucho no recuerdo porque era muy pequeño, menos de diez años tenía. Se hacían en el casco de una quinta. Después se asentó aquí y era muy distinto; habían porteros con gorra que te recibían y la masa societaria, si bien no lo puedo decir con precisión, no alcanzaba ni al diez por ciento de la actualidad”, comenta Eduardo.

Su vasta trayectoria como socio sin dudas tiene también su etapa como dirigente.

“Entré a la comisión directiva en el año 1985 con Raúl Benchimol, quien era el presidente, muy importante, como lo han sido todos los que conocí. Estuvo un período bastante prolongado, y estuve dos años. Regresé en 1987 con una nueva comisión hasta 1996”, dice, y menciona los cargos ocupados: vocal, vocal suplente y después secretario.

“Pensé que no volvería pero por la simple razón de sentir que había cumplido un momento, llegó otra gente con voluntad de hacerlo y me parecía bárbaro. Pero regresé a la gerencia en el 2010; la actual comisión encabezada por Carlos Garbesi, Alejandro Lynch, Porreca, Scalise, Alonso, Arito, entraron en octubre de 2009 y seis meses después me invitaron a participar, me ofrecieron si quería colaborar con la gerencia. Lo tomé con orgullo porque es una dirigencia muy importante, hizo una transformación fundamental en el Club”, afirma.

Tantos años en Porteño, y la pregunta sobre si los vaivenes económicos y sociales de la Argentina influyeron en el andar del mismo.

“Siempre. Incluso, la aparición de los countries lo tomé como la muerte de los clubes, porque se llevó a mucha gente con poder adquisitivo; luego, el sube y baja del país tuvo sus incidencias. En el 2000 se estuvo al borde del colapso, había mucha gente en relación de dependencia y costaba pagarles a todos; las consecuencias fueron juicios que las comisiones siguientes fueron pagando como se pudo, y remando de manera constante se pudo recuperar nuevamente en el tiempo. Y dejame reiterar: estaba estable, pero sin dudas el cambio producido desde el 2009 ayudó a no solo estabilizarse sino progresar”, asegura. Y se da el tiempo para rememorar a una persona muy importante en su vida.

“En 1967 el presidente era Roque Pugliese, mi suegro, y él dio también cambios fundamentales, como soñar hacer este edificio y un club diferente. Pasó de tener 600 socios a muchísimos más y con funciones polideportivas; y lo lograron. Ese fue el primer cambio, y veo en este algo similar; no lo digo en desmedro de quienes hayan estado antes: si hay un mérito de esta comisión es haberlo revitalizado. Lo voy a decir desde mi lugar generacional: el club estaba dirigido por gente de mi edad, y las personas como yo pueden estar trabajando aunque no conduciendo, porque los directivos deben tener menos de 50 años, gente joven con energías, con ideas nuevas, ganas, con sus hijos dentro del club. Por eso acepté sumarme a ellos, porque cuando vine todos estaban por debajo de esa edad; tuvieron una visión nueva de lo que deseaban hacer, fundamentalmente en obras. Se hizo muchísimo”.

Entonces, momento de mencionar lo que se hizo.

“No voy a decirte que se hizo un club nuevo, pero en el fondo donde estaba abandonada la cancha se hicieron las de fútbol 5 con piso sintético, se reformó todo el frente de este edificio, los gimnasios con maquinarias nuevas, quedando espectacular y además se intercalaron de pisos. Se arreglaron cosas en la pileta, cambio de alambrados, vestuarios nuevos de verano, entre tantas cosas que se me escapan ahora- enumera y agrega-. Se escrituraron las cocheras y la obra más reciente e igual de impactante es el quincho hecho a nuevo, con losa radiante incluida. Fue una inversión millonaria pero valió la pena, porque los socios están contentos y disfrutan sus instalaciones. Pero obviamente falta más y se seguirán haciendo, sin dudas”.

Para Rial, el crecimiento edilicio va de la mano con los crecientes y recurrentes logros deportivos de Porteño.

“Los logros deportivos son consecuencia de mucho trabajo que comienza con el desarrollo de divisiones inferiores que van viendo un espejo, creciendo y todo es aleatorio. Siempre digo que ganar torneos no es determinante en soledad, porque competir dignamente y llegar a finales también lo es. No obstante esto, el club ha ganado muchos certámenes, Argentinos de Hockey, desarrollando nuevamente el Tenis, el Fútbol creció muchísimo, con logros importantes como el Futsal clasificando al sudamericano. Hemos recuperado el Voley, a quien lo vemos en un buen momento; el Básquet compitiendo en el Federal. Gimnasia, Patín, todos están de manera ascendente, merced al trabajo de sus subcomisiones con el apoyo de la Comisión Directiva”, explaya.

Otra de las razones, admite, es el crecimiento de socios desde el 2009, cuando habían cerca de 3000 y hoy orilla los 4800. Explica que se está lejos de desbordar la capacidad edilicia porque ese número nunca está de manera conjunta, y desde esa premisa se trabaja para el crecimiento constante. Y se toma un lapso para refrescar los hitos deportivos:

“A veces no tenemos quienes estamos aquí dentro noción de lo que algunos deportes están consiguiendo: el hockey llegó a una final sudamericana, con jugadores en seleccionados argentinos que van a representarnos en mundiales. Fútbol competirá en una Libertadores en el exterior, el básquet está instalado en el Torneo Federal. Son logros muy importantes para nuestra institución”.

Uno de los méritos de esta comisión directiva es tener al momento de ayudar a las disciplinas, una visión igualitaria. Eduardo coincide:

“Puedo hablar tranquilamente de esta comisión porque no pertenezco a ella, soy un empleado que cumple una función determinada. Pero es exactamente así y lo atribuyo a lo dicho antes: son gente joven, están aún en el deporte, ven a sus hijos competir. Yo ya estoy en una edad donde en pocos años veré en ese rol a mis nietos”, dice, y cuenta que sus hijos no solo se criaron en el club, sino que aquí conoció a su mujer (María Rosa Pugliese), en los carnavales de 1966.

“Tengo 67 años, asi que es toda una vida al lado de Pati. Tenemos dos hijos: Agustín, de 38 y Macarena de 33; y dos nietos, llamados Lucero y Salvador. Son chiquitos aún para venir al club pero mis hijos se criaron acá. Está claro que Estudiantil Porteño es parte de nuestras vidas”, dice, y la verdad es que sin dudas es su segunda casa.

Eduardo Rial, como él mismo lo dice, es un empleado del Club. Pero detrás de ello, un socio con una dilatada trayectoria, que vio crecerlo y transformarse lo que es hoy día. Un espejo para muchas instituciones.