Leopoldo Amaya llegó al club hace once años, en marzo del 2006, a través de Guillermo Reynolds. Hasta ese momento trabajaba en Jorge Newbery de Versailles. Guillermo le propuso sumarse a Porteño para dirigir FAFI y ayudarlo en la Escuela conocida como FEFI. Allí comenzó su historia, con nueve años como coordinador de todo el fútbol infantil y futsal; desde hace dos, dedicado exclusivamente al primero.

“En ese entonces teníamos en el infantil que abarca las dos Ligas: FAFI (competitivo) y FEFI (escuela), unos cuarenta chicos en cada una de ellas. Aquel comienzo fue costoso porque necesitaba ganarme mi lugar y espacio; Guille estaba hacía mucho tiempo y en ese proceso inicial debía conocer las paredes del club. A base de trabajo serio, la mirada estaba en hacer crecer el fútbol infantil, y de hecho hoy, luego de once años, contamos con mas de 250 niños. junto a ello, en 2006 arrancó el futsal con otra persona. En 2008 me hice cargo del mismo hasta el 2013, donde dejé de liderar ese área porque ya no tenía tiempos para mí y necesitaba disfrutar un poco de mi vida; pero si, en ese inicio había pocos chicos y gradualmente se fueron sumando hasta esta realidad, donde también son los frutos del boca a boca con el trabajo que se hace en Porteño”, comenta Leo, como se lo conoce en nuestra entidad, al inicio de la charla, en una mañana de entresemana.

Con el camino desandado en sus palabras, esta realidad de una base piramidal numerosa. La pregunta refiere en su rol de coordinador, a cómo se hace para trabajar de manera ordenada en el crecimiento individual de los niños.

“La función del coordinador no es solo organizar el tema espacios para que la actividad llegue a buen puerto, sino estar detrás de los entrenadores por si hace falta algo; estar detrás de los equipos, tratar de reforzar los planteles todos los años. Que todos tengan la actividad correctamente, de manera organizada; hablo mucho con los profesores, les bajo una idea madre sobre el deporte en si. En estos años armé un método de entrenamiento y va evolucionando de manera conjunta, porque soy abierto en cuanto a sus opiniones. Generalmente tenemos por sesión de entrenamientos entre tres y cuatro entrenadores, y yo estoy absolutamente todos los días en el club, de 6 a 9 de la noche; también me encargo de ir a FEFI porque a FAFI va un delegado, intento estar detrás de cada nene por si hay un inconveniente. Lógicamente hay errores y como coordinador debo tener miles, pero trato de escuchar a la gente y si hay alguna crítica que muestre algo por corregir, intento hacerlo. Eso es un poco de lo que fui aprendiendo”, asegura.

Tiene experiencia en fútbol de 11, y en eso trabajó en Tigre. También, desde hace seis años lo hace nada menos que en Boca Juniors y posee en su currículum un paso de dos años en Europa, donde se capacitó para aplicar mucho de los observado (Barcelona, Manchester United, entre otros gigantes mundiales). En medio de semejante palmarés, admite haberse convertido en hincha de Porteño. Entonces, es una persona con toda la propiedad para opinar sobre un tema álgido cuando se trata el rol de los padres de potenciales jugadores de fútbol, y todas las proyecciones a su alrededor.

“La gran mayoría de los papás en Porteño, tienen bastante claro que si bien esta actividad fue tomando preponderancia con el correr de los años, es un deporte más, y ellos los traen para realizar una actividad y luego nosotros le damos ese formalismo pero sin escaparnos de la función prioritaria. Seguramente alguno verá a su hijo como un futuro futbolista profesional; en realidad, las reuniones que hago anualmente se explica lo buscado en la actividad: divertirse, pasarla bien y sobre todo, que aprendan. No soy formador de deportistas solamente, sino de personas, y en ese combo la idea es formar futbolistas. Ojalá desde acá pueda llegar alguno a jugar en Primera pero la prioridad es armar personas, con chicos creciendo en valores humanos como el respeto, compromiso, ética, responsabilidad. Lógicamente después hay una competencia y todos queremos ganar. Nosotros también queremos ganar, pero no dramatizamos la derrota porque ganando y perdiendo siempre se aprende; no nos volvemos locos si no se consigue un resultado. Buscamos el desarrollo del chico desde el aprendizaje, con el foco en los valores morales porque después les servirán para la vida, pero el hecho de ser un formador no me invalida en lo más mínimo en intentar ganar todo lo que se pueda”, admite.

Con un largo trecho desde esos días llegado a nuestra institución buscando conocer los detalles inherentes a su actividad, esta realidad con un fútbol asentado y en constante crecimiento. ¿Cuáles son hoy día sus objetivos?

“En lo inmediato, mis objetivos personales como coordinador es que los niveles infantiles crezcan y avancen para luego pasar al área de futsal; por eso necesitamos aumentar el área de competitividad aumente. Obviamente, de conseguirlo, no perder el foco básico y madre, que es no perder el sentido de pertenencia hacia nuestro club y lo expresado antes referido a los valores. Deportivamente, mejorar las campañas y para eso efectuamos algunos cambios en el organigrama, porque consideramos que cada chico debe desarrollar sus cualidades en su respectivo nivel. Si vemos a uno de ellos con dificultades para desempeñarse donde está, lo reubicamos en otro para que pueda explotar sus cualidades pero en su nivel. Esto implica a veces estar en un grupo y al otro año cambiar, pero busco como responsable que ellos en su estadía en el fútbol infantil pueda encontrar, mejorar y potenciar sus talentos. Es difícil, lo sé, pero no podemos omitir buscar esa mejora colectiva temporada tras temporada, incluso en FEFI, porque en cierto modo es la base de este edificio, por eso le damos la mayor seriedad e importancia posible. Buscamos elevar los números estadísticos de cada grupo como objetivo secundario. El primero es plasmar en cada estadio nuestra idea de juego con el sentimiento de superar a nuestros rivales no solo en el resultado sino en el modo de conseguirlo”

Leopoldo Amaya, uno de los responsables desde su cargo de coordinador en el fútbol infantil, de esta gran actualidad en Estudiantil Porteño.