Lisandro Pucciarelli es el profesor de Taekwondo que enseña clases en el gimnasio del club. Segundo Dan, pertenece a la Escuela Ul Batuya, cuyo director es Ariel Farías, 6to dan, con sede en Ramos Mejía, cerca de nuestra institución. Durante este mes comenzó a darlas para menores, los días lunes, miércoles y viernes de 17.30 a 18.30; la buena repercusión de esta nueva actividad llevó a redoblar la apuesta, y desde el mes de julio, durante los mismos días, pero de 19 a 20 horas, se darán clases para adultos.

“La propuesta me llega porque ya estaba trabajando en el gimnasio en la parte de Spinning; charlando se enteraron que era profesor de Taekwondo y me ofrecieron incorporarlo al esquema que hay allí. Decidimos hacerlo solo para menores y nos dimos cuenta acerca de mayores con ganas también de aprender, por lo que optamos por arriesgarnos con la expectativa de crecer día a día”, comenta Lisandro previo a reunirse con sus pequeños alumnos.

Al momento de hablar sobre los menores, señala:

“Los más chicos se engancharon enseguida, vienen a todas las clases con muchas ganas y se expandió el boca a boca. Comenzó viniendo uno, luego se sumó su hermano y hoy ya tenemos seis, una buena cantidad si tomamos en cuenta haber comenzado hace pocas semanas. Más de diez ya probaron lo que es este deporte y obviamente tenemos la esperanza de crecer rápido”.

Referido a los adultos, dice:

“Hicimos una prueba piloto, hay por el momento un alumno, quien al igual que los chicos, llega con muchas ganas de aprender; empezó la semana pasada y no faltó a ninguna clase y comenzamos con la publicidad buscando en julio poder tener un grupo estable de personas con deseos de estar con nosotros. La queremos como una actividad plena en la grilla del gimnasio”.

Volviendo a los niños, se le pide que explique a grandes trazos los métodos para poder captar su atención.

“La metodología utilizada es básicamente a través de juegos y desde allí enseñarles la disciplina. Ellos, ante la buena energía, las ganas y predisposición, nos invita a escucharlos, hablarles, estar pendientes de sus gustos. A mi entender, la enseñanza hoy día pasa mucho por saber y enfocarse en sus requerimientos al momento de querer aprender y en base a eso, brindárselo sin dejar de lado su parte de niño. Gracias a Dios nos llevamos muy bien y eso me pone muy contento, como también verlos requerir tècnicas nuevas, para su mejoramiento a la vez que no pierden los instantes de diversión”, expresa Lisandro.

El cronista le pide que pueda explicar desde la ignorancia de quien pregunta, acerca si existen casos donde en una disciplina de pleno contacto físico, algún chico puede llegar a canalizar desde la agresión ciertos conflictos internos o familiares. De ser así, como se trabaja ese aspecto.

“Claramente es un trabajo en equipo; lo hacemos con la familia. Cuando llegan, lo primero que se les dice como primera regla, el no poder pegarle a nadie afuera ni dentro de las clases, el respeto en su hogar, a los mayores. Estamos de manera permanente con sus padres, que los traigan y en lo posible vengan a buscarlos al lugar de entrenamiento. Charlamos aparte por cómo les va en el colegio, pendientes en si un chico es más agresivo, en enseñarle que el taekwondo es básicamente para defenderse y no deja de ser un entrenamiento. No me ha pasado y ojalá no pase en este tiempo en Porteño que un chico sea demasiado agresivo, pero por eso no nos alejamos de la premisa de trabajar en conjunto con la familia, y sobre todo que somos educadores. Desde nuestro lugar, buscar lo mejor para el chico”, culmina enfatizando.

Comenzó con buen pie el taekwondo para los menores; y desde mañana julio, también para los mayores.