Hace algunas semanas, un hecho registrado en el fútbol infantil se hizo viral por un pequeño gran gesto: el entrenador de Boca Juniors le pidió a sus jugadores de la categoría 2005 que tiraran afuera la pelota antes de lanzar el córner, ya que el rival previamente hizo lo mismo por tener a un compañero tirado en el suelo, lesionado.

Un detalle que se potenció por tratarse de un superclásico, con River Plate en la vereda de enfrente, nada menos; y en lo que concierne a esta página, el técnico era Leopoldo Amaya, coordinador del fútbol formativa de Estudiantil Porteño.

Dejamos pasar unos días, hasta que la prensa terminara de difundir esta loable acción, y entonces si, nos dispusimos a charlar con Leo, utilizando ese gesto como disparador para charlar sobre la importancia de enseñar valores a los pequeños deportistas, su desafío al manejarse dentro de un deporte caníbal, con muchos de esos niños observados como mercancía. Además, para comenzar, refrescar algunos de sus viajes en busca del perfeccionamiento en una materia tan delicada como la docencia infantil, y comprobar que Porteño tiene en ese cargo a una persona idónea.

“En enero del 2014 fui al Manchester City y a La Masía (reducto donde se forman los jugadores del Barcelona); luego en 2016 volví a este lugar, además del Rayo Vallecano, Atlético de Madrid y Getafe de España, para después visitar el Milán de Italia. En realidad siempre tuve las ganas de recorrer Europa para saber cómo trabajan y piensan. Sentándome con los Directores Generales del Fútbol Base (como ellos llaman a los formadores), pudieron darme ciertas armas y asi continuar capacitándome. Me considero un obsesivo de mi tarea, entonces las ganas de seguir aprendiendo lo hace todo posible, como el poder estar en este tipo de clubes europeos, me parecía muy lejano algunos años atrás. Me di cuenta que aparte de lo económico, era cuestión de decisión y conjuntamente los contactos para ingresar, porque no es sencillo. Lo volvería a hacer si surgiera la posibilidad porque me pareció una experiencia riquísima, muy productiva, donde le pude sacar jugo a cada minuto de esas charlas. En realidad ayuda a capacitarte, estar actualizado, y eso para una persona amante de lo que hace, requiere tiempo e inversión de recursos; soy un privilegiado de poder vivir de esto, y para continuar es indispensable actualizarse, no tener nunca el techo cerca”, expresa Leo cuando rememora esos viajes.

Desde esas líneas, entonces la charla gira hacia el detalle mencionado al inicio de la nota. Y luego de las repercusiones, la consulta sobre si le generó tristeza el rebote informativo de algo que debiera ser una constante cuando se habla de enseñar a chicos.

“No se si tristeza es la palabra porque eso es algo inherente en cada docente. Me salió eso como lo haría en el ámbito del club, simplemente allí filmaron el partido y por eso salió en algunos canales importantes. Pero hay muchos entrenadores con similares gestos y actitudes; lo tomé como algo normal porque era  injusto si nosotros manteníamos la posesión de la pelota y debíamos devolverla. Me ha tocado en el club a veces cobrar en contra un gol que realmente había sido y quizás algún papá se enojó. Pero bueno, no me gusta hacer trampa, no va en mi filosofía de vida, no solo en el deporte”, afirma.

Tras mencionar esto último, se le consulta sobre si desde su tarea es complicado terciar entre sus indicaciones a los pequeños jugadores y la insistencia de progenitores en la tribuna quienes quieren trasladar su rol a la cancha.

“Una vez que los chicos pasan el portón de la cancha, paso a ser el educador principal. Lógicamente no vulnero los límites permitidos, aunque cuando los padres vienen a ver los partidos, les pido que confíen en mi y en la gente trabajando conmigo, porque nunca haremos algo que afecte a sus hijos. Lógicamente hay veces donde tomás una decisión y sos justo con unos e injusto con otros; por eso, cuando ocurre esto último tratamos de fundamentarla. En cuanto a esto, es un poco lo que elija el padre: si opta por traerlo a esta institución sabe que soy cristalino y frontal, donde priorizo bajar valores innegociables como el educar. Cuando se mueve la pelota todos queremos ganar, pero es otra cuestión; van de la mano con el respeto, compromiso, responsabilidad, honestidad; quizás elegir el camino más largo pero a la larga el más sólido. Luego, es un trabajo mancomunado junto a los padres, y entre las partes enseñar al chico”, comenta y agrega al respecto:

“Cuando hablo de valores me refiero a las bases o columnas de un edificio sin techo; si lo hacés sólidamente, lo demás llega solo. Educar es fundamental y lo hago porque lo siento, sea en Boca o Porteño, como lo hice en Tigre, el Proyecto Barcelona o Jorge Newbery. Reitero, a veces tomando una decisión sos injusto pero siempre con la verdad porque significa otro de los valores que un entrenador debe enseñar a sus dirigidos”.

Menciona a Boca Juniors, un gigante a nivel mundial. Y se torna inevitable preguntarle sobre su tarea en medio muchas veces de representantes merodeando y observando a sus jugadores como potenciales mercancía en el multimillonario negocio del fútbol.

“Debo estar un poco al margen de la gente que ve a los chicos como un producto; por supuesto no estoy ni cerca de hallar un punto de acuerdo con ellos. Realmente no puedo involucrarme en esos aspectos porque primeramente no me interesan, y segundo, estoy abocado ciento por ciento a mi profesión de enseñar y formar no solo jugadores, sino personas. Darle y brindarle otros caminos para estar lo más al margen de esas personas mencionadas”, asegura.

Leopoldo Amaya, coordinador de nuestro fútbol infantil. La sociedad deportiva lo conoció hace unas semanas por un notable gesto inusual en un ambiente donde en muchos casos se prioriza lo contrario. La cámara lo filmó, pero como es una constante en su rol docente, seguramente pudo haberlo registrado en cualquier otro cotejo, porque es una constante en su modo de actuar. Y Estudiantil Porteño lo usufructúa para transmitirle los mejores valores de vida a sus pequeños jugadores de fútbol.